El Retrovisor

Mil años de ingeniería persa que han dado de beber a Madrid

Muhammad I, hijo de Abderramán I miembro de la dinastía Omeya que había independizado Al-Andalus del Califato de Damasco, fundó Mayrit hacia el año 865, como un baluarte defensivo del reino de Toledo, en la antigua calzada romana que unia esa ciudad con la de Medinaceli. El emplazamiento elegido para situar el alcázar y una pequeña medina de 200 habitantes fue el altozano donde ahora se encuentra la catedral de la Almudena. El río Manzanares quedó muy por debajo del promontorio en el que se construyó la fortaleza. Un río que permaneció extramuros de la muralla árabe del siglo IX, de la muralla cristiana mandada construir por Alfonso VI de Castilla en el siglo XII, de la cerca del Arrabal de 1438, de la de Felipe II de 1566 y de la de Felipe IV de 1625.

Viaje del agua de Amaniel . Ayuntamiento de Madrid
Viaje del agua de Amaniel . Ayuntamiento de Madrid

La diferencia de altitud entre el río y la nueva población, más de 70 metros, no tenía importancia. Precisamente, el nombre árabe de Madrid es “Mayrit” que significa rico en agua. En el ámbito inmediato contaban en superficie con el arroyo de Leganitos (actual Cuesta de San Vicente), el arroyo de las Fuentes de San Pedro (calle de Segovia) y el arroyo del Arenal (calle Arenal). Cuando la población creció y aumentó la demanda de agua, recurrieron a una técnica de captación que los musulmanes habían importado de Persia. Se trataba de los “qanats”.

En el año 2024, la Casa Árabe de Madrid, en colaboración con la Casa de Velázquez, organizó durante tres meses una exposición sobre los qanats de Madrid, también llamados “viajes del agua”, que contó con la experta Sara Kamalvand. La técnica constructiva de los viajes de agua se basaba en drenar el agua que contenían algunas capas permeables, y que a su vez descansaban sobre otras impermeables mediante la excavación de minas verticales y galerías de conducción y distribución, a través de los niveles arenosos del subsuelo. Las galerías acumulaban un descenso en pendiente del uno por ciento para facilitar el curso del agua. En su interior, tenían dimensiones adecuadas para permitir el tránsito humano (0,70 metros de anchura; y entre 1,80-2,00 metros en altura). Jaime Oliver Asín, arabista del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y académico de la Real de la Historia, explica que a los qanats aquí los musulmanes los denominaron “mayra”, de donde viene el nombre de Madrid (Mayrit:  Mayra + i). Este sistema se ha utilizado en Madrid durante más de mil años y sólo ha sido desechado cuando, ya en el siglo XX, no resulto suficiente. La población de Madrid pasó de cerca de 300.000 habitantes en 1860, a más de 850.000 en 1930.

Escudo de Madrid de Juan Hurtado de Mendoza, 1550- Fui sobre agua edificada
Escudo de Madrid de Juan Hurtado de Mendoza, 1550- Fui sobre agua edificada

Los doctores en Geología Javier Yélamos y Fermín Villarroya son autores de una memoria sobre el acuífero terciario detrítico de la Comunidad de Madrid, un mar de agua dulce subterráneo de 2.600 kilómetros cuadros de extensión que llega a alcanzar los 3.000 metros de espesor. Este recurso es utilizado actualmente por el Canal de Isabel II como una reserva estratégica en periodos de sequía, en épocas normales se da prioridad a las aguas superficiales.

En el informe del Ayuntamiento de Madrid, de 1985, sobre Geología, Geomorfología, Hidrogeología y Geotecnia de la ciudad, detalla que las zonas de captación de los viajes del agua se localizaron en el sector nordeste de Madrid, en las cercanías de los pueblos de Fuencarral, Chamartín, Canillas y Canillejas. Se trata de lugares más altos que facilitan que el agua discurra por gravedad a través de las galerías hasta el centro de la ciudad.

