Dies irae

¡Que vuelva ya!

Por una vez, Alberto Núñez Feijóo, líder del PP, se erige en portavoz de la totalidad de su electorado y de parte significativa de otros muchos, para pedir el regreso de Juan Carlos I a España, donde debe esperarle una vejez tranquila y una muerte sentida.

Es llamativo el clamor que en su contra se ha elevado por parte de muchos agentes sociales. Que si no es cosa suya, que si ya desbarra, que si eso sólo compete al emérito y como mucho a su familia… Por parte del gobierno, la postura es de perfil, con él no va nada, que se aclaren el hijo con su padre.

Pero no es así. Feijóo ha dado en el clavo, en un clavo que atraviesa al gobierno, a la familia real, al posible alojamiento, a la agencia tributaria… y se va a clavar en el corazón de millones de españoles. De aquellos que, criados y educados en la etapa de Franco, nunca fuimos monárquicos hasta que vimos en Juan Carlos I el símbolo y la defensa de nuestras libertades.

Aprendimos sobre la marcha y a golpe de tejerazo que una monarquía constitucional es un régimen político casi perfecto porque no interfiere en la política que desean los ciudadanos en cada momento pero preserva, como ningún otro, la simbología y la continuidad de los valores que todo país necesita.

Cada insulto al emérito, cada invectiva lanzada contra él desde ámbitos rufianescos, no es un desplante al gobierno ni una indirecta a la casa real: es una afrenta a cuantos nos vimos representados por él, antes de que abdicara, antes de que su hijo heredase la corona, antes de todo.

Los papeles del 23F, alumbrados estos días por Pedro Sánchez , acreditan varias cosas. La primera, que nuestro presidente pierde facultades por momentos. Nada ha hecho en su vida que no haya sido en su exclusivo beneficio. Y algo debió ver en esos papeles que le beneficiara…pero no había tal. La segunda, que Juan Carlos I detuvo el golpe. Eso ya se sabía pero gota a gota, insidia a insidia, su papel se iba desdibujando, hasta caer en la duda, por algunos, de si fue sí o fue no, de cómo, de si aquella manera … Y la tercera, que los comunistas de 1981 estaban mucho más comprometidos con la democracia y la estabilidad del país que los de ahora, meros títeres del revanchismo sectario e intervencionista que siempre alumbró a tan distinguida secta.

Así que la ausencia del rey que trajo la democracia no es sólo una anomalía histórica sino una herida en el corazón de muchos que vivimos bajo su reinado. Una herida que supura y que se tornará en sucia cicatriz si muere en el exilio, por más que la cretina Ester Palomera diga en la cadena pública que ya hay todo un protocolo para ese momento. Y una mierda nos importa ese protocolo.

Si el problema es dónde vivirá, el tema es de sainete. Desde el palacio de El Pardo (que no le será ajeno) a cualquier lugar de Patrimonio, que los hay a patadas. Ese evidenciar constantemente que el hijo y la nuera no le quieren en Zarzuela es dar munición a los enemigos de la monarquía, porque entre reyes se han llevado a matar (y se han matado) en multitud de ocasiones. Pero España es un país que respeta la ancianidad, que cuida de sus mayores y que no consiente de ninguna manera los desplantes a quienes ya no pueden valerse.

Si se ha amnistiado a los golpistas que quieren descuartizar España; si se ha indultado a quienes han robado a manos llenas del erario de los parados; si se saca a la calle a asesinos de miles de inocentes…¿Puede este gobierno amargar la ancianidad de Juan Carlos I recordándole a la Agencia Tributaria? “Si vienes, te echo a los perros” ¡Qué no daría yo para que un jeque amigo me regalase 70 millones de euros! Eso no pasa ni en “Las mil y una noches” y le fue a pasar a nuestro Rey.

Pendón, adúltero, receptor de dádivas sin cuento, hombre querido y admirado por medio mundo, precursor de Trump cuando aquel “¡Por qué no te callas! a Chaves (que Trump vino a modificar con un “Porque no te callas te vienes a la trena”, a su sucesor) cada día que pasa Juan Carlos I fuera de España es un baldón para todos, una herida que no cura y una vergüenza nacional.

¡Duro con ellos Feijóo, que no te distraigan los siete mil asesores! Has tocado nervio.