Organizaciones como SEO/BirdLife advierten que las actuales propuestas bajo discusión incluyen excepciones y retrasos que podrían debilitar una medida considerada urgente tanto por razones sanitarias como medioambientales.
La evidencia científica acumulada en los últimos años confirma que el plomo es una sustancia altamente tóxica para la que no se ha identificado un umbral de exposición seguro. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria ha reiterado en sus informes más recientes que este metal pesado representa un riesgo crítico de neurotoxicidad, especialmente preocupante en el caso de bebés y niños pequeños. En este contexto, la persistencia del plomo en actividades recreativas se percibe como una contradicción respecto a su eliminación previa en otros sectores como las gasolinas o las pinturas.
Riesgos para la salud pública y el consumo de carne de caza
Uno de los puntos más críticos señalados por los expertos es la exposición humana a través de la alimentación. Informes de la autoridad europea identifican la carne de caza silvestre, como el ciervo o el jabalí, y los embutidos elaborados con estas piezas como fuentes directas de ingesta de plomo debido a la fragmentación de la munición. En España, el Comité Científico de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición ya recomendó hace años evitar estos alimentos en poblaciones vulnerables, incluyendo a mujeres embarazadas y menores de siete años.
Estudios realizados por el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos han detectado niveles elevados de este metal en productos como chorizos y salchichones de caza. Los responsables de SEO/BirdLife subrayan que no se trata de un debate ideológico, sino de una cuestión de salud pública. Defender la permanencia de munición tóxica cuando existen alternativas técnicas viables es calificado por la organización como una irresponsabilidad que afecta directamente a la seguridad de los consumidores.
Un impacto devastador en la biodiversidad y los ecosistemas
El uso de plomo genera además una amenaza ecológica sistémica. Se estima que cada año mueren en la Unión Europea más de un millón de aves por intoxicación tras ingerir perdigones confundidos con alimento o pequeñas piedras necesarias para su digestión. Aunque su uso ya está restringido en humedales protegidos, el metal sigue acumulándose en suelos y sedimentos de todo el territorio, incorporándose a la cadena trófica y afectando gravemente a especies acuáticas.
El problema se extiende también a las aves rapaces y carroñeras. Especies como buitres o águilas sufren intoxicaciones secundarias al alimentarse de restos de animales abatidos que contienen fragmentos de plomo. Esta contaminación acumulativa reduce la capacidad de reproducción y supervivencia de poblaciones clave para el equilibrio de los ecosistemas.
Por ello, la organización conservacionista insta al Gobierno de España a mantener una posición firme en Europa para lograr una transición verde que elimine definitivamente este contaminante del medio natural.