Los colores del prisma

Colombia votó. Ahora hay que gobernarla

La democracia colombiana vivió ayer domingo una jornada histórica. Las urnas hablaron para elegir presidente de la República periódico 2026 – 2030 y lo hicieron con una participación ciudadana sin precedentes, en un país donde el voto volvió a expresar no solo una preferencia política, sino una voluntad colectiva de incidir en el rumbo nacional.

Las urnas definieron una reñida contienda entre el abogado y empresario Abelardo de la Espriella, acompañado en la vicepresidencia por el economista José Manuel Restrepo como ganadores, y en la otra esquina el senador Iván Cepeda, cuya compañera de fórmula fue la dirigente indígena Aída Quilcué. Sin embargo, los votos no resolvieron los problemas que dividieron a Colombia durante la campaña.

La jornada dejó en evidencia una nación movilizada y dividida que salió a votar, pero también una sociedad marcada por tensiones acumuladas durante años. La polarización política, alimentada desde distintos sectores de la derecha y de la izquierda, continúa siendo uno de los principales desafíos para la gobernabilidad.

La primera tarea será construir puentes. Las elecciones establecen ganadores y perdedores, pero ninguna democracia se sostiene si convierte las diferencias políticas en barreras permanentes. El país necesita recuperar la capacidad de diálogo, deliberación y acuerdo, sin que ello implique renunciar a las convicciones. Gobierno y oposición deben asumir que no son enemigos, sino expresiones distintas dentro de un mismo sistema democrático.

La segunda tarea para el mandatario electo es la gobernabilidad. Ganar una elección no equivale necesariamente a contar con mayorías suficientes en el Congreso para aprobar reformas, impulsar políticas públicas o ejecutar transformaciones profundas. El nuevo presidente deberá demostrar capacidad para construir consensos legislativos, negociar con distintas fuerzas políticas y convertir la victoria electoral en capacidad real de gobierno.

A ello se suma una realidad inevitable: la política no se detiene con el cierre de las urnas. El presidente Gustavo Petro continuará siendo una figura de influencia en la vida pública nacional, con capacidad de incidencia pública y movilización social. Al mismo tiempo, Iván Cepeda, que obtuvo el segundo lugar, asumirá un papel institucional relevante como voz de oposición en el Senado, con presencia en el escenario legislativo, desde donde podrá representar a una porción significativa del electorado.

La democracia colombiana exige que estas tensiones se procesen dentro de las reglas institucionales, no a través de la deslegitimación del adversario porque la jornada electoral deja responsabilidades. El nuevo presidente deberá demostrar las condiciones de transparencia, rectitud y probidad que deben ser faro en las decisiones de gobierno. La confianza ciudadana no se agota en el acto electoral; se sostiene en la coherencia entre el discurso y la acción.

Por su parte, el candidato derrotado deberá consolidar su papel como actor de oposición democrática, reafirmando el sentido de su trayectoria pública como negociador en procesos de paz y desmarcándose con claridad de las interpretaciones y señalamientos que buscan vincularlo a estructuras o dinámicas ajenas a su labor política. En democracia, la legitimidad de la oposición es tan importante como la del gobierno.

Pero la verdadera historia de esta elección no está solo en sus protagonistas. Está en el país que los eligió. En los jóvenes que buscan oportunidades laborales. En los trabajadores informales que esperan dignidad económica. En los empresarios que requieren estabilidad para invertir. En las familias preocupadas por la seguridad, la educación y el costo de vida.

El presidente que asumirá el próximo 7 de agosto no llegará a administrar la normalidad. Llegará a solucionar tensiones. Tendrá que enfrentar desafíos estructurales en materia de seguridad, empleo, pobreza, informalidad, crecimiento económico, sostenibilidad fiscal y confianza institucional.

Las urnas resolvieron quién gobierna. Lo que sigue sin resolverse es cómo reconstruir consensos en una sociedad profundamente dividida. La campaña terminó. El verdadero examen apenas comienza. Y en eso juega un papel definitivo el empalme que debe propiciar el huésped de la Casa de Nariño que se va. Comentarios y opiniones a jorsanvar@yahoo.com de la Red Internacional de Periodistas RIP.