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  <title><![CDATA[El Diario de Madrid :: RSS de «Macario Valpuesta Bermúdez»]]></title>

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    <description><![CDATA[Noticias de Madrid y la Comunidad de Madrid. Actualidad, economía, política, cultura, sociedad, empresas, tecnología, entrevistas y análisis en el periódico digital de los madrileños.]]></description>
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  <title><![CDATA[Mucho ojo con los vecinos del sur]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Mon, 13 Jul 2026 09:37:21 +0200</pubDate>
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        <description><![CDATA[ La evolución de la relación de España con Marruecos ha sido bastante curiosa en el último siglo y pico. A principios del siglo XX, la distancia entre ambas naciones era infinita, a pesar de que nuestra nación atravesaba uno de los momentos más...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>La evolución de la relación de España con Marruecos ha sido bastante curiosa en el último siglo y pico. A principios del siglo XX, la distancia entre ambas naciones era infinita, a pesar de que nuestra nación atravesaba uno de los momentos más deprimentes de su historia, con la famosa crisis del 98. Para compensar un poco aquel pesimismo generalizado, España recibió el encargo de ejercer el protectorado sobre una pequeña y pobre parte del país, el Rif, mientras que Francia recibía idéntico encargo sobre la parte menos subdesarrollada del territorio. Bien es verdad que, en el Rif, España ya ejercía influencia desde el siglo anterior debido a la cercanía de las plazas de soberanía, que desde época casi inmemorial pertenecieron a la monarquía hispánica.</p>

<p>El protectorado que España ejerció sobre Marruecos supuso un verdadero calvario para nuestra nación, una sangría de vidas y recursos que volvió a traumatizar el ya maltrecho orgullo patrio. Sin embargo, basta recordar los nombres de Miguel Primo de Rivera y de Francisco Franco (sin perdón) para rememorar a su vez cómo esa triste historia tuvo un final feliz, con una espléndida victoria militar que trajo una paz verdadera a aquella región. La victoria de nuestras armas fue tan incontestable que a partir de entonces muchos jóvenes marroquíes se enrolaban en nuestro Ejército, y no hace falta especificar cuál era la procedencia de la guardia pretoriana que tenía el anterior jefe del Estado.</p>

<p>Cuando Marruecos accedió a su plena independencia, en 1956, resulta que España fue mucho más colaboradora con la nueva administración independiente que la democrática Francia, la cual tenía muchas más querencias colonialistas. A partir de aquí, sin embargo, empezó la presión de nuestros vecinos del sur de una manera bastante ingrata: primero fue Ifni, después la Marcha Verde sobre el Sáhara, cuando Franco estaba ya en su lecho de muerte. En la mentalidad de la postguerra, uno puede entender este afán “reintegrador” de lo que ellos consideraban su territorio, pero resultan del todo injustificables sus pretensiones sobre tierras que eran jurídicamente españolas desde tiempo inmemorial: Ceuta, Melilla, Canarias y tal vez algo más.</p>

<p>Por supuesto, esa política tan agresiva en lo territorial iba acompañada con otras medidas muy perjudiciales para nuestros intereses mineros, pesqueros y por supuesto migratorios. El órdago que supuso la ocupación del islote del Perejil en 2002 fue contestado de forma enérgica por el gobierno de Aznar. Pero esa energía le costó el atentado del 11M, según han insinuado varios personajes de peso entre los que podemos citar a Federico Trillo y Jaime Mayor Oreja. Parece que hay que andarse con cuidado con los de allende el Estrecho. Rajoy tomó nota y, como siempre, pasó página.</p>

<p>Los socialistas, en cambio, han tenido una extraordinaria relación con las autoridades marroquíes ya desde la época de Felipe González. Pero la “amistad” ha llegado a su extremo con Pedro Sánchez, quien no sabemos si de forma espontánea o por arte de Pegasus está dispuesto a conceder al Sultán de ese país lo que le pida: desde un Mundial a todo tipo de infraestructuras, las mismas que después niega a los españoles.&nbsp;</p>

<p>En 2026, Marruecos ya no es ese país pobre y atrasado al que teníamos que “proteger”, sino un rival económico en agricultura, en turismo, en industria, que cuenta con la amistad firme de países como Estados Unidos e Israel, a quienes nosotros no dejamos de tocarles las narices. De seguir así las cosas, ¿se repetirá la jugada del Conde Don Julián?&nbsp;</p>

