En ajedrez, la táctica de posicionar estratégicamente las piezas para luego lanzar una serie de ataques en cascada que llevan al jaque mate, se conoce como “el molino de viento”.
Desde que se instauró el campeonato único mundial de la FIDE, podía parecer que al ajedrez sólo jugaban y ganaban los soviéticos. Desde 1948 hasta 1990, arrasaron de manera inmisericorde. Podría haber sido sin solución de continuidad, pero hubo solución. En 1972, un outsider, un americano desabrido, engreído y de origen alemán, dio la vuelta a la situación venciendo al campeón, Boris Spaski, en uno de los eventos más memorables de la historia del deporte. Hablo, naturalmente, de Bobby Fischer.
Hoy, un outsider de eso de “la política”, un americano, desabrido, engreído y de origen alemán, ha dado también la vuelta al escenario táctico con auténtico “molino de viento”. Como diría César Vidal, “sin ánimo de ser exhaustivo, los hechos son los siguientes”:
- Eliminó Siria como problema y como escenario proxy para Rusia.
- Los pactos de Abraham trajeron bajo su égida a países como Arabia Saudí, EAU, Baréin, Sudán y, para nuestra desgracia, Marruecos.
- Ha borrado del mapa en términos operativos a los principales proxies de Irán: Hamás, Hezbolá y los hutíes.
- Reactivó las sanciones dejando al país, a Irán, en una situación calamitosa.
- Antes, operó en Venezuela para devolverla de entre los muertos petrolíferos al mundo de la producción y la refinación, siempre bajo su control.
- Dejó unos cuantos mensajes en el Sahel, donde, aparentemente, Rusia se subrogó en el papel colonial de Francia.
- El negocio de los cárteles en su frontera sur, murió. Venezuela ya no existe, Colombia está avisado, llegó a un acuerdo con China por el fentanilo y la frontera está cerrada a cal y canto, por lo que también han de despedirse del negocio de la trata de personas.
En este sentido, ¿alguien podría explicar cómo un país arruinado, sin proxies, sin amigos a la vista, con toda la región en su contra, con parte de su población masacrada por decenas de miles y con un enemigo que ha cerrado las puertas a la principal arma no convencional que le hacía daño, va a responder a nada más allá de una fracción de lo que tenga hoy en día a mano (en cuanto disparen algo, ese silo caerá)?
¿Cómo va a cerrar Ormuz cuando nunca pudo hacerlo mientras estaba bien económicamente, con los hutiés al otro lado del estrecho y varios escenarios abiertos distrayendo a sus enemigos, estando ahora en la ruina, sin apoyo desde la otra orilla y con varios escenarios abiertos él mismo? Por no mencionar que tiene a buena parte de la OPEP en contra y, con abrir la espita, descuentan ese escenario. Además, con un nuevo jugador en el tablero como es Venezuela.
El gato, que no tigre, moribundo, lanza panza arriba zarpazos a diestro y siniestro. Son peligrosos, sobre todo los que están al alcance del gato, pero para el resto no es más que esperar y golpear. Así, hasta que el gato no pueda más.
Sigue sorprendiendo China. ¿Asiste de verdad silente o hay un acuerdo previo que tenga como contrapartida Taiwán, posiblemente en la segunda parte del mandato? Esto lo veremos, hasta entonces, un auténtico “molino de viento”.
Europa: sigue pensando cuando es conveniente declarar la urgencia de lo urgente en un comité de urgencia con botellines sostenibles.