Los trabajos y los días

Blas Infante y la Semana Santa

Blas Infante apreciaba poco la espontánea cultura popular andaluza, en lo que se refiere a la temática religiosa. Como otros muchos “antropólogos” aficionados y de mentalidad “avanzada”, el casareño se muestra muy perspicaz para reconocer ritos paganos apenas cristianizados en las fiestas andaluzas, además de rituales de fertilidad y de exaltación de la naturaleza: unas ceremonias de Semana Santa que solo representan el renacer de la primavera, un culto a la Virgen María presentada como una “Diosa Madre” y especulaciones similares. Para el notario de Casares, Andalucía es básicamente una tierra pagana y librepensadora, aunque revestida de unos atributos “cristianos” que él no reconoce como suyos:

“Un pueblo amante de la vida, hermosamente pagano… Perseguido, casi muerto, el genio de Andalucía tiene aún elocuentes manifestaciones en los cantos, en las liturgias, en las fiestas, en las costumbres, en el arte de sus hijos, hasta en el andar del pueblo”.

Resulta verdaderamente curioso y contradictorio comprobar, a este respecto, el tinte fuertemente clerical que tenían de origen los nacionalismos catalán y vasco, muy relacionados en sus orígenes con órdenes religiosas, con parroquias y santuarios; comparado con el anticlericalismo originario del nacionalismo andaluz, representado por Blas Infante. Paradójicamente, ese clericalismo norteño –previa centrifugación operada por el Vaticano II– derivó a la larga hacia una mentalidad fuertemente descristianizada; mientras que la religiosidad popular andaluza, mucho más despegada de los curas desde el principio, ha sobrevivido mejor, a pesar de obispos pejigueras y matracas progres, que siempre ponían pegas a las devociones populares.

Sin embargo, se ve que el tema le interesaba. En la chimenea del comedor de la casa que Infante se construyó en Coria aparece representada una procesión de Semana Santa, pero llama la atención la ausencia de una Cruz de Guía. En ese tipo de simbología, no se da puntada sin hilo. Al hilo de esta realidad, Infante hace algunas reflexiones muy críticas contra las jerarquías eclesiásticas, siempre objeto de sus reproches, identificadas con los valores propios de la sociedad tradicional que él combate. En efecto, Infante analiza una procesión de Viernes Santo con la frialdad de un entomólogo, para escribir:

“¡El Entierro de Cristo…! En el cortejo, los más altos dignatarios de la Iglesia y de la Ciudad. Generalmente, componen los cortejos fúnebres los matadores del difunto. 

Cristo, personificación del espíritu redentor perseguido y martirizado siempre en sus encarnaciones humanas. 

Pero a su vez, Infante se hace merecedor de una crítica que se le puede hacer a todos los andalucistas de izquierdas, que odian a la Andalucía real por razones ideológicas y pretenden sustituirla por otra imaginaria. En su obra todo queda lamentablemente desvirtuado. Cristo aparece en sus textos como una pura idea siempre derrotada, como la personificación de la más idolátrica ideología contemporánea: la del progresismo, que quiere lo “mejor” para el pueblo, pero sin contar nunca con él. Un Cristo que se usa como instrumento político y del que interesa casi cualquier aspecto, excepto el pequeño detalle de ser el Hijo de Dios vivo.

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