<p>&nbsp;</p>
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  <title><![CDATA[Es la demografía, estúpido]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Fri, 26 Jun 2026 09:00:58 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Macario Valpuesta Bermúdez]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Contra lo que puede parecer, el mayor problema que tienen las sociedades occidentales no es el paro, ni la creciente inseguridad ciudadana, ni el problema de la vivienda, ni siquiera Pedro Sánchez…, sino el envejecimiento de la población y la...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Contra lo que puede parecer, el mayor problema que tienen las sociedades occidentales no es el paro, ni la creciente inseguridad ciudadana, ni el problema de la vivienda, ni siquiera Pedro Sánchez…, sino el envejecimiento de la población y la inversión de la pirámide demográfica. De no producirse un cambio drástico en las costumbres de los europeos, parece que caminamos lenta pero inexorablemente hacia la extinción. Vivimos en una sociedad en la que la esperanza de vida no cesa de aumentar -lo cual es muy bueno-, pero en la que la gente ha perdido la sana costumbre de reproducirse, -lo cual es pésimo-. El crecimiento vegetativo español es ya negativo, y es ingenuo pensar que la invasión migratoria de personas procedentes de otras culturas va a servir para preservar la España que hemos conocido todos. Si importas África, nuestra sociedad se va a parecer cada vez más a África. Y todos sabemos que no estamos hablando de razas.</p>

<p>La crisis de la familia parece estar en la base de todo este extraño fenómeno: cada vez la gente se casa menos; cuando se casa permanece en el matrimonio menos tiempo y los que perduran tienen menos hijos. Estamos viendo cómo las mascotas van sustituyendo a los niños en parques y jardines. El individualismo y el hedonismo nos impide formar vínculos sólidos entre hombres y mujeres, enemistados artificiosamente por ideologías perversas. Sin esos vínculos, la crianza de un niño se convierte en una carga insoportable. Para colmo, los ecologistas nos dijeron que tener hijos era una agresión al planeta.</p>

<p>Desde una perspectiva estrictamente liberal, es justo que cada cual pague las consecuencias de sus actos, en este caso de sus omisiones. Y ¿cuál es la consecuencia de ese desapego familiar? Pues, evidentemente, una larga ancianidad en la más estricta soledad o una eutanasia a tiempo. Sin embargo, en un Estado del bienestar, como es en el que vivimos, la creciente carencia de jóvenes parece que nos encamina hacia una dolorosa decadencia, que se manifestará en forma de una progresiva bajada del nivel de vida de todos los habitantes y una huida de los pocos jóvenes que vayan quedando ante la inevitable disminución de los servicios básicos.&nbsp;</p>

<p>Estamos viendo ya cómo la industria y la agricultura -las actividades que producen riqueza tangible- ocupan cada vez a menos gente y de mayor edad en nuestro país. De seguir así las cosas, los “servicios” que prestan nuestras empresas perderán también valor y hasta la seguridad ciudadana habrá que encomendársela a una juventud exótica y potente, como hicieron los romanos con los bárbaros. Excuso decir cuáles fueron los resultados.&nbsp;</p>

<p>Acaso el deterioro de las infraestructuras que vemos en nuestro país es la avanzadilla de la perspectiva que nos espera, cuando los impuestos, por más abusivos que sean, no alcancen para sostener a ese creciente número de personas improductivas.</p>

<p>Pero hay un rayo de esperanza en este panorama sombrío. Un sector significativo de la juventud parece haber retomado con firmeza los valores religiosos y patrióticos en los que se cimenta la familia natural, ese ecosistema que no solo hace posible la continuidad de las sociedades, sino que hace más felices a las personas individuales. O, dicho de otra manera: los que se extinguirán antes serán los progres, entregados a una sexualidad estéril. No me alegro de ello, pero al menos permite albergar la esperanza de que tal vez, tras una nueva Edad Media, volverá un Renacimiento. Ojalá.</p>

<p>&nbsp;</p>
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  <title><![CDATA[Españoles, Franco ha vuelto… a la Selectividad]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Fri, 5 Jun 2026 08:04:56 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Macario Valpuesta Bermúdez]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ La prueba de acceso a la universidad de este año 2026, que han puesto en la comunidad autónoma de Andalucía para la asignatura de Historia, ha incluido, una vez más, la figura de Franco. Lo sorprendente es que su aparición no haya sido en forma...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>La prueba de acceso a la universidad de este año 2026, que han puesto en la comunidad autónoma de Andalucía para la asignatura de Historia, ha incluido, una vez más, la figura de Franco. Lo sorprendente es que su aparición no haya sido en forma caricaturesca o demonizada, sino con una intervención llena de matices. El General se dirige a las Cortes en un discurso pronunciado en 1966 y comienza diciendo una frase sorprendente:&nbsp;</p>

<p>“La democracia, que bien entendida es el más preciado legado civilizador de la cultura occidental, aparece en cada época ligada a las circunstancias concretas que se resuelven en fórmulas políticas y varias a lo largo de la historia”.</p>

