El criterio del BCE: medidas dirigidas, calibradas y temporales
El estudio, firmado por Judith Arnal, evalúa las políticas aplicadas según el denominado criterio de la “triple T”, que exige que las medidas sean dirigidas a los más vulnerables, mantengan las señales de precios y tengan carácter temporal.
Sin embargo, ninguna de las economías analizadas satisface completamente estos tres principios, lo que evidencia carencias en la respuesta europea ante el impacto energético.
España lidera el gasto, pero con medidas poco selectivas
España destaca por haber desplegado el mayor paquete de ayudas, con unos 5.000 millones de euros. Entre las iniciativas mejor valoradas figura el refuerzo del bono térmico, considerado más alineado con los criterios del BCE.
No obstante, el informe señala que otras medidas, como las rebajas fiscales generalizadas o las ayudas a la industria electrointensiva, presentan deficiencias al no estar suficientemente focalizadas ni preservar los incentivos al ahorro energético.
Francia y Alemania, más próximas al modelo ideal
Francia se posiciona como el país que más se aproxima al enfoque recomendado, al evitar rebajas fiscales generalizadas y apostar por ayudas focalizadas en sectores específicos.
Alemania, por su parte, adopta una estrategia más contenida en gasto, aunque introduce medidas regulatorias —como limitar los cambios de precios en gasolineras— que, según el análisis, no cumplen ninguno de los criterios de la triple T.
Italia combina instrumentos, mientras Polonia y Hungría recurren a topes
Italia opta por una combinación de recortes fiscales y créditos sectoriales, con un impacto moderado en la señal de precios.
En el extremo opuesto, Polonia y Hungría aplican topes directos a los precios, considerados los instrumentos más problemáticos, ya que eliminan completamente las señales del mercado y generan distorsiones como el turismo de combustible.
Propuesta europea para gravar beneficios extraordinarios
El informe también analiza la iniciativa conjunta de varios países europeos para impulsar un gravamen sobre los beneficios extraordinarios de las empresas energéticas.
En este sentido, advierte de la necesidad de diseñar correctamente la base imponible —centrada en el beneficio económico real— y evitar la fragmentación normativa entre países para no repetir los errores de 2022.
Tres riesgos clave: sostenibilidad, eficiencia y mercado interior
El estudio identifica tres grandes riesgos derivados de la falta de coordinación europea: el impacto en la sostenibilidad fiscal, la pérdida de eficiencia económica y las distorsiones en el mercado interior.
Además, señala que muchas medidas tienden a prolongarse más allá de su carácter temporal, comprometiendo su efectividad a largo plazo.
Recomendaciones: más coordinación y ayudas mejor diseñadas
Entre las principales propuestas, el informe plantea sustituir las rebajas fiscales generalizadas por ayudas directas a los hogares vulnerables, vincular la duración de las medidas a indicadores de mercado y reforzar la coordinación a nivel europeo.
Asimismo, aboga por un diseño más preciso de los instrumentos fiscales para garantizar que las políticas energéticas sean eficaces y sostenibles en el tiempo.