Desde su libro de poemas, Canción de los días líquidos (1992), el poeta colombiano Carlos Patiño Millán, ha optado por escribir una poesía minimalista, sin grandes sobresaltos, que le susurra al oído del lector.
Es una poesía donde la economía del lenguaje es un instrumento que le sirve para establecer una relación entre poesía y pensamiento, poesía y filosofía, como diría María Zambrano.
En su último libro, titulado El tiempo en que mi madre vivió antes que yo, publicado por El Taller Blanco Ediciones, el poeta colombiano le hace un homenaje póstumo a su madre, en treinta y cuatro páginas.
El título proviene de una frase extraordinaria del intelectual francés, Roland Barthes, donde se plantea que el tiempo de antes es historia, contado poéticamente antes de asistir a la catástrofe del fin del mundo.
Patiño Millán nunca ha creído en esa poesía barroca, sosa y cacofónica que aún se estila en las redes sociales. Como diría Wittgenstein, para él, la poesía es lenguaje, es imagen poética y es reflexión.
Si para T. S. Eliot, abril es el mes “más cruel”, para Patiño Millán, en “enero, el fondo de mi corazón parece el aparato que controla los recuerdos”.
El homenaje a la madre es el poemario más breve de la historia. Es el más bello, y el más corto que se ha hecho en la poesía.
La madre representa el origen, el pasado que configura el futuro, el día antes del fin del mundo.
Sustentada en tres bellas fotografías de la madre en su juventud, el poeta caleño Carlos Patiño Millán avanza en el ícono cultural de la madre, que ha estado presente a lo largo de su poesía.
La madre es una figura bella y amorosa.
En el acápite 8 del capítulo “El fin del mundo”, afirma:
“Ya no hay lágrimas ni deseos de que ella esté viva. Ningún anhelo de regreso a los días en que ella sonreía. Ninguna evocación de sus caminos: estos son los míos”.
Carlos Patiño Millán vive en la actualidad en Cali, a unos cuantos metros del Parque del Perro, escucha rock, ve películas negras, y bebe vinos espirituosos.