<p>Teniendo en cuenta la trayectoria previa de los profesores que suelen preparar este tipo de pruebas -progres entre los progres-, podemos sospechar que el objetivo de presentar semejante discurso es invitar a los alumnos a que despotriquen contra el dictador a cuenta del famoso concepto de “democracia orgánica” en que se basaba el régimen anterior y que hoy suele ser despachado con el denigrante término de “fascismo”. Según la mentalidad impuesta oficialmente a través del BOE con las leyes “de memoria”, Franco odiaba la libertad y por eso despreciaba a los partidos políticos, únicos cauces legítimos de participación política, si es que hay verdadera libertad.</p>

<p>Sin embargo, el matizado discurso de Franco en contra de los partidos políticos ha de ser interpretado en el contexto histórico de mediados del siglo XX, en el que la tirria contra estas organizaciones no era una extravagancia exclusiva de la derecha autoritaria sino una corriente de pensamiento transversal a toda la sociedad española. En la izquierda más radical de entonces encontrábamos enormes masas anarcosindicalistas, ferozmente contrarias al sistema de partidos. No digamos nada de los comunistas, partidarios de cerrar las Cortes burguesas y de llegar a una democracia asamblearia, “soviética”, pues eso es lo que significa el término, sin más partidos que el comunista (y alguna comparsa, en determinados casos). También eran contrarios a los partidos políticos Joaquín Costa y sus regeneracionistas, que ligaban la lucha electoral a los cambalaches del caciquismo y la corrupción sistematizada. El mismo Blas Infante, a pesar de que se presentó a las elecciones, nunca quiso fundar un partido andalucista, porque consideraba a que esas entidades eran “organizaciones electoreras”. Sabemos, incluso, que el mismo concepto de “democracia orgánica” interesó al liberal Madariaga y al socialista Julián Besteiro, por mencionar nombres nada sospechosos.</p>

<p>Claro que, en 1966, esas ideas ya se habían quedado un poco viejas, a la vista de lo que entonces estaba pasando en Europa. Pero muchos politólogos de entonces y de ahora siguen poniendo de relieve los peligros de una excesiva “partitocracia”, en la que no hay listas abiertas, en la que la financiación de los partidos no es transparente, en la que no hay separación de poderes y un solo partido es capaz de manejar todos los mecanismos de control de una sociedad libre: periodistas, tribunales, bancos, empresas…, como ocurre hoy en la España de Sánchez. Aquel discurso, escrito en 1966 desde los parámetros mentales de 1936, cobra una sorprendente actualidad en 2026.</p>

<p>En definitiva: vemos cómo, cuanto más se esfuerzan por denigrar a Franco, más actual aparece su figura.</p>

<p>&nbsp;</p>
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  <title><![CDATA[Elogio de la polarización]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Fri, 22 May 2026 14:49:54 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Macario Valpuesta Bermúdez]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ La RAE no define el sentido sociológico que tiene el término “polarizar” en nuestro idioma. Pero entendemos que el uso más frecuente de esta palabra es aquel que designa el fenómeno que se produce en algunas sociedades, cuando se dividen -se...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>La RAE no define el sentido sociológico que tiene el término “polarizar” en nuestro idioma. Pero entendemos que el uso más frecuente de esta palabra es aquel que designa el fenómeno que se produce en algunas sociedades, cuando se dividen -se “fracturan”- en dos “polos” antagónicos y enfrentados, a menudo por razones ideológicas. La polarización tiene mala prensa porque parece que anticipa el conflicto, la discordia civil e incluso la guerra, como pasó en la España de los años 30. Mucha gente piensa que lo que sucedió en aquellos tiempos fue consecuencia de la inexistencia de un centro moderado que hubiera neutralizado la oposición frontal que se producía entonces entre unas derechas fascistoides y unas izquierdas revolucionarias. Craso error, porque sí lo había, y al final incluso este “centro” se vio obligado a tomar partido.</p>

<p>Por eso, muchas instancias periodísticas y eclesiásticas están todo el día advirtiendo de la polarización, casi como si esta fuera el mal supremo. Tal postura se basa en la filosofía de cierto refrán castellano que asegura que “dos no pelean si uno no quiere”. Cuando se ve a dos personas “enfrentándose” de cualquier forma, muchos equidistantes tienden a pensar que los dos tienen parte de culpa en el conflicto, que todo se habría solucionado a base de diálogo o de transacción. Y es verdad que en las estrategias que rigen nuestra vida cotidiana muchas veces hacemos uso de esta actitud contentadiza y reacia al conflicto: en determinadas discusiones sin trascendencia, en pequeños incidentes que podemos tener con el prójimo, en comentarios banales que a menudo oímos, solemos callarnos por prudencia o por buena educación, para no “polarizar” innecesariamente.</p>

