Aromas que engañan, imágenes que revelan una armonía al límite de lo real

Hay exposiciones que se contemplan y otras que se atraviesan. Al Límite de lo Real pertenece a las segundas: un umbral donde la certeza se disuelve y la mirada aprende a respirar en la duda. 
Real o no
photo_camera Real o no

En este territorio suspendido que Javier Aranburu despliega en Madrid, la percepción se convierte en un acto íntimo, casi ritual. Y es precisamente ahí, en esa danza entre lo que creemos ver y lo que realmente vemos, donde el vino encuentra su espejo sensorial.

“Aromas que engañan, imágenes que revelan: una armonía al límite de lo real”

Javier Aranburu, con su exposición Al Límite de lo Real, nos invita hasta el 6 de marzo en la Calle Guzmán el Bueno 63, Madrid, a caminar por esa frontera donde lo auténtico y lo creado se rozan hasta confundirse.

Sus imágenes nos obligan a mirar dos veces, a desconfiar de la primera impresión, a descubrir que la realidad también puede ser una ficción bien iluminada. Esta experiencia encuentra un eco perfecto en dos grandes variedades de uvas de donde nace el vino, que, como su obra, viven en el territorio de la ambigüedad sensorial.

La variedad Pinot Noir de clima frío despliega aromas de cereza y frambuesa gracias a moléculas como el benzaldehído y la β-ionona, que aportan notas florales y de pétalo de rosa, mientras que los matices terrosos provienen de compuestos como el geosmin. Es un vino que evoluciona en la copa igual que la mirada evoluciona ante cada fotografía.

A su lado, el vino elaborado tipo naranja desafía categorías con su color inesperado y su perfume de piel de cítrico —marcado por limoneno y linalool—, té negro y miel, donde los terpenos y los nor-isoprenoides construyen una identidad que parece antigua y moderna a la vez.

Pinot Noir o vino naranja (elaborado de variedades blancas/como si fuera tinto), como la obra de Aranburu, nos recuerdan que la percepción es un territorio movedizo: basta un aroma, un destello o un encuadre para que lo real se vuelva sospecha y la sospecha, belleza.

Que la duda siga siendo un lugar fértil, el vino un puente hacia lo invisible y la mirada un territorio siempre por descubrir. Hasta la próxima revelación.