La reciente expulsión de tres turistas israelíes del Museo Nacional de Arte Reina Sofia, incluyendo una superviviente del Holocausto, es un hecho aborrecible, inconcebible y abyecto. Solamente la presencia de un personaje de ideas antisemita como el director al frente de este centro, Manuel Segade, puede explicar esta conducta. Nuevamente, España ha pasado todas las líneas rojas y nuestro país se ha convertido en el protagonista, a nivel internacional, de un antisemitismo militante que no tiene parangón en ninguna parte de Europa.
El Gobierno español que preside Pedro Sánchez es el único responsable de esta deriva por haber tolerado desde las más altas instancias y con su discurso político planteamientos absolutamente antisemitas desde el 7 de octubre de 2023, cuando el grupo terrorista Hamás perpetró una brutal matanza contra civiles indefensos de Israel, causando más de 1.200 víctimas israelíes y secuestrando a 251. Sánchez ha tenido el descaro de intentar presentar estos hechos como un ataque de Israel a Gaza, habiéndose convertido a nivel global en el adalid de la causa de los terroristas palestinos y sus nefandas acciones en Oriente Medio.
Ante estos hechos, la Asociación Coordinadora de Organizaciones Judías en España (ACOM) ha anunciado que emprenderá acciones legales contra el Museo, al considerar que la institución ha incurrido en una conducta reiterada de instrumentalización política, discriminación indirecta y posible promoción de narrativas de odio hacia el Estado de Israel y el colectivo judío-israelí, desde un centro público financiado con fondos de todos los españoles. Aparte de estas acciones legales, la institución arrastra a un notable desprestigio desde hace años por la figura de su director que, junto con Ione Belarra, Irene Montero, Pablo Iglesias y el ministro de Exteriores de España, José Manuel Albares, constituyen el núcleo duro de la izquierda antisemita española.
España, como denuncia con acierto, precisión y numerosos hechos el Observatorio contra el Antisemitismo se ha convertido en la punta de lanza del odio a los judíos en Europa y el Museo Reina Sofía, con el antisemita Segade en la dirección, en una referente mundial en pedagogía antisemita. El Reina Sofía ha organizado seminarios con discursos de señalamiento colectivo: el 10 de febrero de 2026 organizó el seminario Gaza y el esteticidio, donde se describió la situación en la Franja de Gaza como «genocidio y ecocidio» y se responsabilizó colectivamente al Estado de Israel de estos actos y otros supuestamente de “naturaleza criminal”. También esta institución ha tolerado protestas politizadas contra Israel, como la del 12 de octubre de 2025, cuando activistas de la izquierdosa y antisionista organización Marea Palestina desplegaron pancartas dentro de la sala del Guernica, obligando al desalojo temporal de visitantes, mientras el museo no actuaba para garantizar la neutralidad institucional.
Mientras se suceden las declaraciones antisemitas de varios miembros del ejecutivo de Sánchez, con su presidente y ministro de Exteriores como máximos exponentes de las mismas, victimizando a los judíos por las supuestas violaciones de los derechos humanos en Gaza, el ambiente en España se está caldeando, tantos en las calles, como vimos con la violenta interrupción de la Vuelta Ciclista España por una horda extremista liderada por algunos líderes de Podemos, como en los medios -el mismo diario El País calificó al juez de Maduro de imparcial 'pese a ser judío’-. Este estado de cosas, que recuerda mucho a los años treinta y cuarenta de Europa, antesala de la llegada de los fascismos al continente, debería llevar a una condena formal, unánime e internacional del Gobierno español, promotor del odio y la violencia hacia los judíos, antes de que sea demasiado tarde para poner coto a esta ola desenfrenada de antisemitismo lacerante. Precisamente en España, donde los judíos fueron expulsados en 1492 por los Reyes Católicos, se producen estos lamentables hechos que dan vergüenza ajena. Pedro Sánchez es el principal culpable, sin lugar a dudas, un aprendiz de Goebbels del siglo XXI.