<p>Pero los que se dedican a la negociación económica o política tienen claro que, desde el punto de vista estratégico, es un error pretender evitar siempre toda forma de discrepancia. Un <em>best seller</em> muy famoso de hace unos años, escrito por Jim Camp y publicado en España en 2004, llevaba el muy curioso título que decía: <em>De entrada, diga no</em>, valorando la estrategia de hacerse fuerte frente al competidor elevando las pretensiones de salida. Donald Trump parece que es un firme convencido de la conveniencia de esa forma de proceder.</p>

<p>En cambio, el primer ministro del Reino Unido, Neville Chamberlain, también en los años 30, era partidario de evitar la polarización a toda costa. Por ello, cedió a las pretensiones expansionistas de Hitler en su afán por evitar la guerra. Como después le afeó con gran contundencia Winston Churchill en 1938: “Entre la guerra y el deshonor, habéis elegido el deshonor. Ahora tendréis el deshonor y la guerra”&nbsp;</p>

<p>En ningún sitio está escrito que tenemos que callarnos o conformarnos con lo que diga el rival político para evitar la polarización. A la corrupción rampante, a la cultura de la muerte, a la invasión migratoria, a la Agenda 2030, a las leyes sectarias e ideológicas, nuestra respuesta tiene que ser NO, un NO militante y activo, un NO que no se va a arrugar por más que nos amenacen y nos llamen ultras. Porque gran parte de los problemas que nos aquejan derivan de no haber sabido decir NO en su momento.</p>
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  <title><![CDATA[Donosa majadería]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Tue, 5 May 2026 11:38:17 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Macario Valpuesta Bermúdez]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ En la tradición de la Iglesia siempre se ha tenido muy claro que la política cristiana no puede consistir en invocar directamente los versículos evangélicos, como quien aplica el Código Civil. Tenemos numerosos ejemplos de frases de Jesús que hay...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>En la tradición de la Iglesia siempre se ha tenido muy claro que la política cristiana no puede consistir en invocar directamente los versículos evangélicos, como quien aplica el Código Civil. Tenemos numerosos ejemplos de frases de Jesús que hay que “interpretarlas” -¡ay, la exégesis!- para que tengan sentido. Como aquella que nos dice que, si nuestro ojo nos escandaliza, debemos arrancárnoslo, porque más nos vale entrar ciegos en el Reino de los Cielos, que ser arrojados con vista en la Gehenna (Mateo 5, 29). Los ejemplos se pueden multiplicar.</p>

<p>Los hombres del Siglo de Oro tenían tan interiorizada esta forma de ver la vida que cuando Don Quijote se encontró con una ristra de delincuentes condenados que iban a cumplir su castigo en galeras y pretendió ponerlos en libertad, la ocurrencia les pareció una “donosa majadería”. Recordemos las “razones” que daba Don Quijote para pretender soltar a aquellos reos convictos y confesos:</p>

<p>“Me parece duro caso hacer esclavos a quien Dios y naturaleza hizo libres, cuanto más, señores guardas, añadió Don Quijote, que estos pobres no han cometido nada contra vosotros, allá se haya cada uno con su pecado. Dios hay en el cielo que no se descuida de castigar al malo, ni premiar al bueno”.</p>

<p>&nbsp;No me negarán que, para un oído piadoso, el argumento sonaba estupendamente. Pero la pretensión quijotesca era, en verdad, una “donosa majadería”, como lo sería igualmente pretender abolir los tribunales por aquello del “no juzguéis” y suprimir los castigos aferrándonos al mandato “perdona nuestras ofensas”. ¿Quiere esto decir que Jesús hablaba siempre con metáforas y que su mensaje es inaplicable? Evidentemente no, pero nos faltaría espacio si quisiéramos desarrollar todo este complejísimo asunto.</p>

<p>Ya en el siglo XVIII, nuestros impíos ilustrados comenzaban a culpar a los frailes de la miseria existente en muchos pueblos de España. Ellos aducían que la generosidad de los conventos, en los que se servía la “sopa boba”, fomentaba la ociosidad y la picaresca. En consecuencia, las autoridades sacaron ordenanzas que pretendían prohibir la mendicidad y recluir a los pedigüeños en asilos y hospitales. Lo curioso es cómo un clérigo de la época sabía reconciliar estos dos puntos de vista aparentemente antagónicos -los de la Iglesia y los del Estado- pero que en el fondo se complementaban:</p>

<p>“Es de la incumbencia del magistrado desembarazar las calles de pordioseros; mi deber es dar limosna a quien la pide”.</p>

<p>Los señores obispos de 2026 deberían saber que la caridad con el prójimo no exige acoger en nuestra casa a toda África y a media América, sin perjuicio de que nuestro deber como cristianos sea atender a los que están a nuestro lado. Dios y el César tienen ámbitos separados que no tienen que ser plenamente coincidentes.&nbsp;</p>

