Cuando fuimos peces

Analfabestias y Menestros

Hay días en que uno se levanta con la sospecha —casi certeza— de que el idioma, ese viejo amigo que nos acompaña desde que balbuceamos, está siendo víctima de una banda organizada de analfabestias y menestros que lo maltratan sin piedad. Mi memoria, que ya empieza a tener la textura de un calcetín muy usado, me trae a colación aquel chascarrillo rural: la maestra, con toda su buena voluntad, enseñando a leer a los críos. “La m con la o, mo; la t con la o, to… y ahora, chicos, todo junto”. Y los zagales, entusiasmados, gritaban al unísono: ¡¡¡AMOTO!!!.

Años después, un viejo profesor de mecanografía — de esos que imponían respeto solo con el golpe seco de la barra espaciadora, que sonaba como un latigazo de monja — casi se nos desmaya cuando una compañera soltó un solemne “bajo mi punto de vista”. Que si calco del francés, que si mezcla indebida, que si “desde mi punto de vista”, “a mi juicio”, “en mi opinión”. El hombre no sabía si corregir la frase o llamar a emergencias lingüísticas.

También recuerdo el bochorno de un doctorando en plena defensa de tesis cuando una “miembra” del tribunal le recriminó su “a grosso modo”. Que si la locución latina es invariable, que si sin preposición, que si grosso modo y punto. El pobre estuvo a un paso de pedir refugio político en el departamento de Filología Clásica.

Y ahora, en estos tiempos de Tour de Francia, mis orejas ya se han acostumbrado a escuchar a Perico Delgado hablar de “condiciones climatológicas adversas”. Se lo perdono: Perico es un campeón y puede describir las penalidades del pelotón como le dé la gana. Pero que un ministro del Gobierno de España, con toga, puñetas y solemnidad de notario en domingo, salga diciendo que “las condiciones climatológicas de los incendios son adversas” eso ya es para sacarle tarjeta roja, mandarlo a la esquina y ponerle unas orejas de asno bien grandes. climatología adversa es un uso pomposo: climatología es el estudio del clima; lo que es adverso es el clima o las condiciones climáticas, no su ciencia.

Aunque, siendo sinceros, ¿qué os apostáis a que la RAE acaba incorporando todas estas perlas al diccionario? No por convicción, sino para no dejar en evidencia a tanto analfabestia que pace por estos pagos. Total, el idioma siempre ha sido generoso: aguanta carros, carretas y, últimamente, también: miembros y  miembros,  y  “amotos”.