LA MIRADA DE ULISAS al husmear las páginas de la Historia Universal entiende que los procesos se dan de manera cíclica. Se juega entre la mano dura y lo manisuelto. Cuando existe demasiada laxitud el paso siguiente es caer en la reprimenda violenta. Y viceversa; cuando un régimen impone la rigidez en su gobierno con una exacerbada dureza, la respuesta al paso del nuevo ciclo se basa en lo blando y lo permisivo. Ambas posturas agigantadas en sus manejos traen la debacle. Los extremos resultan viciosos y peligrosos porque en cualquiera de los dos casos la dirección que ejerce el poder no puede mantener las riendas en equilibrio ni en una gestión razonable. Un desbalance lleva al otro extremo, que finalmente conduce al caos o a los excesos que bien conocemos. La imagen del timón se proyecta con claridad: para lograr mantener un control hay que maniobrar de derecha a izquierda según el caso o de izquierda a derecha, para en ambas ocasiones alcanzar la dirección exacta. La operación se realiza de forma automática. Con las riendas sucede lo mismo, se jala de un lado o del otro para poder conservar el rumbo correcto. Se verifica como un asunto nada fácil ya que cualquier desvío introduce una nueva orientación.
En este caso preciso y en los momentos tan dramáticos que padece el mundo, la Mirada de Ulisas anhela enfocarse en un fenómeno que le parece flagrante. Cada vez que el mundo va mal el antisemitismo a ultranza aparece como un asunto de canalizar la rabia, el temor, la envidia, el descontento y todo lo negativo que pueda llevar en su adentro el ser humano. El chivo expiatorio de todos los males tiene nombre propio: el judío. La mirada de Ulisas constata que cada vez que el mundo atraviesa una crisis, el primero en ser afectado y perseguido por los males que aquejan al país y al mundo es el judío, señalado del dedo como el culpable y perseguido para saciar el malestar.
La Mirada de Ulisas hace el parangón con la figura del canario en la mina. El pequeño pájaro cobra relevancia por ser el que advierte sobre la calamidad con anticipación. ¿Será ese el rol que desempeña el judío? Sabe detectar y por lo tanto se ve acusado y acosado por los males ajenos, pero en realidad lo que sucede es que está cantando en voz alta el desastre que se avecina. Y lo curioso es que en su papel de vocero de los males se ve hostigado y ultrajado, como si por matar o quitarle la voz al canario se solucionara el problema. Hay que entender que sólo lo denunció, pero no lo acabó con su expresión de chivatazo. Previene para que se tomen las medidas pertinentes para acabar con los afanes y los deterioros. En definitiva, su función jamás desaparece, porque no se ha podido aniquilar al judío como pueblo, a pesar de todos los malévolos intentos y desafueros. Renace con más fuerza y vitalidad como lo hace el Ave Fénix. La Mirada de Ulisas se pregunta: ¿acaso es el canario el que se transforma en Ave Fénix? Su misión es señalar nuevos y menos tortuosos caminos a la Humanidad con su oda a la vida y su presencia.