Disfrutamos de la feliz posibilidad de la comunicación por medio de la palabra escrita. Nos sirve para difundir, para comunicar, para debatir. Con ella damos fe de los más importantes acontecimientos y es el legado entre generaciones para sellar hechos y acontecimientos que permitan el conocimiento de la historia. Visibilidad, el gran reto, el proyecto de Notting Hill Cultural trabaja y defiende que ese privilegio de la humanidad, la escritura, tenga el respeto lingüístico de obligado cumplimiento. Una escritora valenciana, miembro de este proyecto que apuesta por la calidad literaria, Emily S. Smith, ha escrito un artículo que parece interesante y aleccionador para los lectores de El Diario de Madrid. Por ello le hemos pedido a Emily que comparta con nosotros sus palabras:
—La literatura es un arte que consiste en crear belleza con el lenguaje, tanto oral como escrito; esto se consigue expresando emociones, narrando historias, comunicando ideas… La escritura nació mucho antes que la literatura como una herramienta para contar las mercancías almacenadas, los rebaños o las armas. Su cuna chica fue Mesopotamia y los indicios más antiguos son las arcillas de Uruk, cuyas dataciones oscilan entre 5500 y 5000 años. En esta carrera por las primeras letras seguramente China tendrá mucho que decir en un futuro si se excavan las muchísimas zonas vírgenes que esconde. Las cerámicas Yangshao datan de unos entre 5000 y 4000 años, revelando una forma de escritura aún por descubrir.
¿Quién fue el primer escritor de la historia de la humanidad? Tras el uso de las letras como instrumento mercantil, se utilizaron para resguardar ritos religiosos, tradiciones, leyendas, relación con la divinidad… pero la primera escritora que afirmó: “Rey mío, algo se ha creado que nadie ha creado antes” fue Enheduanna, la princesa sacerdotisa. La historia de Enheduanna está oscurecida por las brumas del tiempo, gran parte de ella se la debemos al arqueólogo británico sir Leonard Woolley. En 1926, excavando en la antigua ciudad sumeria de Ur encontró el que llamó “disco de Enheduanna”, porque en él se podía leer: "Enheduanna, sacerdotisa-zirru, esposa del dios Nanna (dios sumerio de la luna), hija de Sargón, rey del mundo, en el templo de la diosa Inanna". El nombre de Enheduanna es una curiosa combinación de palabras en sumerio "en", que significa sacerdote, "hedu", que significa adorno, y "ann", que sería cielo. Su nombre vendría a ser: "Suma Sacerdotisa, Ornamento del dios del Cielo".
Enheduanna fue hija del primer rey de Acadia Sargón I. Asumió la responsabilidad de unificar los panteones sumerio y acadio para lograr la estabilidad que necesitaba el joven imperio fundado por su padre. También se le atribuye la creación de las bases de la poesía, los salmos y las oraciones que marcarían los ritos religiosos de la antigüedad. Según el historiador sajón Paul Kriwaczek, sus composiciones fueron durante siglos el modelo de las plegarias para muchas religiones. Para los sumerios la escritura procedía de los dioses y la diosa Innana la robó al dios de la sabiduría para dársela a la humanidad.
Enheduanna era devota de la diosa de la guerra y de la fertilidad, que fueron la Innana sumeria y la Ishtar acadia. Escribió poemas exaltando a la diosa y pidiendo ayuda, como: Inninsagurra (La señora del gran corazón), Ninmesarra (La exaltación de Inanna) e Inninmehusa (Diosa de los poderes aterradores). Son himnos considerados por los investigadores como los primeros intentos de establecer una teología ordenada.
Los textos compuestos por Enheduanna se han reconstruido a partir de 37 tablillas descubiertas en las ciudades de Ur y de Nippur, que datan del período Ur III (hacia 2112 a.C.-2004 a.C.). Esta colección se conoce como Los himnos de los templos sumerios.