El más severo crítico de los actos duerme en el propio ser, por eso es importante repasar el camino, ojalá con huellas de coherencia, ejemplo y valores en las distintas manifestaciones de la existencia.
Es cierto que el transcurrir del tiempo forma grietas en el rostro que se empiezan a mostrar al atravesar la adultez, esa etapa sinigual y maravillosa del recorrido, donde se analiza porqué ya no se piensa en los años que se tienen sino en los que restan por vivir.
Por esa ruta se avanza y resulta fundamental el respeto ante el criterio diferente, sin ser ajenos a esas posturas propias de la mentira con asomos de verdad, que justamente propician el sabor amargo de la desesperanza. De ahí, la importancia que prospere la confianza ciudadana, en esa búsqueda infatigable de condiciones de distinto orden, para que en reto social se logre demostrar que somos realmente el mamífero más respetable.
El transcurrir ineludible de los días presenta logros y conquistas con momentos de satisfacción y alegría que alimenta a las almas viajeras, pero también en la vejez se repasa el camino por bosques con árboles desnudos entre hojarasca ocre, suelos húmedos y aire frío. Campiñas con el cielo gris por la melancolía del sol, praderas con árboles despojados de su pijama verde que dejaron la esencia de los días de brisa y anhelada sombra.
Como tanto el hambre como la ignorancia tienen la misma palidez, busca la dirección del viento para labrar futuro, dentro de los interrogantes sobre su destino y el prolijo inventario de la imperfección humana, el hombre reacciona para dar a luz la introspección del espíritu hasta encontrar que debe dejar la ambición exclusiva de la riqueza para que no sea un engendro de locura ni ponzoña de su alma.
El futuro se construye y es potencialmente modificable mientras que al pasado se accede a través de la memoria, pero en ese ciclo de la existencia se valora especialmente la amistad, dicen las cosas por su nombre y sin ambigüedades, repasa las fechas donde quedó lo mejor de lo vivido, se escucha mejor en razón de la experiencia, y se responde con firmeza lejos de cualquier apasionamiento desmedido.
El paso por el tiempo le sirve para entender mejor y hasta justificar las razones de su mundo, las divagaciones de ser y tener, muestra la fuente inagotable de luz o el faro opaco de referencias en que convirtió la vida, encuentra la diferencia del jefe que brilla simplemente frente al líder que ilumina realmente. En la época de la vejez surgen elementos naturales que se mantienen y subsisten, como el vuelo de los pájaros, que desde El Corán reflejan que su lenguaje es símbolo de la relación entre el cielo y la tierra, que significa amistad entre dioses y hombres, porque el ave es considerada un sinónimo de destino y como tal una alegoría de vida, fuerza y fecundidad.
Que vivan los párvulos de la vejez…