En una operación militar que deja más dudas que respuestas, las fuerzas estadounidenses, en una operación militar precisa y contundente, tomó como rehenes al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flóres.
Hablo de dudas, pues uno se pregunta, si Venezuela cuenta con una de las fuerzas militares más poderosas del continente, ¿cómo dejaron que los aviones gringos, sobrevolaran el cielo de Caracas? ¿La aprehensión del presidente de Venezuela y su mujer fue producto de un acuerdo entre Trump y Maduro? ¿Fue una traición por parte de algunos altos mandos militares y/o políticos venezolanos?
Lo cierto es que hoy Nicolás Maduro y su mujer están presos en una cárcel de Brooklyn, esperando, según Trump, un juicio por narcoterrorismo.
Hoy, la pregunta que está sobre el tapete, no es el futuro de Maduro, sino el destino del pueblo venezolano.
Podemos estar de acuerdo o no con la caída Maduro, pero jamás con los métodos utilizados por Estados Unidos, que violan el derecho internacional promulgado por la Carta de las Naciones Unidas.
La operación llamada “Resolución Absoluta” -Absolute Resolve-, que nos recuerda la “Solución final” emanada por Hitler contra los judíos, fue perfecta militarmente (como una película de Hollywood), pero es equivocada políticamente.
Desde el comienzo de su mandato, Trump está violando la soberanía de los países del mundo. En los primeros meses de su gobierno, pidió anexar a Canadá, irrespetando la soberanía del pueblo norteamericano; amenazó con tomarse a Groenlandia, pasando por encima de Dinamarca; puso en jaque la administración de Panamá, al pretender tomarse el canal por la fuerza; y su último exabrupto: invadir militarmente el Caribe, poniendo en riesgo la paz y estabilidad de los países latinoamericanos.
Con la política internacional de Estados Unidos, no es descabellado afirmar que hoy el mundo está enfrentado a un peligro inminente por parte de un gobierno autoritario y fascista.
En la alocución de Trump y su equipo de colaboradores, hubo más mentiras que verdades. Detrás de la lucha contra el narcoterrorismo, Trump aclaró su interés real por el petróleo y los recursos naturales del país hermano.
La otra gran mentira es que los Estados Unidos impondrán un gobierno de transición (desde afuera), con la ayuda de la presidente encargada, Delcy Rodríguez.
En primer lugar, hay que aclarar que Trump le dio un golpe letal a Maduro, pero no a las fuerzas militares venezolanas, que siguen intactas, ni al pueblo venezolano que reaccionó discrecionalmente ante la violación a la soberanía de su país.
Para que Trump gobierne a Venezuela, deberá organizar una nueva operación militar en tierra firme. Cuestión que no creo que esté en sus planes. Una nueva intromisión violenta al país hermano, implicaría una guerra sin precedentes en suelo venezolano.
Además, los países aliados de Venezuela en el continente -Colombia, México, Brasil Cuba, Chile y Uruguay-, y en el mundo -España, Rusia, China, India e Irán-, reaccionarían ante una nueva amenaza bélica por parte de Estados Unidos.
No es una exageración decirlo, pero el ‘narcisista primario’ de Donald Trump, como lo llama el escritor Fernando Cruz Kronfly, está conduciendo al mundo a la tercera guerra mundial.
Queremos que sean los mismos venezolanos quienes resuelvan su problemática social y política. Ante la crisis actual, se necesita conformar en Caracas un gobierno que organice unas elecciones libres con la veeduría de las Naciones Unidas.
Ante la agresión militar de Trump contra Venezuela, necesitamos una América latina unida y sólida que defienda a Venezuela y a los países de la región, de futuras invasiones bélicas a nuestro continente.