Cada 7 de abril es celebrado el Día Mundial de la Salud, en conmemoración a la constitución de la Organización Mundial de la Salud, en esa misma fecha de 1948.
Este día es importante para tomar conciencia sobre los principales desafíos sanitarios globales, y para recordar que el acceso a servicios de salud de calidad debe ser un derecho garantizado para todas las personas, especialmente para las comunidades más vulnerables.
La Salud es una y se encuentra determinada por factores sociales, económicos, ambientales y biológicos. Es por ello por lo que no depende únicamente de hospitales, médicos o tratamientos.
Los llamados determinantes sociales de la salud, que son las condiciones en las que nacemos, crecemos, trabajamos, vivimos y envejecemos. Incluyen desde el acceso a la educación, la vivienda, el empleo y un entorno seguro, hasta las políticas públicas, la economía y las normas socioculturales.
Por eso, hablar de salud implica hablar de justicia social.
De hecho, la salud sigue un gradiente social muy claro: cuanto más desfavorecido es el lugar donde vive una persona y menores son sus ingresos y su nivel educativo, peor es su estado de salud y menor es su esperanza de vida. Esto es consecuencia directa de las desigualdades.
A continuación, se indican algunos datos que aporta la Organización Mundial de la Salud:
- Los niños nacidos en países de ingresos bajos tienen 13 veces más probabilidades de morir antes de los 5 años que aquellos que nacen en países de ingresos altos.
- La diferencia de esperanza de vida entre países con diferente nivel de ingresos puede alcanzar hasta 33 años.
- Las personas con mayor nivel educativo gozan de mejor salud y viven más que quienes tienen menos años de estudio.
- En los países de ingresos bajos y medianos, eliminar las desigualdades relacionadas con la riqueza podría salvar 1,8 millones de vidas infantiles cada año.
Cuando miramos el mapa mundial, podemos tener países o regiones con indicadores sanitarios que los posicionan como países donde sus ciudadanos tienen una mejor calidad de vida. Y en ello que influye enormemente el sistema de salud. Un sistema sanitario debe ser equitativo y solidario.
Y un país solo puede decir que cuida verdaderamente a su gente cuando garantiza el acceso a la salud, que nadie quede atrás, que todos reciban la atención que necesitan en el momento oportuno, sin importar su origen, su condición social o sus circunstancias.
El derecho a la salud es el derecho a la vida misma.
Cuidarlo, defenderlo y protegerlo es responsabilidad de todos: gobiernos, instituciones y ciudadanía.