<p>Más aún, lo que debería preocupar a los prelados es por qué últimamente coinciden más con aquellos que quieren borrar de nuestra sociedad toda huella cristiana que con sus propios fieles. ¿No se estará intentando contentar a aquel de quien depende el sustento o, dicho de otro modo, la asignación tributaria? En tal caso -Dios no lo quiera-, aquí habría algo más que una simple “majadería”.</p>

<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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  <title><![CDATA[Vulnerables somos todos]]></title>
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  <pubDate>Sun, 26 Apr 2026 08:40:14 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Macario Valpuesta Bermúdez]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Existe un curioso concepto, que manejan mucho nuestros políticos, como es el de la “vulnerabilidad”. La igualdad de los ciudadanos ante la ley se ve corregida continuamente con la idea, aparentemente bienintencionada, de que hay personas...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Existe un curioso concepto, que manejan mucho nuestros políticos, como es el de la “vulnerabilidad”. La igualdad de los ciudadanos ante la ley se ve corregida continuamente con la idea, aparentemente bienintencionada, de que hay personas “vulnerables”, que están en riesgo de exclusión social. El concepto a todos nos suena bien, debido a nuestra tradición cristiana, que nos ha inculcado siempre esos sentimientos de compasión activa por los débiles, por los que sufren y no se pueden valer por sí mismos.</p>

<p>Como en tantos otros aspectos, una sociedad secularizada conserva tales sentimientos, inequívocamente cristianos, pero la falta de una base de verdadera piedad convierte tales principios en ideas más bien dañinas. Nos acordamos tanto de Chesterton y su fulgurante descripción de este mundo apóstata, lleno de ideas cristianas enloquecidas. Porque esa obsesión por la vulnerabilidad no se basa en el deseo de ayudar eficazmente al prójimo, sino en el afán de crear bolsas de subsidiados que manifiesten su agradecimiento eterno al Partido con la fidelidad a la hora de votar. Así, los vulnerables se convierten en clientes de determinados políticos, a los que les conviene que sean cada vez más numerosos, pues eso les garantiza el éxito electoral.</p>

<p>El machaque que nos dan con la “vulnerabilidad” parece descansar en la idea errónea de que hay individuos “invulnerables”, como Aquiles, cuyo prototipo suele ser el de varón blanco heterosexual con medios profesionales para ganarse la vida. Si encima es español y se ducha todos los días, ese individuo sospechoso se convierte en una especie de supermán al que se le puede brear a impuestos, considerar presunto culpable si se pelea con la mujer y tratarlo de xenófobo si se queja de la inseguridad de su barrio.</p>

<p>Pero resulta que el humanismo nos enseña que la naturaleza humana siempre es vulnerable y por eso necesitamos del auxilio sobrenatural. Hasta los griegos sabían que Aquiles tenía un talón por el que se le podía ir la vida. En consecuencia, un sistema basado en establecer categorías crecientes de “vulnerables”, vulnera el bien común y a la larga no solo resulta insostenible desde el punto de vista económico, sino que es injusto por sí mismo.</p>

<p>En la maraña creciente de discriminaciones positivas, los políticos progresistas -es decir, todos los que mandan- han incluido a cada vez más gente. Entre ellos están los inmigrantes, a los que les podíamos dar un trato de favor cuando eran una minoría insignificante, ayer mismo. Pero hemos llegado a un punto en que los inmigrantes ilegales son una legión creciente, mientras que los recursos siguen siendo los mismos. Si hemos de repartir nuestros posibles entre cada vez más beneficiados, parece evidente que nos va a tocar cada vez menos a todos, lo cual une a la injusticia la pérdida de todo sentido común.</p>

<p>La prioridad nacional, por lo tanto, no se basa en un sentimiento egoísta de querer anteponer nuestro derecho al del prójimo, sino en la justicia de reconocer que tantos años de “progresismo” irresponsable han convertido a los españoles en vulnerables en su propia casa. Lo cual es inmoral y, además, de gilipollas.</p>
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        <media:title><![CDATA[Vulnerables somos todos]]></media:title>
        <media:text><![CDATA[Macario Valpuesta Bermúdez]]></media:text>
        <media:description><![CDATA[Macario Valpuesta Bermúdez]]></media:description>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Derecho de vida y muerte]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
    <link>https://www.eldiariodemadrid.es/articulo/opinion/derecho-vida-muerte/20260409082821126808.html</link>
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  <pubDate>Thu, 9 Apr 2026 08:28:21 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Macario Valpuesta Bermúdez]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Desde la más remota antigüedad, existe una inquietante tendencia a “empoderar” a ciertos individuos a base de atribuirles el supuesto derecho a dar muerte a otros seres humanos. En el Derecho romano arcaico, todo paterfamilias gozaba de un ius...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Desde la más remota antigüedad, existe una inquietante tendencia a “empoderar” a ciertos individuos a base de atribuirles el supuesto derecho a dar muerte a otros seres humanos. En el Derecho romano arcaico, todo paterfamilias gozaba de un ius vitae necisque aparentemente ilimitado con respecto a sus propios hijos. La enormidad que supone esta terrible arbitrariedad venía a realzar el absoluto señorío del antiguo ciudadano, cuya voluntad no estaba sujeta a restricciones que hoy vemos elementales, como la de respetar la vida del prójimo, por muy pequeñito que este sea. Probablemente, nuestras feministas de hoy se horrorizarían ante esta norma (si la conocieran), pero por desgracia no a causa de su contenido sustancial, sino por el machismo que desprende.&nbsp;</p>

