Economía

El Club de Exportadores alerta de que la Unión Europea se descuelga de la carrera tecnológica frente a Estados Unidos, China y Corea

El Club de Exportadores ha alertado de que la brecha de crecimiento entre Estados Unidos y la Unión Europea se ha duplicado desde principios de siglo, alcanzando ya el 30%. Una nota técnica dirigida por la catedrática Isabel Álvarez urge a aplicar el 'Informe Draghi' para frenar el desplome de la productividad.

Cuaderno de productividad con lista de tareas pendientes - Imagen de Jakub Zerdzicki de Pexels
photo_camera Cuaderno de productividad con lista de tareas pendientes - Imagen de Jakub Zerdzicki de Pexels

El Club de Exportadores e Inversores Españoles ha emitido una seria advertencia macroeconómica al desvelar que el diferencial de crecimiento entre la economía de los Estados Unidos y la de la Unión Europea se ha duplicado en las últimas dos décadas, pasando de representar una distancia del 15% a principios de siglo al 30% registrado en la actualidad.

Esta es una de las principales conclusiones que se desprenden de la nota técnica titulada 'La competitividad europea en un contexto de transformaciones globales: diagnóstico estructural, estrategia industrial e implicaciones para España'. El documento ha sido elaborado de forma minuciosa por Isabel Álvarez, catedrática de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid y directora del Instituto Complutense de Estudios Internacionales, quien detalla cómo la pérdida de tracción en los mercados exteriores amenaza directamente el bienestar y la riqueza del bloque comunitario.

El estancamiento tecnológico y la brecha crónica de productividad

El análisis elaborado por Álvarez, que toma como base metodológica los informes estratégicos encargados en 2024 por la Comisión Europea a Enrico Letta y Mario Draghi, certifica que la Unión Europea viene mostrando síntomas inequívocos de erosión en sus bases tradicionales del crecimiento (como el acceso a energía barata, la estabilidad geopolítica y la expansión del comercio internacional) desde el arranque del siglo XXI.

Esta situación se traduce en una ralentización constante del Producto Interior Bruto (PIB) y una pérdida de dinamismo frente a otros grandes competidores mundiales. Lejos de responder a factores meramente coyunturales o crisis pasajeras, la divergencia tiene una raíz estructural vinculada a la eficiencia laboral, situando la productividad media de la Unión Europea en apenas el 80% de la que ostenta la potencia norteamericana, una distancia insalvable que se ha visto agravadaen el periodo posterior a la pandemia.

Uno de los principales cuellos de botella identificados radica en la débil capacidad tecnológica y el retraso en el despliegue digital de las firmas de la eurozona, debido a que la estructura productiva sigue volcada en sectores de baja y media intensidad sin apenas presencia en tecnologías como la Inteligencia Artificial, la computación cuántica, los semiconductores o la robótica avanzada.

El informe aporta un dato demoledor en el plano de la capitalización de los mercados de valores: ninguna compañía tecnológica de origen europeo que haya sido creada desde cero en los últimos 50 años ha logrado superar la barrera de los 100.000 millones de dólares de valoración. En un escenario diametralmente opuesto, el entorno empresarial estadounidense cuenta actualmente con seis corporaciones tecnológicas líderes que rebasan la histórica valoración del billón de dólares cada una. 

A esto se añade que el índice de innovación sitúa a la UE únicamente como un innovador moderado por detrás de China o Corea del Sur, habiendo empeorado su puntuación en 2025 respecto al año anterior. Esta debilidad se explica por una fragmentación financiera donde el capital riesgo europeo apenas aporta un 5% de recursos a los emprendedores emergentes, lo que supone una brecha de 82 puntos porcentuales menos que en Estados Unidos.

Asimismo, influye la falta de un gasto público coordinado, ya que en la UE solo el 10% del presupuesto de I+D se ejecuta a escala comunitaria, mientras que en Estados Unidos la mayor parte se despliega a nivel federal.

Por último, el bloque sufre un déficit de capital humano cualificado agravado por una población activa potencial que sigue una senda descendente desde 1990.