Galeria a lomo de caballo en el Viaje de la Funte del Berro. Ayuntamiento de Madrid
Galeria a lomo de caballo en el Viaje de la Funte del Berro. Ayuntamiento de Madrid

No hay constancia sobre el número de viajes del agua construidos en la época árabe, ni en las posteriores tras la conquista cristiana. Si se sabe, que en ambos periodos los encargados de las obras de construcción, los alarifes, fueron mudéjares que aplicaron sus técnicas ancestrales. La primera referencia documental de un viaje del agua (“alcantarilla” en la denominación de la época) la encontramos en el Fuero de 1202, concedido a Madrid por el rey Alfonso VIII de Castilla. En su artículo LXXXIII, se hace una referencia a la prohibición de lavar tripas de reses sacrificadas, en la mina (pozo) y alcantarilla (viaje) de Sancti Petri (San Pedro).

Mercedes Gómez, autora del blog Arte en Madrid, indica que la primera galería que se construyó pudo ser la que discurría por la actual calle de Segovia, “identificada, primero por Jaime Oliver Asín, y luego por otros autores, entre ellos Manuel Montero Vallejo, como la que se cita en el Fuero de 1202”. Asimismo, esta experta señala que en 1983, durante las obras de remodelación de la Plaza de los Carros se encontraron unos restos que los directores de la excavación, Carmen Priego y Luis Caballero “opinan que se trata de un viaje del agua de la época omeya, (…) la datación se basó en la cerámica hallada en su interior, decorada con la técnica verde y manganeso”. Otro arqueólogo, Antonio Malalena, en las Octavas Jornadas de Patrimonio Arqueológico de la Comunidad de Madrid, celebradas en 2014, expuso que “con respecto a los qanats de cronologia andalusí, disponemos de dos pequeños tramos, uno en la Plaza de Carros y un segundo en la Cava Baja”.

Capirote que cubre un pozo de aireacion del Viaje de SAmaniel en la Dehesa de la Villa. Ayuntamiento de Madrid
Capirote que cubre un pozo de aireacion del Viaje de SAmaniel en la Dehesa de la Villa. Ayuntamiento de Madrid

Entre los siglos XIII a XV el Ayuntamiento de Madrid concedió mediante subasta las explotaciones de las minas de agua a particulares. De entones datan las fuentes de la Cruz Verde y, ya extramuros, las del Arrabal. Esta sería, en importancia, el segundo viaje de agua tras el de San Pedro y sus fuentes estuvieron situadas junto a la puerta de Balbadú (actual plaza de Isabel II), que años más tarde de reorganizaría en las fuentes “Caños del Peral” (ahora estación de Metro de Ópera).

A mediados del siglo XV, por otra parte, hubo un proyecto de traer a Madrid aguas del Jarama para hacer navegable el Manzanares. Según refiere la historiadora de la ingeniería Dolores Romero Muñoz, durante el reinado de Juan II de Castilla, hubo proyecto que fue evocado por el capitán Gonzalo Fernández de Oviedo en su “Quinquagenas de las noblezas de España”. En la segunda parte de su obra, Oviedo remitía a un canal que conduciendo las aguas del Jarama desde el puente de Viveros llegaría, manteniendo la misma cota, a los pies de la torre de la parroquia de San Pedro el Viejo.

Capirote que cubre un pozo de aireacion del Viaje de SAmaniel en la Dehesa de la Villa. Ayuntamiento de Madrid
Capirote que cubre un pozo de aireacion del Viaje de SAmaniel en la Dehesa de la Villa. Ayuntamiento de Madrid

A principios del siglo XVI, en 1501, se encargó al alarife municipal Miguel de Hita, la construción de un viaje de agua de más de cinco kilómetros para abastecer el mercado de pescado de la plaza del Salvador (hoy plaza de la Villa). En 1530 también hay noticias de la ejecución del Viaje de las Descalzas, con destino a la casa de Alonso Gutiérrez de Madrid, tesorero del Emperador. Es la primera conducción conocida para suministrar agua a una propiedad privada.

Pero el gran salto cuantitativo y cualitativo de los viajes del agua en Madrid se dio a partir del momento en que Felipe II convirtió, en 1561, a Madrid en Corte de la monarquía hispánica. Salvo el paréntesis entre 1601 y 1606 en que se trasladó la capitalidad a Valladolid, una operación especulativa inmobiliaria del Duque de Lerma favorito del rey Felipe III, la población de Madrid y la demanda consiguiente de agua creció exponencialmente. En 1608 se creó en Madrid la Junta de Fuentes (después Comisión de Fuentes), organismo municipal, pero cuyo máximo responsable era un consejero del rey, lo que implicaba que las decisiones estuvieran supeditadas a los intereses de la Corona. Se estima que en 1630 la población de Madrid superaba los 130.000 habitantes.