<p>Por otro lado, todavía recordamos cómo una banda terrorista muy activa en España se creía en su derecho a dar muerte a personas que pensaban diferente o que no se plegaban a lo que exigían sus planteamientos políticos. Arrogarse de forma arbitraria la facultad de asesinar a los “otros” le proporcionó a esa cuadrilla de malhechores un empoderamiento social extraordinario, hasta el punto de que tal organización mafiosa cogobierna hoy en nuestro país de la mano de una legión de cómplices y colaboradores verdaderamente nutrida. Lo más triste de todo es que indignarse por la asquerosa inmoralidad que supone este “empoderamiento” criminal parece hoy un planteamiento de ultraderecha. Así nos va.</p>

<p>Ahora bien, en la España residual que nos va quedando, la España de la corrupción endémica, de la insostenibilidad social, del invierno demográfico y del déficit estructural, el PSOE de nuestros pecados no encuentra medida más necesaria para nuestro progreso que la de empoderar aún más a sus clientas, concediéndoles el ilusorio “derecho” constitucional a dar muerte al fruto de sus entrañas. Un derecho constitucional que no añade nada sustancial a la enormidad que ya tienen a su disposición: la omnipotente e irrestricta capacidad de eliminar al ser humano más indefenso que cabe concebir, precisamente en el lugar generado por la naturaleza como el más seguro de todos: el seno materno. El progreso consiste en que ya no es el pater, sino la mater la titular de esta verdadera licencia para matar; aunque en ambos casos la excusa es la misma “lo maté porque era mío”. ¡Pero al menos vamos mejorando!</p>

<p>Atribuir a la mujer el derecho de privar de vida a sus hijos a voluntad, sencillamente porque “ella lo vale”, parece generar unas expectativas extraordinarias de empoderamiento a su clientela. En caso contrario, no lo harían. Pero la pregunta sería, ¿qué clase de sociedad enferma estamos creando en que tales aberraciones “constitucionales” tienen rédito político?</p>

<p>El tufo masónico, satánico, irracional y siniestro de esta medida, ya tomada en la perdida Francia, muestra una vez más el seguidismo de nuestra progresía a todo disparate siempre que provenga de tal lugar. Y aunque nos parezca que hemos tocado fondo en cuanto a la perversidad de este auténtico culto a la muerte, recordemos que apenas estamos iniciando ahora el camino de la eutanasia. ¿Abrirá los ojos a tiempo la sociedad española?</p>

<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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        <media:title><![CDATA[Derecho de vida y muerte]]></media:title>
        <media:text><![CDATA[Macario Valpuesta Bermúdez]]></media:text>
        <media:description><![CDATA[Macario Valpuesta Bermúdez]]></media:description>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Blas Infante y la Semana Santa]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Tue, 7 Apr 2026 10:29:33 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Macario Valpuesta Bermúdez]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Blas Infante apreciaba poco la espontánea cultura popular andaluza, en lo que se refiere a la temática religiosa. Como otros muchos “antropólogos” aficionados y de mentalidad “avanzada”, el casareño se muestra muy perspicaz para reconocer ritos...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Blas Infante apreciaba poco la espontánea cultura popular andaluza, en lo que se refiere a la temática religiosa. Como otros muchos “antropólogos” aficionados y de mentalidad “avanzada”, el casareño se muestra muy perspicaz para reconocer ritos paganos apenas cristianizados en las fiestas andaluzas, además de rituales de fertilidad y de exaltación de la naturaleza: unas ceremonias de Semana Santa que solo representan el renacer de la primavera, un culto a la Virgen María presentada como una “Diosa Madre” y especulaciones similares. Para el notario de Casares, Andalucía es básicamente una tierra pagana y librepensadora, aunque revestida de unos atributos “cristianos” que él no reconoce como suyos:</p>

