Queridos lectores seguimos con un toque navideño hoy en “Recomendados” oficios artesanos que ojalá jamás se pierdan y que como el Vino poseen la capacidad de despertar la memoria y con ella las emociones. “Los Charamicos” que anuncian la Navidad en las calles de Santo Domingo, República Dominicana.
“Charamicos y Vino: la luz que despierta la memoria”
Los charamicos son mucho más que adornos navideños: son pequeñas esculturas de luz nacidas de ramas secas y manos artesanas que, al transformarse en árboles, estrellas, renos o pesebres pintados de blanco, rojo o dorado, encarnan la creatividad y la memoria viva del pueblo dominicano. Cada pieza es un gesto de resistencia festiva, un recordatorio de que lo humilde puede convertirse en símbolo, de que lo cotidiano puede elevarse a celebración. Por eso llenan avenidas enteras con su brillo rústico y su espíritu comunitario, convirtiéndose en un paisaje emocional que anuncia la llegada de la Navidad. En ellos late la identidad, la continuidad cultural y la belleza de lo hecho a mano, en un ritual de presencia, gratitud y creación.
Los charamicos son un destello intacto del país donde hemos vivido hasta 2007, una memoria que no se apaga. Nacidos en los años 70 para engalanar las calles durante las fiestas navideñas, se quedaron grabados en nosotros como un pulso antiguo que sigue latiendo. Cuando uno se marcha, hay detalles que permanecen para siempre porque se incrustan en lo más profundo del ser, como semillas que insisten en florecer. Al leer un artículo reciente sobre los charamicos en prensa dominicana (ListínDiario), se agolparon en nuestras mentes aquellas imágenes vibrantes: figuras hechas de ramas y colores, artilugios llenos de alegría, creados por manos artesanas con un talento innato para la improvisación, capaces de convertir lo simple en celebración. Cerramos los ojos y volvimos a caminar por las calles de Santo Domingo, envuelta en ese tintineo luminoso, esa luz que no se olvida. Y aquí, en Madrid donde residimos actualmente y nos dedicamos al mundo del vino— esa evocación se transforma en un sorbo: un vino alegre, chispeante, festivo, que huele a hierbas frescas, a coco, a cítricos, a fiesta. Un vino que, al deslizarse, armoniza visualmente con el brillo juguetón de esos colores que aún resplandecen en cada charamico, como si Santo Domingo, Rep. Dominicana entera siguiera encendiéndose dentro de nosotros.
Y qué vino sería este? pues nos viene a la mente un Tinto de variedad Listán Negro de Canarias o un blanco Albariño Atlántico o tal vez un tinto de uva Garnacha ?
Un vino que, al beberlo, nos devuelve a Santo Domingo sin dejar Madrid por sus aromas festivos nacidos de las moléculas Ionona o Linalool e incluso β-damascenona
Tinto o Blanco un Vino que nos ilumina “vino charamico” y es que,El vino y los charamicos se asemejan en su capacidad de iluminar lo cotidiano: ambos nacen de manos que transforman lo simple en celebración. Los charamicos convierten ramas secas en destellos de color que encienden las calles, y el vino convierte la uva en un sorbo vivo que despierta aromas, recuerdos y emociones. Los dos brillan: uno con luz visible, el otro con luz interior. Ambos son artesanía, tradición, gesto humano. Ambos acompañan, evocan, regresan.
Y, sobre todo, ambos tienen ese poder misterioso de abrir una puerta a la memoria: basta un color o un aroma para que el pasado vuelva a encenderse dentro de uno.
Nos despidimos como quien apura el último sorbo de un vino luminoso: con gratitud, memoria y un destello que permanece. Sin olvidar esas manos dominicanas humildes que tejen ramas secas para hacerlas luz.
Repetimos... ambos tienen ese poder misterioso de abrir una puerta a la memoria: basta un color o un aroma para que el pasado vuelva a encenderse dentro de uno
Sin duda un símbolo del folclore dominicano y cuya presencia anuncia la llegada de la Navidad. Un oficio artesanal que ojalá jamás se pierda.
Esperando las próximas navidades para volver a disfrutar de su chispeante presencia.
Feliz inicio de Año 2026
Os invitamos a vivir el vino de forma artística y emocional
Cada botella posee su propio genio particular y así lo respetamos porque trabajamos con rigor
Gracias y hasta la próxima.
Hosanna Peña
Dr. Ricardo De Arrúe
El Perfume del Vino
Os recordamos seguir nuestras columnas en este mismo Diario “Las moléculas del Vino” y “Filosofía Práctica del Vino” español e inglés “Recomendados”