Crónicas de nuestro tiempo

La ONU: la dulce traición

La Organización de las Naciones Unidas "ONU" y antes de la segunda guerra mundial "SOCIEDAD DE NACIONES", acordo cambiar de nombre y estructura tras la segunda fuerra mundial, con una misión solemne y casi sagrada: evitar que la barbarie volviera a repetirse; proteger a los inocentes y actuar como dique frente al crimen organizado a escala estatal. Hoy, sin embargo, la ONU no es más que una carcasa burocrática, un teatro de discursos huecos y un refugio cómodo para políticos poderosos demócratas y dictadores con chófer, escoltas, cinismo y sueldo diplomático.

Mientras el mundo arde, la ONU redacta comunicados.
Mientras se degüella, se viola, se lapida y se esclaviza a los pueblos la ONU convoca comisiones y comisionados dentro de un teatro placebo frente al mundo.

Mientras los niños mueren bajo escombros o son adoctrinados para matar, la ONU “expresa preocupación”.
No actúa. No frena. No castiga. Tolera. Alarga y dicta resoluciones que se diluyente solas y hace que hace pero no hace.

La pusilanimidad de la ONU no es ingenua: es deliberada. Su estructura está diseñada para no molestar a los verdugos, para no incomodar a las potencias criminales, para no señalar a los regímenes que financian la droga y exportan y justifican la violencia. Cada veto en el Consejo de Seguridad es una coartada. Cada abstención, una traición. Cada resolución sin consecuencias, una burla a las víctimas.

Antonio Guterres habla de “contención” mientras el mundo se desangra.
Putin ríe, Xi Jinping calla y maniobra, Irán financia, Catar blanquea, Arabia Saudí compra silencio, Cuba masacra, en America Latina las drogas y las dictaduras crecen de forma imparable; en África el terror de las guerras aumenta; en Asía y África los cristianos son perseguidos y asesinados en un genocido extendido, y la Unión Europea (también manipulada por una Úrsula manipulada por radicales) esconde tras tecnicismos legales y una superioridad moral ficticia. Todos saben lo que ocurre. Todos miran. Nadie paga ni apaga, salvo los Estados Unidos.

Y frente a este circo de hipocresía internacional, Estados Unidos -con todos sus errores, excesos y contradicciones- sigue siendo el único protector y actor dispuesto a asumir el coste político, militar, diplomático y financiero de actuar cuando la ONU decide no hacerlo. Porque alguien tiene que mancharse las manos cuando los burócratas prefieren lavárselas con informes (.!.) y a cambio, los medicres, tolerantes y resentidos del planeta, manifiestan su odio contra EE.UU., por ser el único brazo de ley.

Criticar a EE. UU. es fácil desde un atril seguro en Nueva York. Difícil es frenar a los fanáticos, a los tiranos y a los estados canallas sin usar la fuerza. Difícil es defender a los débiles cuando los organismos internacionales se han convertido en asambleas de excusas.
La ONU ya no es árbitro.
No es garante.
No es conciencia moral.
Es cómplice por omisión.

Cada día que pasa sin actuar, la ONU incumple la esencia de su propia carta fundacional. Cada masacre ignorada, cada dictadura normalizada, cada crimen relativizado, la acerca más a la irrelevancia histórica y a la condena moral definitiva.

Si la ONU no puede proteger a los inocentes, que deje de fingir. Si no puede frenar a los criminales, que deje de legitimarles.
Y si no puede cumplir su misión, que asuma su fracaso y se disuelva como lo que ya es: un monumento caro a la cobardía global.
Porque la neutralidad ante el mal no es neutralidad. Es una clara complicidad entre quienes la componen y quienes pueden vetar a la mayoría o dictar resoluciones -muchas de ellas de cara a la ignorancia exterior- sin base histórica, resolutiva o eficaz, y por ello archivadas en la biblioteca de quienes alimentan sus intereses geo-estrategicos con ellas, o devuelven el favor con su silencio.

Por eso que a nadie en su sano juicio extrañe que la Casa Blanca haya oficializado la salida de Estados Unidos del Consejo de Derechos Humanos anunciando el inicio del proceso para abandonar nuevamente la OMS (Organización Mundial de la Salud).

En un mensaje directo, el mandatario calificó a estas organizaciones de "hipócritas", "costosas" y "sesgadas en contra de los intereses americanos". Pero lo más fuerte es que ha ordenado congelar los aportes financieros de EE.UU. a la ONU, lo que dejaría a la organización al borde de la quiebra técnica en cuestión de meses.

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