En son de luz

Alrededores

Me fui anoche a dormir con unas cifras en la cabeza, las escuché en un canal de TV francés y se referían a los campos para desplazados forzados de Sudán, a los datos de la ACNUR (Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados) y en particular a los millones de personas afectados por la hambruna generada por la violencia de un conflicto interminable, agravada por los desastres del clima. La ayuda alimentaria internacional alcanza sólo para cuatro de cada diez refugiados en los campos de tiendas de campaña del Darfur. 

Pienso en lo poco que se habla de este rincón, este alrededor atroz de esa globalidad que tanto se subraya, tan selectiva en la información y tan manipulada, por ejemplo, por nuestro presidente viajero, a quien un apretón de manos con el supremo dictador chino o un embajador para Teherán le sirven para echar humo sobre las corrupciones de su entorno, del que o tapa lo que sabe o cubre su incumplimiento del deber de vigilar a esos íntimos a quienes nombró y ahora desconoce. 

A la mañana siguiente, desayuno absorto en un canal de TV europeo a la interpretación de la sexta sinfonía de Beethoven por la Sinfónica de Viena (músicos de rigurosa etiqueta), y a continuación a la Orquesta Libre de Ucrania (músicos en camiseta y vaqueros) que interpretan La Novena y su himno de la alegría. Me anima escuchar como con su música por su país. 

Por asociación, me pregunto si alguna vez los iraníes han podido reunirse en paz en una sala de conciertos (si es que existe alguna para ellos), simplemente para escuchar música interpretada por músicos de Irán, en un país donde sus dictadores islamistas persiguen y masacran a cualquiera que se oponga al imperio de la más radical Sharía y que dedican el presupuesto a fabricar los misiles lanzados desde hace años por terroristas interpuestos sobre Israel o vendidos a Rusia para la destrucción de Ucrania, así como a  enriquecer uranio, ese material que despierta la ambición del loco de Washington, a quien poco parece importar la vida de los iraníes, a quienes bombardea ya sin distinción.

No hacen falta pues muchas sesiones de news televisivas para sentir como se pone el acento en algunos de nuestros alrededores globales, seleccionando aquellos que alguien decide que han de ser importantes para nosotros los televidentes, actualmente, sobre todo, el precio del barril de Brent y la gasolina en nuestro surtidor. 

Mientras tanto en la ciudad del Islam, que eso significa Islamabad, nos dicen que la negociación de la paz entre Teherán y Washington en Pakistán, una nación que (gracias a Abdul Qadeer Khan, un científico formado en Holanda y Bélgica que ayudó también a Irán y Corea del Norte a tener armas nucleares) dispone de casi tantas ojivas nucleares como la India, con la que mantiene un conflicto, con víctimas que desde hace décadas ya no se cuentan, en Cachemira, ese otro alrededor del que parece cansino hablar. 

¡Qué coincidencia que, en la pacífica capital de ese alrededor de nuestra globalidad, se reúnan los belicistas de Trump con los representantes de la dictadura iraní para forjar un acuerdo de paz!

Sabemos desde ayer que no parece que los alrededores de Oriente Medio se vayan a beneficiar de ese encuentro, donde lo último que cuenta son las vidas de las familias iraníes que se están desplazando masivamente fuera de Teherán y de los puntos calientes de esta guerra.

Las jóvenes kurdas iraníes, que se entrenan en sus batallones en la frontera norte entre Irak e Irán para participar en la esperada liberación contra la dictadura de los ayatolás, es posible que entren en su país y lo intenten. Sólo podemos desearles suerte en esa empresa.