Estudio de FEDEA

La soledad no deseada aumenta las visitas al médico entre los mayores en Europa, según un estudio de FEDEA

Un estudio de FEDEA concluye que la soledad no deseada incrementa el uso de la atención primaria y de la asistencia profesional a domicilio entre los mayores europeos, especialmente en países como España.
Personas mayores jugando a las cartas
photo_camera Personas mayores jugando a las cartas

La soledad no deseada se ha consolidado como uno de los principales retos de salud pública en Europa, especialmente entre la población mayor de 50 años. Un estudio publicado por la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA), elaborado por la investigadora Sabela Siaba, revela que este fenómeno está asociado a un mayor uso de determinados recursos sanitarios, especialmente las visitas al médico de atención primaria y la asistencia profesional a domicilio, aunque su impacto varía según el modelo sanitario de cada país.

La atención primaria registra un mayor uso entre quienes sufren soledad

La investigación analiza datos de más de 37.000 personas mayores de 50 años procedentes de 25 países europeos, recopilados a través de la encuesta SHARE de 2020 y 2022.

Los resultados muestran que, en los países con sistemas sanitarios de tipo Beveridge, como España, las personas que experimentan soledad realizan una media de 1,27 visitas más al médico al año que quienes no se encuentran en esa situación. El incremento alcanza el 14% cuando la soledad es puntual y asciende al 39% cuando se trata de una situación crónica.

Según el estudio, este comportamiento podría reflejar que parte de estas consultas responden no solo a necesidades médicas, sino también a la búsqueda de apoyo emocional y contacto social.

La asistencia profesional a domicilio también aumenta

El trabajo identifica igualmente un mayor recurso a la atención profesional en el domicilio entre las personas que viven situaciones de soledad.

En los países con sistemas Beveridge la probabilidad de recibir este tipo de atención aumenta un 47%, mientras que en los sistemas de tipo Bismarck el incremento alcanza el 48%. En los casos de soledad crónica dentro de este último modelo sanitario, la probabilidad se eleva hasta el 66%.

Por el contrario, la investigación no encuentra una relación significativa entre la soledad y otros indicadores como las hospitalizaciones, el consumo de medicamentos o las visitas al dentista.

El modelo sanitario condiciona los efectos de la soledad

Uno de los principales hallazgos del estudio es que la organización del sistema sanitario influye de forma decisiva en el impacto de la soledad sobre el uso de los recursos asistenciales.

En los países donde el médico de atención primaria actúa como puerta de entrada al sistema sanitario, la presión sobre las consultas es mayor, lo que puede traducirse en una sobreutilización de este servicio para atender necesidades sociales que exceden el ámbito estrictamente clínico.

Los autores consideran que esta situación puede afectar a la eficiencia del sistema sanitario y reducir el tiempo disponible para pacientes con patologías más complejas.

La prevención de la soledad también mejora la eficiencia sanitaria

El estudio plantea que combatir la soledad no deseada debe formar parte de las políticas públicas de salud.

Entre las medidas propuestas figuran el desarrollo de programas comunitarios, redes de acompañamiento, iniciativas de voluntariado, actividades intergeneracionales y mecanismos de detección precoz desde la atención primaria o las farmacias comunitarias.

Los investigadores concluyen que reducir la soledad no solo mejora el bienestar y la calidad de vida de las personas mayores, sino que también puede contribuir a un uso más eficiente de los recursos sanitarios y aliviar la presión sobre los servicios públicos de salud.