Durante dos días, Logroño y San Millán de la Cogolla se han convertido en el punto de encuentro del sector editorial español. El XX Congreso de Editores de CLABE no ha sido solo una cita profesional, sino un espacio donde el sector ha vuelto a mirarse a sí mismo en un momento de cambio profundo.
Con cerca de 150 profesionales —entre editores, periodistas, tecnólogos y directivos—, el congreso ha girado en torno a una idea central: la inteligencia artificial ya no es una promesa futura, sino una realidad que obliga a repensarlo todo.
La IA entra en las redacciones… y abre un debate incómodo
El tono del congreso ha sido claro desde el inicio. No se trataba de hablar de innovación en abstracto, sino de cómo está afectando ya al trabajo diario.
El presidente de CLABE, Arsenio Escolar, lo expresó en términos que marcaron buena parte de las conversaciones: el sector se enfrenta a un cambio comparable al que supuso Internet hace décadas.
En mesas como “El potencial iberoamericano en la era del español digital”, el debate fue más allá de la tecnología para centrarse en el papel del idioma como palanca de crecimiento y conexión entre mercados.
Junto a ella, otros espacios de trabajo abordaron cuestiones especialmente sensibles para el sector. Entre ellos, las mesas centradas en los medios “glocales” —aquellos capaces de combinar una fuerte implantación local con proyección digital global— pusieron el foco en la necesidad de reforzar la identidad editorial sin renunciar a la escala que permite el entorno digital.
También tuvieron protagonismo los debates sobre modelos de monetización y sostenibilidad, donde se analizaron fórmulas como las suscripciones, los contenidos de valor añadido o la diversificación de ingresos, así como las sesiones dedicadas a la innovación en redacciones, muy orientadas a la aplicación práctica de herramientas de inteligencia artificial.
Se habló de ética. De límites. De hasta qué punto será posible distinguir entre un texto escrito por una persona o por una máquina en un futuro inmediato.
Y, sobre todo, se repitió una idea: la IA puede ayudar, pero el periodismo sigue necesitando periodistas.
Del programa a los pasillos: donde realmente ocurre el congreso
Pero si algo caracteriza a este tipo de encuentros es que una parte esencial sucede fuera del programa oficial.
En las pausas, en los traslados o en conversaciones improvisadas, se compartieron experiencias muy concretas: medios que ya están probando automatización de contenidos, otros que experimentan con newsletters como vía de crecimiento, o proyectos que buscan nuevas formas de monetización.
Los talleres prácticos —centrados en herramientas de IA, estrategias de tráfico o gestión de contenidos— reflejan esa necesidad de aterrizar el discurso en soluciones reales.
En redes profesionales como LinkedIn, muchos asistentes han coincidido en destacar ese valor: la utilidad de contrastar enfoques, comprobar que los problemas son compartidos y encontrar respuestas en otros modelos editoriales.
Es en ese intercambio donde el congreso cobra verdadero sentido.
El español como activo estratégico global
Más allá de la tecnología, el congreso ha reforzado otro eje clave: el papel del idioma.
Desde la propia elección de San Millán de la Cogolla —cuna del castellano— hasta las mesas centradas en el espacio iberoamericano, el mensaje ha sido constante: el español no es solo una lengua, sino un activo estratégico en la economía digital.
Un enfoque que conecta directamente con la dimensión internacional del sector y con la oportunidad de construir productos informativos en español con alcance global.
Innovación, startups y nuevas ideas para las redacciones
El congreso también ha servido como escaparate de iniciativas emergentes.
El congreso ha servido también como punto de partida para iniciativas con vocación de continuidad. Es el caso del Reto de Innovación en Redacciones La Rioja Digital – CLABE 2026, presentado durante estas jornadas como una apuesta para impulsar el desarrollo de proyectos aplicados al periodismo.
A diferencia de otras propuestas vinculadas a eventos concretos, este reto nace con la intención de perdurar en el tiempo, abierto a la recepción de iniciativas en los próximos meses y con el objetivo de consolidarse como un espacio anual de innovación en La Rioja.
La iniciativa pone el foco en ámbitos como la automatización de contenidos, la verificación informativa o el uso de inteligencia artificial en redacciones, alineándose con algunas de las principales líneas de trabajo que han marcado el congreso.
Un recordatorio de que el futuro del periodismo no solo se debate, sino que ya se está construyendo.
Un congreso bien tejido: organización y entorno
El buen desarrollo del evento ha sido otro de los aspectos más valorados por los asistentes.
La coordinación del equipo de CLABE, junto con el trabajo de los anfitriones locales y el respaldo institucional —con la participación de autoridades como el alcalde de Logroño, Conrado Escobar—, ha permitido un congreso fluido y bien estructurado.
A ello se ha sumado un componente menos visible pero relevante: el ambiente. Cercano, abierto, propicio para el diálogo.
El Diario de Madrid, en el debate del sector
En este contexto, El Diario de Madrid ha tenido presencia activa en el congreso, con la moderación de una de las mesas por parte de su editor.
Una participación que responde a una lógica clara: estar en los espacios donde se está definiendo el futuro del sector, no solo como observador, sino como parte de la conversación.
Un sector en transición… pero con conciencia de sí mismo
El XX Congreso de CLABE no ha dejado soluciones definitivas, pero sí algo quizá más valioso: una fotografía honesta del momento que vive el periodismo.
Un sector que experimenta, que duda, que busca modelos sostenibles y que se enfrenta a una transformación tecnológica sin precedentes.
Pero también un sector que conversa, que comparte y que, pese a la competencia, reconoce la necesidad de avanzar de forma conjunta.
Entre algoritmos, audiencias y modelos de negocio, hay una idea que ha sobrevolado el congreso, aunque no siempre se haya dicho en voz alta:
el futuro del periodismo no dependerá solo de la tecnología, sino de su capacidad para seguir siendo creíble, útil y humano.
Y en ese equilibrio —entre innovación y criterio— se juega todo.