A LA MIRADA DE ULISAS en este artículo se le antoja revivir a un prolífico autor vienés, quien supo conmover a sus lectores y dejar la impronta de sus letras en muchos corazones. Se refiere a Stefan Zweig (1881-1942) y a su amplia trayectoria de poeta, novelista y ensayista. Memorable talento, con su pluma viajó al alma de sus semejantes y se detuvo en el estudio de la condición humana para hablar de los miedos, las fragilidades, las pasiones, los aciertos y las derrotas. Un hombre que cruzó dos guerras con el dolor y la desazón que producen. Supo palpar momentos que dejaron registro en sus valiosos textos como testimonios de épocas pasadas de gran relevancia. Sus escritos y planteamientos humanistas dieron brillo a la cultura universal. Desde pequeño se perfiló como un gran intelectual; un lector que devoraba libros y escribía poemas. Proveniente de una familia judía acomodada pudo realizar su sueño de dedicarse a asuntos que podían ser menos rentables como la literatura, aunque en su caso muy pronto conoció la fama gracias a su habilidad de escritor y la buena estrella. En su extensa bibliografía cuenta con novelas, cuentos magistrales, ensayos, biografías y artículos. En su obra se pueden destacar títulos como: “Carta de una desconocida”, “Amok o el loco de Malasia”, “Miedo”, “La confusión de los sentimientos”, “Novela de ajedrez” “La lucha contra el demonio”, “El mundo de ayer” por sólo citar algunos de sus libros. El ensayo tampoco le fue ajeno ni las biografías o la autobiografía donde plasmó reflexiones que siguen vigentes en nuestras horas de angustia. Nunca dejó de contestar las cuantiosas cartas que recibía a diario con expresiones de adhesión a su creatividad. Se le conoció por su extrema generosidad no sólo con sus colegas, a quienes les brindaba apoyo en caso de apuros tanto económicos como profesionales, sino con los menesterosos que se arrimaron a sus orillas. Hallaba en el viaje el amor por lo desconocido y la necesidad de confrontar mundos nuevos. A temprana edad se rodeó de espíritus brillantes. Es lo que realmente buscaba en el otro, su forma de pensar y de obrar. De Viena, donde nació, se trasladó a París para impregnarse del mundo artístico y pensante de la época. París bullía con todo tipo de manifestaciones de la mente y del arte. Era la cuna de la cultura y el sitio obligado de los intelectuales. Como hombre inquieto que era aprendió varios idiomas para tejer puentes con sus pares en otros lugares. Amigo de Auguste Rodin, se inspiró en su forma de trabajar. Vislumbró cómo el artista se compenetra con el arte de manera simbiótica y asidua, porque entendió que la disciplina y la constancia deben ser elementos que funden al artista con su obra. Una amistad sólida se le dio con Sigmund Freud, quien estudiaba las conductas más íntimas de los seres humanos. Fascinado por esa vertiente, Stefan se inspiró en los intríngulis de los humanos desde sus pasiones más recónditas hasta sus furias declaradas. Nada concerniente a la persona se le escapó. Pudo husmear los sentimientos desde sus estados más profundos e inconscientes hasta los más revelados.
La mirada de Ulisas, curiosa como es, investigó sobre este personaje. Aprendió que sus amistades más estrechas se establecieron con reconocidos personajes: Romain Rolland, novelista, un gran pacifista y humanista, Rainer María Rilke, con quien compartía su admiración por la poesía, Hermann Hess, con quien mantuvo una larga y extensa correspondencia durante 35 años sobre diferentes temas del espíritu, el exilio y la literatura. No estuvieron ausentes de su vida Albert Einstein ni Thomas Mann. Numerosos fueron sus amigos de magno vuelo intelectual y científico. Rodeado de la alta intelectualidad tuvo su lugar entre ellos. Vivió en varios países: Austria, Francia, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos y finalmente terminó sus días en Brasil donde halló la muerte junto a su segunda esposa; Charlotte Elisabeth Altmann conocida como Lotte Zweig. La mujer que enlazó la muerte junto a él por la decisión de ambos de poner fin a sus alientos tal vez con la nostalgia de otros tiempos y el dolor anticipado de un mundo caótico que estaba por venir. Los cuerpos inertes fueron hallados en el abrazo, vestidos con la pinta dominguera para hacerle fiesta a la muerte como le habían hecho a la vida.
La mirada de Ulisas sabe que la amplia bibliografía de este magno autor merece ser leída para darnos cuenta hasta qué punto veía venir lo que está ocurriendo en nuestros días. Una premonición que quizá mereció su muerte anticipada. Stefan no pudo o se negó a cargar el malestar del mundo. Su gran sensibilidad lo llevó a una honda depresión, que mostró a todas luces su poder anticipatorio sobre los desastres de las guerras. La mirada de Ulisas se compenetra con la de un ilustre maestro de las palabras. Aún siguen resonando en los ojos de sus lectores y en los de Ulisas, que sabe qué significan: el viaje, los exilios, las emociones, las pérdidas, las guerras y los dolores.