La inacción política ante el Informe Draghi 

Ante este retroceso competitivo, el Club de Exportadores ha denunciado la parálisis institucional que sufren las recomendaciones formuladas en el célebre Informe Draghi. Dicho documento ponía el foco en la necesidad de atajar las vulnerabilidades de la doble transición verde y digital, que intensifica la demanda de materias primas críticas controladas por China (como el litio, el níquel o el cobalto) y que motivó la aprobación de la Ley de Materias Primas Fundamentales.

Para revertir la tendencia, Draghi propuso una estrategia articulada en tres pilares: cerrar la brecha de innovación mediante proyectos de interés común (IPCEI), adoptar la descarbonización como eje mediante una Unión Energética y reformar el mercado eléctrico, y diseñar una política industrial de defensa conjunta. Sin embargo, la realidad regulatoria es muy distinta y, un año después de su presentación, la Unión Europea apenas ha materializado un exiguo 15% de las medidas sugeridas según los registros del indicador Draghi tracker.

Los retos de España

El documento advierte de que España, a pesar de registrar un comportamiento macroeconómico expansivo reciente , comparte de manera idéntica los mismos problemas estructurales que lastran al conjunto de la Unión Europea. El principal reto para el tejido económico español consiste en consolidar su actual ciclo de crecimiento sobre una senda sostenible a largo plazo fundamentada en la digitalización, la innovación científica y la industria verde.

Los datos del estudio revelan que el sector industrial representa actualmente alrededor del 16% del valor añadido bruto del país, mientras que las manufacturas puras suponen el 10%. Estas cifras se encuentran muy alejadas del 23% que exhibe Alemania y por debajo del objetivo de la UE de alcanzar el 20% del PIB para el año 2030. La manufactura nacional adolece de una baja especialización en alta tecnología y concentra el 40% de su valor añadido en sectores tradicionales como la alimentación, la metalurgia, la química y los vehículos de motor, compensado parcialmente por el buen comportamiento de los servicios avanzados.

Asimismo, la inversión del Estado en Investigación y Desarrollo (I+D) continúa instalada en niveles insuficientes al suponer el 1,50% del PIB , una cifra muy inferior al 2,3% de la media comunitaria y a años luz del 5% del PIB que inyecta una potencia tecnológica como Corea del Sur. Del mismo modo, por cultura, tradición y un marco regulatorio poco alentador, el sector privado español muestra un perfil inversor prudente, ejecutando únicamente el 55,7% del gasto interno total destinado a la innovación tecnológica. El resto del esfuerzo en I+D se reparte entre las instituciones de enseñanza superior, que ejecutan casi el 25%, y la Administración Pública con el 19%.

Las recomendaciones de Isabel Álvarez

Frente a estas debilidades, la opinión experta recabada por el Club de Exportadores propone reformas institucionales urgentes para España. En el plano laboral, se reclama un Plan nacional de anticipación del talento que agilice la formación según la demanda del mercado y el impulso de alianzas flexibles entre universidades y empresas.

En el ámbito de la gestión pública, los analistas defienden la necesidad de reforzar el Centro para el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (CDTI) como una agencia transversal desvinculada de estructuras ministeriales fragmentadas.

También recomiendan la ampliación de los fondos asociados a los PERTE para convertirlos en proyectos tractores movilizadores similares al modelo de éxito de Airbus en sectores como la defensa, los cables submarinos y la energía, facilitando vehículos regulatorios que logren canalizar de forma inteligente el ahorro privado hacia la innovación.

Finalmente, en materia de descarbonización, los expertos recuerdan que aunque España tiene una fortaleza indiscutible al generar el 56,8% de su electricidad con fuentes renovables, sufre una falta significativa de capacidad de almacenamiento energético. Para solucionarlo, instan a diseñar una estrategia coherente que entienda la generación de energía limpia y la capacidad industrial como un tándem indisoluble, apostando por la inversión en infraestructuras nacionales de hidrógeno verde y eólica marina para consolidar la soberanía tecnológica del país.