La Comarca de Avilés (Avilés, Castrillón, Illas y Corvera )se ha consolidado como un territorio donde conviven la memoria medieval, la herencia industrial y la creatividad contemporánea. Su casco histórico, uno de los mejor conservados del norte de España, dialoga con la arquitectura del Centro Niemeyer, mientras que las playas abiertas al Cantábrico, los paisajes verdes y espacios deportivos como Trasona completan un mosaico que combina cultura, naturaleza y actividad durante todo el año. Esta diversidad permite al visitante descubrir un destino compacto, accesible y sorprendentemente rico en matices.
Durante la presentación, la Mancomunidad Comarca Avilés expuso ante medios de comunicación y prensa especializada las fortalezas turísticas y gastronómicas de un territorio que durante años fue considerado una “joya oculta” del Principado. La presidenta de la Mancomunidad y concejala de Turismo del Ayuntamiento de Avilés, Raquel Ruiz, explicó cómo el trabajo desarrollado en el marco del Plan de Sostenibilidad Turística ha impulsado a la comarca como uno de los nuevos polos de atracción de Asturias. Fue un encuentro cercano y distendido, donde los periodistas pudieron disfrutar de gastronomía fusión y de algunos de los vinos vinculados a su famoso festival: el Famous Wine Festival, considerado el único festival de vinos elaborados por celebridades.
El broche final del rico menú lo puso la degustación del Bollo de Avilés, elaborado por el confitero Emilio Vidal, quien ofreció a los asistentes este postre emblemático con siglos de historia. Y sí, un Bollo con afamada historia.
Este Bollo es mucho más que un dulce: es un legado vivo que cada Pascua renueva el vínculo entre generaciones. Nacido a finales del siglo XIX como regalo de padrinos a ahijados, este bizcocho mantecado marcaba el final de la Cuaresma y el comienzo de la celebración. Su receta —sencilla, noble, exacta— ha resistido el paso del tiempo como resisten los rituales que importan: mantequilla, azúcar, huevos y harina en equilibrio perfecto, coronados por un glaseado blanco que parece guardar la memoria de la ciudad.
Hoy, el Bollo de Avilés sigue siendo el corazón dulce de unas fiestas que celebran la convivencia, la identidad y la alegría compartida. Cada Lunes de Pascua, miles de personas se sientan a la misma mesa en el casco histórico para honrar un gesto antiguo que se ha convertido en símbolo de comunidad. Degustarlo es saborear siglos de historia, pero también el presente de una ciudad que sabe transformar su tradición en un motivo de encuentro, orgullo y celebración.
Entre los vinos presentados, nos fascinó conocer uno de los Vinos Famosos del Festival: el tinto Coppola, nacido del sueño del cineasta Francis Ford Coppola de unir dos mundos, el arte del cine y el arte del vino. Desde sus viñedos en California, la bodega ha creado tintos accesibles, aromáticos y llenos de carácter, elaborados bajo un estilo muy californiano: fruta madura, notas de vainilla y especias suaves, taninos redondos y una personalidad cálida que refleja el sol del valle.
La gama de tintos Coppola —desde la popular Diamond Collection hasta etiquetas más exclusivas como Archimedes o Eleanor— se ha convertido en un símbolo de elegancia relajada y disfrutable. Son vinos pensados para acompañar momentos, no para complicarlos: fáciles de beber, equilibrados y con ese toque cinematográfico que convierte cada botella en una pequeña historia embotellada.
Sus tintos suelen elaborarse con algunas de las uvas más emblemáticas de California: Cabernet Sauvignon, Zinfandel/Primitivo(italiana), Merlot, Syrah, Petit Verdot y Cabernet Franc.
Si hablamos de sensaciones, a nivel molecular podemos contar que la β-damascenona es una molécula clave del vino: invisible pero decisiva. Une el carácter aromático de Zinfandel, Cabernet Sauvignon, Syrah y Petite Sirah.
En Zinfandel realza la fruta roja y las especias; en Cabernet suaviza las notas verdes y da brillo al cassis; en Syrah profundiza la violeta y la pimienta; en Petite Sirah equilibra su potencia con un toque dulce-floral. Es la molécula que convierte la fruta en perfume y la estructura en emoción. Un vino de añada 2018 con gran potencial aún por desplegar.
Y si lo unimos al Bollo de Avilés, el tinto Coppola —con su perfil de fruta negra madura, violetas y la profundidad aromática que aporta la β-damascenona— encuentra un contrapunto sorprendentemente armónico en este postre. El glaseado dulce y la miga mantecada suavizan los taninos y realzan las notas de ciruela, cassis y especias del vino.
Juntos crean un diálogo inesperado entre California y Asturias, donde la tradición centenaria del bollo se ilumina con un toque cinematográfico y el vino se vuelve más amable, más redondo, casi narrativo, como si cada sorbo y cada bocado contaran una misma historia desde dos orillas distintas.
Y es que, también un tinto puede desvelar las maravillas de un postre: basta un sorbo para que el dulzor se afine, la textura respire y el final se vuelva inesperadamente luminoso.
Gracias a la Comarca de Avilés por traer a Madrid de la manode Gustatio Gastro no solo su gastronomía y su paisaje, sino también su manera de entender la hospitalidad: cercana, luminosa y profundamente auténtica. Este encuentro nos recordó que los territorios que mejor perduran en la memoria son aquellos que saben unir tradición y futuro, sabor y relato, identidad y apertura. Nos llevamos el aroma del Bollo, la huella del Coppola y la certeza de que Avilés tiene mucho que contar y aún más que compartir.