La temporada de gripe ha llegado antes de lo habitual. Así lo confirma el último informe del Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC), que señala que la circulación de virus respiratorios en la UE comenzó a aumentar tres o cuatro semanas antes que, en temporadas previas, con claro predominio del virus gripal A, especialmente del subtipo H3N2
Esta misma tendencia se observa en la Comunidad de Madrid: la incidencia acumulada a la semana 47 se sitúa en 42,42 casos por 100.000 habitantes, por encima del umbral epidémico fijado en 22,38, lo que confirma el inicio oficial de la epidemia estacional en la región
No es solo un aumento puntual. El sistema de vigilancia centinela madrileño muestra una subida semanal del 75 % en la incidencia de gripe en atención primaria, con incrementos muy intensos en los niños, protagonistas clásicos de la transmisión anual del virus. Los hospitales también reportan un ascenso progresivo, especialmente entre mayores de 80 años, el colectivo con mayor riesgo de complicaciones. Se trata, en conjunto, de un comportamiento propio de una onda gripal temprana, aunque dentro de la variabilidad que estas epidemias han mostrado históricamente.
Una vacuna que nunca es perfecta
La pregunta recurrente es inevitable: ¿funciona realmente la vacuna de este año?
La composición vacunal se decide meses antes, basándose en la vigilancia internacional y en la evolución de las cepas en el hemisferio sur. Ese desfase temporal hace que la vacuna de la gripe sea, por definición, un ejercicio de anticipación, sujeto a márgenes de error. Y en esta ocasión, aunque la vacuna incluye un subtipo H3N2, los informes del ECDC muestran que los virus circulantes pertenecen mayoritariamente a un subclado -subclase- que presenta ciertas diferencias genéticas respecto al componente vacunal, lo que reduce parcialmente la eficacia esperada
Pero conviene ser claros: esto no significa que la vacuna “no sirva”. La historia de la vacunación antigripal demuestra, año tras año, que incluso en temporadas de ajuste imperfecto la inmunización reduce hospitalizaciones, complicaciones y fallecimientos, especialmente entre mayores, embarazadas y pacientes con enfermedades crónicas. La Comunidad de Madrid confirma que los ingresos por gripe son aún bajos, pero con tendencia ascendente, lo que convierte la vacunación en un recurso protector de primer orden cuando la onda epidémica está arrancando
Por qué algunos expertos la discuten
La vacuna de la gripe siempre ha contado con voces críticas. Entre ellas, la del médico y salubrista Juan Gérvas, que ha cuestionado la utilidad de la vacunación masiva y ha recordado que los ensayos clínicos muestran eficacias modestas, muy inferiores a las de otras vacunas del calendario infantil. Gérvas ha señalado con frecuencia que la gripe es, en la mayoría de casos, una enfermedad autolimitada, y que la evidencia sobre la reducción de mortalidad es menos contundente de lo que a veces se transmite al público.
Estas observaciones, basadas en una lectura estricta de los datos, tienen su peso. Sin embargo, es igualmente cierto que, cuando se analiza la información de forma poblacional y no individual, el impacto de la vacunación en términos de reducción de carga asistencial y protección de grupos vulnerables sigue siendo significativo. En otras palabras: aunque la vacuna no evita todos los casos ni todos los contagios, sí reduce la probabilidad de complicación grave en quienes más lo necesitan.
Una observación necesaria: el riesgo real para los no vacunados
Como contrapunto, conviene recordar que la gripe es un virus extraordinariamente contagioso. En una temporada temprana como la actual, con transmisibilidad claramente en ascenso y tasas especialmente altas en población infantil y mayores, la probabilidad de contraer la infección sin estar vacunado es elevada. Los informes epidemiológicos muestran que, cuando la tasa poblacional supera el umbral epidémico —como ya ocurre en Madrid—, la exposición comunitaria es generalizada, y no vacunarse implica afrontar la circulación del virus sin ningún tipo de defensa previa. La vacuna no garantiza evitar la infección, - su tasa de eficacia no llega al 20-40% en adultos - pero quien no recibe ninguna dosis asume prácticamente el riesgo completo de la temporada, que en años de intenso predominio de H3N2 tiende a ser mayor.