<p>“Un pueblo amante de la vida, hermosamente pagano… Perseguido, casi muerto, el genio de Andalucía tiene aún elocuentes manifestaciones en los cantos, en las liturgias, en las fiestas, en las costumbres, en el arte de sus hijos, hasta en el andar del pueblo”.</p>

<p>Resulta verdaderamente curioso y contradictorio comprobar, a este respecto, el tinte fuertemente clerical que tenían de origen los nacionalismos catalán y vasco, muy relacionados en sus orígenes con órdenes religiosas, con parroquias y santuarios; comparado con el anticlericalismo originario del nacionalismo andaluz, representado por Blas Infante. Paradójicamente, ese clericalismo norteño –previa centrifugación operada por el Vaticano II– derivó a la larga hacia una mentalidad fuertemente descristianizada; mientras que la religiosidad popular andaluza, mucho más despegada de los curas desde el principio, ha sobrevivido mejor, a pesar de obispos pejigueras y matracas progres, que siempre ponían pegas a las devociones populares.</p>

<p>Sin embargo, se ve que el tema le interesaba. En la chimenea del comedor de la casa que Infante se construyó en Coria aparece representada una procesión de Semana Santa, pero llama la atención la ausencia de una Cruz de Guía. En ese tipo de simbología, no se da puntada sin hilo. Al hilo de esta realidad, Infante hace algunas reflexiones muy críticas contra las jerarquías eclesiásticas, siempre objeto de sus reproches, identificadas con los valores propios de la sociedad tradicional que él combate. En efecto, Infante analiza una procesión de Viernes Santo con la frialdad de un entomólogo, para escribir:</p>

<p>“¡El Entierro de Cristo…! En el cortejo, los más altos dignatarios de la Iglesia y de la Ciudad. Generalmente, componen los cortejos fúnebres los matadores del difunto.&nbsp;</p>

<p>Cristo, personificación del espíritu redentor perseguido y martirizado siempre en sus encarnaciones humanas.&nbsp;</p>

<p>Pero a su vez, Infante se hace merecedor de una crítica que se le puede hacer a todos los andalucistas de izquierdas, que odian a la Andalucía real por razones ideológicas y pretenden sustituirla por otra imaginaria. En su obra todo queda lamentablemente desvirtuado. Cristo aparece en sus textos como una pura idea siempre derrotada, como la personificación de la más idolátrica ideología contemporánea: la del progresismo, que quiere lo “mejor” para el pueblo, pero sin contar nunca con él. Un Cristo que se usa como instrumento político y del que interesa casi cualquier aspecto, excepto el pequeño detalle de ser el Hijo de Dios vivo.</p>
]]></content:encoded>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Santiago Segura trabaja para nosotros]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Sat, 21 Mar 2026 08:26:04 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Macario Valpuesta Bermúdez]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ A mí -y hablo a título personal- no me cabe la menor duda de que Santiago Segura es un progre que hace un cine cutre y cochambroso de calidad nula. El  leit-motiv  de sus películas, al menos lo que le impulsó a crear el protagonista principal de...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>A mí -y hablo a título personal- no me cabe la menor duda de que Santiago Segura es un progre que hace un cine cutre y cochambroso de calidad nula. El <em>leit-motiv</em> de sus películas, al menos lo que le impulsó a crear el protagonista principal de su saga, Torrente, es denigrar a una parte de la sociedad española, a la “derecha”, sobre la base de unos tópicos muy enraizados en gran parte de la progresía nacional, pero que están muy alejados de la realidad objetiva. Esos tópicos aseguran que la gente de derechas, por lo común, suele ser racista, hortera, materialista, machista, putera y egoísta.</p>

<p>Sin embargo, la realidad de lo que hemos ido viendo a lo largo de los últimos años es que el personaje <em>Torrente</em> parece inspirado, casi calcado, en ciertos dirigentes socialistas que han desfilado recientemente por los noticieros de todo el país, desde el Tito Berni hasta Koldo y Ábalos. Y si uno se remonta algún tiempo atrás, el personaje trae a la memoria lo que aparecía en la sentencia de los ERES acerca de las fulanas y la farlopa. Todo ello por no hablar de Luis Roldán y sus fotos en calzoncillos rodeado de señoritas de compañía, en lo que parecía una película de Pajares y Esteso, solo que en este caso todo era real y el que pagaba la fiesta era el españolito de a pie.</p>

<p>Ya teníamos claro que nuestros socialistas no son precisamente unos caballeros. En todo caso, podrían llegar a ser unos simpáticos sinvergüenzas, si no fuera por el pequeño detalle de que están arruinando los recursos y el futuro de los españoles.</p>

<p>En consecuencia, al ver la película de Segura el subconsciente de cualquier observador objetivo no hace más que relacionar a la gente de “Nox” -el partido de ficción caricaturizado en su película- con ese “mundo-Psoe” que ya conforma de forma permanente el imaginario colectivo de nuestros compatriotas.</p>

