La deuda mundial nunca había sido tan elevada. Gobiernos, empresas y hogares acumulan ya cerca de 348 billones de dólares de deuda —unos 320 billones de euros al cambio actual—, una cifra histórica que vuelve a encender las alarmas sobre la sostenibilidad financiera de las principales economías del planeta.
El dato procede del último informe Global Debt Monitor del Instituto Internacional de Finanzas (IIF), considerado uno de los principales organismos de análisis financiero a nivel internacional. Según sus cálculos, la deuda global aumentó en casi 29 billones de dólares durante 2025, el mayor incremento anual desde la pandemia.
El economista José Ramón Riera ha advertido esta semana, a raíz de estos datos, de que la economía internacional afronta un escenario cada vez más delicado por la combinación de deuda récord, inflación persistente y altos tipos de interés. Un diagnóstico que coincide parcialmente con las preocupaciones que vienen trasladando organismos financieros internacionales y grandes bancos de inversión.
La deuda mundial ya supera tres veces el PIB global
Uno de los aspectos que más preocupa a los analistas es la magnitud del endeudamiento respecto a la riqueza real generada por la economía mundial.
El volumen total de deuda equivale actualmente a algo más del 300% del PIB global, es decir, más de tres veces toda la producción económica anual del planeta.
El incremento no procede únicamente de los Estados. Aunque el endeudamiento público sigue siendo el principal motor del crecimiento de la deuda, también se mantienen en máximos históricos la deuda empresarial y la de los hogares.
Según el IIF, la deuda pública mundial supera ya los 106 billones de dólares, mientras que la deuda corporativa ronda los 100 billones y la de los hogares se sitúa cerca de los 65 billones.
Estados Unidos, China y la eurozona concentran buena parte del aumento registrado en el último año.
Los tipos de interés cambian el escenario económico
El contexto financiero actual es muy diferente al vivido entre 2015 y 2021, cuando gran parte de las economías occidentales convivían con tipos de interés cercanos a cero.
La lucha de los bancos centrales contra la inflación ha provocado un fuerte endurecimiento monetario. Estados Unidos mantiene rentabilidades cercanas al 4,5% en su deuda soberana a largo plazo, mientras Alemania supera ampliamente el 2% y España se mueve alrededor del 3,5%-4% dependiendo de los plazos y emisiones.
Este cambio tiene consecuencias directas sobre familias, empresas y Estados.
Por un lado, los gobiernos deben destinar cada vez más recursos al pago de intereses. Por otro, las empresas encuentran más caro financiar inversiones y los hogares reducen el consumo financiado mediante crédito.
Diversos analistas internacionales vienen advirtiendo precisamente de un enfriamiento progresivo de la economía global derivado de este endurecimiento financiero. El propio IIF alerta de que las necesidades de refinanciación de deuda alcanzarán niveles récord durante 2026, especialmente en mercados emergentes.
El temor a una desaceleración económica gana fuerza
Las previsiones de crecimiento para los próximos meses empiezan a moderarse en buena parte de las economías desarrolladas.
Grandes entidades financieras internacionales como JP Morgan, Bank of America o Goldman Sachs han venido señalando durante los últimos trimestres el riesgo de una desaceleración global si se mantienen elevados los costes de financiación y persiste la debilidad del consumo.
El impacto puede ser especialmente relevante porque el consumo privado representa la mayor parte del PIB en economías occidentales como Estados Unidos o España. Cuando las familias destinan más dinero a hipotecas, préstamos o ahorro preventivo, el gasto tiende a moderarse.
Además, sectores altamente dependientes del crédito —como la vivienda, el automóvil o parte de la industria— suelen resentirse rápidamente en escenarios de tipos altos.
España, pendiente del coste de financiar su deuda
En el caso español, el aumento de los intereses preocupa especialmente por el elevado nivel de deuda pública acumulada tras la pandemia y los sucesivos paquetes de gasto público.
España cerró 2025 con una deuda pública cercana al 102% del PIB, según los últimos datos oficiales del Banco de España y Eurostat. Aunque el ratio se ha reducido respecto a los máximos alcanzados durante la crisis sanitaria, el encarecimiento de la financiación amenaza con elevar el coste presupuestario del pago de intereses durante los próximos años.
De hecho, el Tesoro español ya está pagando tipos significativamente superiores a los de hace apenas tres años en sus nuevas emisiones de deuda.
Los expertos llaman a la prudencia financiera
En este contexto, varios economistas recomiendan prudencia tanto a familias como a empresas ante un escenario marcado por mayor incertidumbre y financiación más cara.
La recomendación más repetida pasa por evitar un sobreendeudamiento excesivo, especialmente en créditos a tipo variable o préstamos de consumo, y reforzar la capacidad de ahorro ante posibles escenarios de desaceleración económica.
Aunque los mercados financieros siguen mostrando fortaleza y no existe consenso sobre una recesión inmediata, sí aumenta el número de analistas que consideran que el ciclo económico mundial ha entrado en una nueva fase marcada por crecimiento más moderado, deuda elevada y tipos de interés estructuralmente más altos que en la última década.