¡Basta de medias tintas! En el Foro Económico Mundial de Davos 2026, Javier Milei no se limitó a hablar: desató una revolución ideológica ante los ojos atónitos de la élite global. Frente a los defensores del estatismo, del intervencionismo asfixiante y de las “soluciones” colectivistas que han empobrecido generaciones, el presidente argentino plantó la bandera de la Escuela Austriaca con una fuerza demoledora. Y lo hizo recordándonos que esta tradición no nació en Viena en el siglo XX, sino en la España del siglo XVI, con los escolásticos que ya defendían la acción humana, el libre albedrío y la propiedad privada como pilares irrenunciables de la civilización.
Milei citó con precisión quirúrgica a Murray Rothbard, a Ludwig von Mises, a Israel Kirzner y, por supuesto, a Jesús Huerta de Soto, para proclamar una verdad que retumba como trueno: “Lo justo no puede ser ineficiente, y lo eficiente no puede ser injusto”. ¡Qué golpe al falso dilema que nos han vendido durante décadas! La eficiencia dinámica de la Escuela Austriaca —esa que pone al hombre creativo, al emprendedor, como protagonista absoluto— hace causa común con la justicia ética. No hay contradicción: respetar el derecho de propiedad, el principio de no agresión y la coordinación espontánea del mercado no solo genera riqueza explosiva; es moralmente superior al saqueo estatal, a la redistribución forzada y a los modelos estáticos de la economía clásica que terminan en miseria y opresión.
Mientras los keynesianos y socialistas siguen aferrados a sus ecuaciones muertas y a sus planes quinquenales fallidos, Milei demostró en carne propia —¡en la Argentina de hoy!— que abandonar el socialismo, el déficit crónico y la dependencia de la “ayuda social” produce resultados maravillosos. Inflación controlada, pobreza en caída libre, inversión regresando a raudales, crecimiento sostenido por el trabajo duro, el ahorro y la iniciativa individual. ¡Eso es lo que pasa cuando se libera al león!
Philipp Bagus lo ha bautizado con acierto fulminante: “La Era Milei”. No es una exageración. Estamos viviendo el despertar libertario que transforma Hispanoamérica y obliga a Occidente entero a replantearse todo. Milei no solo difunde estas ideas en el corazón del Foro que durante años promovió el Gran Reset y el control centralizado; las aplica con coraje inquebrantable. Y los resultados hablan solos: Argentina se convierte en el laboratorio viviente que prueba que el capitalismo de libre empresa —basado en derechos fundamentales, creatividad emprendedora y división del trabajo— es el único camino hacia la prosperidad real y duradera.
En Davos, Milei recordó a Xenofonte y Adam Smith para mostrar cómo la acumulación de capital y el espíritu emprendedor multiplican la riqueza; atacó sin piedad las regulaciones que matan los rendimientos crecientes; y sentenció que el socialismo es catastrófico, como lo demuestra Venezuela y como lo sufrimos nosotros mismos hasta hace poco.
Este siglo XXI ya no pertenece a los burócratas ni a los parásitos mentales de la izquierda. Pertenece a la libertad. Milei ha encendido la mecha: una nueva revolución que reducirá al Estado —si es que sobrevive— a mero árbitro del derecho de propiedad. El mundo privilegiado de Davos escuchó el mensaje. Ahora le toca decidir: ¿seguir aferrado al pasado intervencionista que genera pobreza e injusticia, o unirse a esta Era Milei que promete justicia, eficiencia y libertad para todos?
¡Viva la libertad, carajo!
Milei citó con precisión quirúrgica a Murray Rothbard, a Ludwig von Mises, a Israel Kirzner y, por supuesto, a Jesús Huerta de Soto, para proclamar una verdad que retumba como trueno: “Lo justo no puede ser ineficiente, y lo eficiente no puede ser injusto”. ¡Qué golpe al falso dilema que nos han vendido durante décadas! La eficiencia dinámica de la Escuela Austriaca —esa que pone al hombre creativo, al emprendedor, como protagonista absoluto— hace causa común con la justicia ética. No hay contradicción: respetar el derecho de propiedad, el principio de no agresión y la coordinación espontánea del mercado no solo genera riqueza explosiva; es moralmente superior al saqueo estatal, a la redistribución forzada y a los modelos estáticos de la economía clásica que terminan en miseria y opresión.
Mientras los keynesianos y socialistas siguen aferrados a sus ecuaciones muertas y a sus planes quinquenales fallidos, Milei demostró en carne propia —¡en la Argentina de hoy!— que abandonar el socialismo, el déficit crónico y la dependencia de la “ayuda social” produce resultados maravillosos. Inflación controlada, pobreza en caída libre, inversión regresando a raudales, crecimiento sostenido por el trabajo duro, el ahorro y la iniciativa individual. ¡Eso es lo que pasa cuando se libera al león!
Philipp Bagus lo ha bautizado con acierto fulminante: “La Era Milei”. No es una exageración. Estamos viviendo el despertar libertario que transforma Hispanoamérica y obliga a Occidente entero a replantearse todo. Milei no solo difunde estas ideas en el corazón del Foro que durante años promovió el Gran Reset y el control centralizado; las aplica con coraje inquebrantable. Y los resultados hablan solos: Argentina se convierte en el laboratorio viviente que prueba que el capitalismo de libre empresa —basado en derechos fundamentales, creatividad emprendedora y división del trabajo— es el único camino hacia la prosperidad real y duradera.
En Davos, Milei recordó a Xenofonte y Adam Smith para mostrar cómo la acumulación de capital y el espíritu emprendedor multiplican la riqueza; atacó sin piedad las regulaciones que matan los rendimientos crecientes; y sentenció que el socialismo es catastrófico, como lo demuestra Venezuela y como lo sufrimos nosotros mismos hasta hace poco.
Este siglo XXI ya no pertenece a los burócratas ni a los parásitos mentales de la izquierda. Pertenece a la libertad. Milei ha encendido la mecha: una nueva revolución que reducirá al Estado —si es que sobrevive— a mero árbitro del derecho de propiedad. El mundo privilegiado de Davos escuchó el mensaje. Ahora le toca decidir: ¿seguir aferrado al pasado intervencionista que genera pobreza e injusticia, o unirse a esta Era Milei que promete justicia, eficiencia y libertad para todos?
¡Viva la libertad, carajo!