Canaleta en el Viaje Bajo Abroñigal, entre las calles de Goya y Serrano. Ayuntamiento de Madrid
Canaleta en el Viaje Bajo Abroñigal, entre las calles de Goya y Serrano. Ayuntamiento de Madrid

Virgilio Pinto, profesor de Historia Moderna de la Universidad Autónoma de Madrid y director de “Los viajes de agua de Madrid, durante el Antiguo Régimen”, una de las obras más completas sobre este tema editada por la Fundación Canal de Isabel II en 2010, recoge que primero la Junta de Fuentes, entre 1610 y 1617, inicio una búsqueda de agua y determinación de pendientes para los viajes que encargaron al maestro de obras de la Corona, el carmelita descalzo Fray Alberto de la Madre de Dios. Una vez identificados, antes de 1630, se construyeron los primeros cinco viajes de agua de Madrid: el de Amaniel por la Junta de Obras y Bosques (1610-1621) y los de Buen Suceso (1612-1618), Fuente Castellana (1613-1630) y Abroñigal Alto y Bajo (1617-1630), por la Junta de Fuentes. Igualmente, en el siglo XVI, con destino exclusivo al Palacio del Buen Retiro se construyeron dos viajes de agua más. Uno de los depósitos de almacenamiento en superficie se llevó a cabo en 1636 (actual Estanque del Retiro). En la segunda mitad de la centuria se completaron los viajes de Conteras y Alcubilla, que fueron una ampliación del viaje Fuente Castellana.

Pedro de Sevilla Muñoz “el mozo”, fue el arquitecto, maestro de obras y maestro fontanero de Madrid más activo durante el siglo XVII, con actuaciones que abarcaron desde 1623 a 1675. Sus obras más destacadas fueron el Viaje de Contreras, refuerzo del de La Castellana, y las del arroyo Abroñigal, así como catorce fuentes y pilones que mejoraron la distribución de agua.

Detalle del viaje del agua de Amaniel. Ayuntamiento de Madrid
Detalle del viaje del agua de Amaniel. Ayuntamiento de Madrid

A partir del siglo XVIII, con la llegada de la dinastía Borbón, en todas sus facetas más centralista, la Corona impuso cesiones de sisas a la Junta de Fuentes y recortes de fondos. El mayor interés se centró en reponer el viaje de Amaniel, cuyo destino era abastecer al nuevo palacio que estaba diseñando Sabatini (Palacio Real).

Existe un completísimo inventario de los viajes de agua y fuentes de Madrid, publicado en 1717 por Juan Claudio Aznar de Polanco.

En siglo XIX la población de Madrid y la demanda de agua siguieron creciendo y se arbitraron desde medidas de racionalización del consumo, hasta prospecciones de pozos artesianos de hasta 195 metros de profundidad que, sin embargo, no alcanzaron la capa del Terciario. En 1855 se inauguró el Viaje de la Fuente de la Reina, que captaba agua en El Pardo, que no mejoró la situación. Sus obras se solaparon con las del Canal de Isabel II, iniciado en 1851 y concluido en su primera etapa en 1858, con aguas de superficie procedentes del rio Lozoya, a más de 70 kilómetros. Juan Jiménez Mancha, archivero bibliotecario del Ayuntamiento de Madrid, nos ilustra que la presa del Pontón de la Oliva, cabecera del Canal de Isabel II entonces, la construyeron 1.500 prisioneros carlistas y 300 obreros y que la llegada de esa agua a Madrid en 1858 fue a muy pocas viviendas, dato que deduce de que en 1917 sólo había 13.557 abonados.

Las estructuras de los viajes y el Canal de Isabel II convivieron hasta bien entrado el siglo XX. En 1929 continuaban en servicio los viajes de Alto Abroñigal, Bajo Abroñigal, Castellana, Alcubilla y Amaniel. El progresivo deterioro y razones de salubridad acabaron con los viajes durante la Segunda República. Ingeniería persa que había dado de beber a Madrid durante más de mil años.