La mirada de Ulisas

Duele lo que el narcotráfico hace

LA MIRADA DE ULISAS a la que le duele y le cuesta expresar lo sentido frente a los efectos nocivos del narcotráfico creciente, que no perdona vidas, hoy anhela escribir sobre el tema.

La mirada de Uilsas sabe cuántas personas se dañan o se perjudican por el consumo en aumento de las drogas suministradas al mundo y a las colectividades. Fenómeno sin fronteras, que corresponde a la industria del narcotráfico, dueña de multimillonarias ganancias. Sin la menor conciencia del mal que emprenden, destruyen. Sólo el dinero es dios. Un mercado a nivel planetario que no deja de crecer y de cobrar víctimas. Inclusive matanzas entre bandas que se oponen entre sí al querer dominar el mercado, además, de contar con cuantiosas víctimas debido a su consumo. Una “profesión”, si le puede llamar así, que arroja dividendos de altísimo vuelo causando todo tipo de desastres y dolores como: en las familias que lloran a sus muertos o a los adictos, que representan un infierno para el núcleo familiar con los comportamientos indebidos, que se le conocen al consumidor de sustancias prohibidas. El deterioro del drogadicto o el toxicómano llega a su cuerpo y mente. En algún momento de exageración en el consumo ya no pueden con su vida. Los traficantes de drogas no se conmueven con el sufrimiento ajeno, al contrario fomentan la utilización del producto para hacerse a inmensos beneficios, donde se ven involucrados ciertos políticos despojados de humanidad.

Pero esta vez, la mirada de Ulisas anhela detenerse en la suerte de los “mulas” y de los adolescentes incorporados para servir al tráfico de estupefacientes. Una organización mundial del narcotráfico, que no perdona su presencia en numerosos países, se ampara y se protege bajo las leyes sobre el menor, a quien no se le puede castigar de la misma manera que a un adulto aún por la misma falta. Conocedores de esta trampa y por la avidez por el dinero rápido, a los muchachos se les recluta e incentiva con una buena suma y ciertamente con engaños. O quizá han visto al amigo lograr una situación soñada por un joven ambicioso. A esos ingenuos adolescentes, atrapados en la red, el pago les permite ir a comprar ropa de moda y sentirse bien con lo que nunca tuvieron a su alcance, sin calcular las nefastas consecuencias que se dan a la vuelta del tiempo. Casi siempre, esos jóvenes ilusos por adquirir el dinero, llamado fácil, condición que no puede ser tan fácil al estar arriesgándose en permanencia, pero se dejan tentar por la oferta que les ofrece mejor vida. Lo que no calculan o anticipan es que se vuelven fichas útiles que, tarde que temprano, caen en el vicio o que la policía echa manos de ellos. Luego de purgar relativas penas no es seguro que los vuelvan a contratar ya que quedan fichados y las organizaciones impiden que las pistas las destronen. Son niños y adolescentes que caen en la pobreza absoluta y el azoramiento. Lamentable situación que se está viendo con exageración por doquier para perjuicio del consumidor y del muchacho que sucumbe al brillo de la plata. Un espejismo que cobra su víctima al menor descuido y daña a una sociedad que castiga a los narcotraficantes. Se ingenian la manera de burlar la autoridad. Ambiciosos y sin moral demasiadas veces contratan a esos jóvenes encandilados por el dinero inmediato que reciben y las sumas que contempla el oficio de mula o de pequeño traficante de drogas bien sea con la función de soplón, quien alerta sobre la presencia de agentes de la policía que rondan los predios de venta. El fenómeno crece de tal forma que una alerta se hace indispensable porque duele y consterna lo que hace el narcotráfico. Expone vidas para lograr sus propios beneficios sin consideraciones de otro tipo. Somete a la juventud al deterioro.