<p>Sin embargo, dos atenuantes debo esgrimir en favor de Don Santiago. Una, que sus películas son rentables y al hacerlas no se le mete la mano en el bolsillo a nadie. Sinceramente, no soy tan moralista como para no ser capaz de tolerar los espectáculos que no me gustan. Cada uno que se juegue los cuartos como mejor le convenga y que disfrute alimentándose con lo que guste. Aunque con mi dinero que no cuente para financiar farsas chabacanas.</p>

<p>Y dos: Segura se cachondea de todo lo que se menea, muchas veces por pura inercia, sin que en todas las escenas de sus películas haya ninguna finalidad adicional, moralizadora o edificante. Pero los dirigentes de VOX ya han demostrado que saben tolerar la sátira y son capaces de reírse de sí mismos. Eso contrasta con otros “ofendiditos”, que creen que con este humor se está “blanqueando y normalizando el fascismo”. Son los mismos que hablan de transgresión y libertad en el discurso teórico, pero cuando algo no les gusta, reclaman censura y cancelación.</p>

<p>En este asunto, cada cual está quedando como lo que verdaderamente es.</p>

<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Lo llaman feminismo]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Fri, 6 Mar 2026 08:16:21 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Macario Valpuesta Bermúdez]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Lo que caracterizaba hasta no hace mucho a la mujer española, desde el punto de vista sociológico, es que era mucho más realista y conservadora que el varón. Lo digo en un sentido positivo, puesto que hago mía la máxima del historiador británico...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Lo que caracterizaba hasta no hace mucho a la mujer española, desde el punto de vista sociológico, es que era mucho más realista y conservadora que el varón. Lo digo en un sentido positivo, puesto que hago mía la máxima del historiador británico Robert Conquest, quien comentaba que “todo el mundo es conservador respecto a aquello que conoce mejor”. Tal vez porque en el intercambio de violencia que siempre se produce en nuestro inhóspito mundo, ellas eran conscientes de que tenían más que perder que los hombres. Pero lo cierto es que nuestras madres y abuelas, eran en general bastante más prudentes y sensatas que nuestros abuelos.&nbsp;</p>

<p>Los varones, por su parte, eran mucho más dados a cometer calaveradas de todo tipo, y a tomar decisiones impulsivas y disparatadas tanto para su salud como para la seguridad del prójimo. Dejo al lector considerar cuánto había de convencionalismo y cuánto de naturalidad en esta ancestral división de funciones dentro de la soledad.</p>

<p>Hoy, desgraciadamente, el feminismo ha convencido a la mayoría de las mujeres que la feminidad es una tara contra la que hay que luchar, y que la solución a sus problemas es imitar al varón en sus defectos ancestrales. Por eso, la mujer de hoy fuma y bebe al menos igual que lo hacen los hombres, dice palabrotas al mismo nivel y hace comentarios sexistas en alta voz cuando ve un espécimen sexualmente atractivo. Muchas, incluso, se plantean como gran ideal “llegar solas y borrachas a casa”, el sueño de todo adolescente gamberro (de todos los tiempos), ese cuya máxima aspiración es librarse de sus padres, aunque sea por una temporada.</p>

<p>El moderno modelo de mujer ha abandonado los viejos estereotipos y ya ni siquiera se interesa por su propia imagen, siendo frecuente el abandono físico y el rechazo de sus propias inclinaciones. El amor romántico es visto con horror, y la alternativa que se plantea es la infinita sucesión de parejas efímeras de usar y tirar, hasta ir conformando una amplia colección de “ex”, de los que se contarán en el futuro infinitos agravios, todos ligados con los erróneos patrones de conducta del “otro”, nunca de ella misma. El panorama final será el de una solterona resentida, acompañada tal vez de un gatito, experta en denunciar micromachismos. Aunque mucho nos tememos que esa habilidad para descubrir los pecados ajenos llene poco un corazón herido.</p>

<p>Los antiguos romanos creían que empoderaban al pater familias concediéndole el poder de vida y muerte sobre sus hijos. Hoy se piensa que este poder absoluto de matar a sus propios hijos era legendario, más simbólico que real, pues no tenemos noticia de que esta terrible prerrogativa se haya hecho efectiva alguna vez. En cambio, nuestros desnortados socialistas creen que pueden empoderar a la mujer metiendo en la Constitución el “derecho” a dar muerte al fruto de sus entrañas. ¿Cabe un empoderamiento más grande que el de decidir quién vive y quién muere? Pero la pregunta es ¿hay algo más antifemenino que eso?&nbsp;</p>

<p>Pues lo llaman “feminismo”.</p>

<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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