El 24 de junio, festividad de San Juan Bautista, tembló Venezuela. Fue un doblete sísmico, un doble terremoto de magnitud 7,2 y 7,5. El primero tuvo lugar a las 18.07, hora local, el segundo, 39 segundos después. Las réplicas, de menor intensidad, hasta ahora unas mil, pueden seguir durante meses, hasta que las fallas que las provocan se reajusten. Los estados más afectados son: Caracas, Miranda, Aragua, Carabobo, Falcón y la Guaira, el más golpeado.
Las imágenes que hemos visto y seguimos viendo son dantescas: 856 edificios derruidos, machacados como si fueran de juguete, enseres, utensilios, unos 5000 cadáveres amontonados y esparcidos, y 17.000 heridos, y miles desposeídos deambulando como zombis. Bajo ellos más destrucción y más muerte y durante unos días los lamentos de los supervivientes.
No había lugares para alojar a los vivos, curar a los heridos o enterrar a los muertos. "En un estacionamiento convertido en depósito a cielo abierto cientos de cuerpos permanecieron durante los primeros días hinchados y en descomposición bajo el sol del Caribe" ( María Martín. La Guaira, 6 de julio. "El País", en Google). Hubo que improvisar un cementerio de emergencia en una ladera a una hora de La Guaira. Allí reposan los cuerpos rescatados de los escombros. Unas piedras blancas, una cruz y un código señalan el lugar donde reposa cada uno. Manos piadosas han colocado algunas flores de plástico.
Cuando llegaron los seísmos los venezolanos estaban de fiesta. Era el día principal de un ciclo festivo muy importante en la tradición cultural y religiosa de Venezuela, que se celebra desde el Siglo XVIII y es muestra de sincretismo religioso y resistencia cultural. Fusiona la tradición católica llegada de España, el bautismo de Cristo en el Jordán por San Juan Bautista, con las ancestrales tradiciones africanas llevadas por los esclavos y celebradas en los días de San Juan, cuando recogida la cosecha los amos les daban unas jornadas de descanso.
Es una fiesta trepidante, de "alegría y resistencia". Desde el día 23 se entremezclan los sonidos incesantes de los tambores con los dances de los fieles vestidos de rojo y blanco y agitando sus pañuelos. A ellos se suma el día 24 el Santo, procesionado por las calles, llevado hasta el mar y los ríos y sumergido en el agua, ese día sagrada, junto con sus devotos, que le piden favores y milagros al grito de "si San Juan lo tiene, San Juan te lo da".
El interés de la fiesta y su importancia es tal que en 2021 la UNESCO la declaró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Este año la Tierra tembló y suspendió el festejo, esperemos que San Juan devuelva pronto la tranquilidad y la alegría al bendito, esforzado y sufrido pueblo venezolano.