A mí -y hablo a título personal- no me cabe la menor duda de que Santiago Segura es un progre que hace un cine cutre y cochambroso de calidad nula. El leit-motiv de sus películas, al menos lo que le impulsó a crear el protagonista principal de su saga, Torrente, es denigrar a una parte de la sociedad española, a la “derecha”, sobre la base de unos tópicos muy enraizados en gran parte de la progresía nacional, pero que están muy alejados de la realidad objetiva. Esos tópicos aseguran que la gente de derechas, por lo común, suele ser racista, hortera, materialista, machista, putera y egoísta.
Sin embargo, la realidad de lo que hemos ido viendo a lo largo de los últimos años es que el personaje Torrente parece inspirado, casi calcado, en ciertos dirigentes socialistas que han desfilado recientemente por los noticieros de todo el país, desde el Tito Berni hasta Koldo y Ábalos. Y si uno se remonta algún tiempo atrás, el personaje trae a la memoria lo que aparecía en la sentencia de los ERES acerca de las fulanas y la farlopa. Todo ello por no hablar de Luis Roldán y sus fotos en calzoncillos rodeado de señoritas de compañía, en lo que parecía una película de Pajares y Esteso, solo que en este caso todo era real y el que pagaba la fiesta era el españolito de a pie.
Ya teníamos claro que nuestros socialistas no son precisamente unos caballeros. En todo caso, podrían llegar a ser unos simpáticos sinvergüenzas, si no fuera por el pequeño detalle de que están arruinando los recursos y el futuro de los españoles.
En consecuencia, al ver la película de Segura el subconsciente de cualquier observador objetivo no hace más que relacionar a la gente de “Nox” -el partido de ficción caricaturizado en su película- con ese “mundo-Psoe” que ya conforma de forma permanente el imaginario colectivo de nuestros compatriotas.
Sin embargo, dos atenuantes debo esgrimir en favor de Don Santiago. Una, que sus películas son rentables y al hacerlas no se le mete la mano en el bolsillo a nadie. Sinceramente, no soy tan moralista como para no ser capaz de tolerar los espectáculos que no me gustan. Cada uno que se juegue los cuartos como mejor le convenga y que disfrute alimentándose con lo que guste. Aunque con mi dinero que no cuente para financiar farsas chabacanas.
Y dos: Segura se cachondea de todo lo que se menea, muchas veces por pura inercia, sin que en todas las escenas de sus películas haya ninguna finalidad adicional, moralizadora o edificante. Pero los dirigentes de VOX ya han demostrado que saben tolerar la sátira y son capaces de reírse de sí mismos. Eso contrasta con otros “ofendiditos”, que creen que con este humor se está “blanqueando y normalizando el fascismo”. Son los mismos que hablan de transgresión y libertad en el discurso teórico, pero cuando algo no les gusta, reclaman censura y cancelación.
En este asunto, cada cual está quedando como lo que verdaderamente es.