Decisión y gestión

Una apuesta por lo que es nuestro: el cereal importa

Silvia Clemente Municio
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España sufre una contradicción que clama al cielo: cultivamos apenas el 50% del cereal que necesitamos y, sin embargo, permitimos que producirlo sea una actividad ruinosa. Esta campaña ha dado la estocada definitiva. El calor asfixiante del pasado mes de mayo abrasó la fase crítica de granación en los cultivos de secano, desplomando la producción entre un 30% y un 50% según la comarca.

Para Castilla y León, el gran granero del país con sus 6 millones de toneladas anuales, este golpe climático es dramático. Los costes de producción —fertilizantes, semillas, mano de obra y gasóleo— se han disparado hasta los 230 y 250 euros por tonelada. Mientras tanto, el mercado paga el grano a apenas 200 euros. Es una sangría insoportable: los agricultores españoles perderán este año 900 millones de euros, de los cuales más de 350 millones se quedan como un agujero negro en nuestra Comunidad. Un agricultor medio en Castilla y León puede estar perdiendo entre 15.000 y 25.000 euros en esta campaña.

¿Y qué se está haciendo desde las instituciones? Tras los últimos cambios en la Junta, la Consejería de Agricultura ha quedado en manos de Vox, bajo la dirección de Joaquín Antonio Pino. Al nuevo consejero hay que recordarle que el futuro del cereal no se garantiza con un programa de legislatura antiguo. Las complejas batallas del campo se ganan negociando con rigor técnico e influencia política en los despachos de Bruselas. Desviar la energía hacia medidas locales debilita nuestra posición; por eso, Castilla y León se encuentra hoy en peores condiciones que antes para exigir las compensaciones y los fondos que nos corresponden. Los discursos de balcón no pagan las facturas de los tractores.

Esta parálisis agrava una desolación insoportable en nuestros pueblos, alimentada por inercias clientelares y un sistema de reparto que expulsa a quienes de verdad quieren trabajar. Nos llenamos la boca hablando del relevo generacional, pero la realidad es sangrante porque las reglas del juego están trucadas. Si queremos un futuro real para el campo, hay que aplicar una cirugía radical a la política autonómica para el campo, la que de verdad se pueda llevar a cabo, sin vender el humo del populismo.

Hay que apoyar a los agricultores de verdad, a los que tienen como actividad principal la agricultura, con medidas de apoyo a las producciones que están teniendo cada vez más impulso en Castilla y León y que generan valor añadido, a las nuevas producciones y a las no tan nuevas fomentando la investigación y el desarrollo de manera real.

Generar una línea de apoyo al relevo generacional con dotación económica de fondos de Castilla y León que suponga la incorporación de jóvenes al medio rural de una manera efectiva, tutelando y acompañando la incorporación al campo. Esto no existe actualmente, simplemente la línea europea es un fraude que no consigue el objetivo de incorporar jóvenes. El 90% de los efectivos del campo tienen más de 58 años, en 10 años no quedarán agricultores si no se hace nada.

Apostar por el sector agroalimentario de manera decidida y respaldar las exportaciones de Castilla y León, estamos muy lejos de las cifras de exportación posibles, Cataluña y Andalucía nos sacan cuatro cuerpos, estando en producción en los mismos niveles que estas dos Comunidades nuestra salida a los mercados exteriores está muy por debajo y todo porque no existe una política real de apoyo a la salida a los mercados exteriores.

Para ganarnos a Europa no hay que buscar el conflicto estéril; hay que liderarla con inteligencia. La solución pasa por aprovechar los millonarios fondos de investigación de la Unión Europea para traer la tecnología puntera que ya aplican potencias agrícolas como Estados Unidos o Ucrania. En esos mercados, el uso intensivo de la agricultura de precisión —mapeo satelital de suelos, drones de control térmico y sensores— ha demostrado que se pueden disparar los rendimientos entre un 10% y un 15% reduciendo el gasto en fertilizantes. Biotecnología y monitorización nos permitirán seleccionar semillas tradicionales más resilientes al estrés térmico y optimizar cada recurso. Esto es lo que Europa financia con entusiasmo.

Este esfuerzo tecnológico debe complementarse protegiendo nuestro mercado frente a acuerdos como MERCOSUR, que amenazan con colar carne y piensos de baja calidad. Exprimamos el mayor éxito de marca de esta Comunidad: “Tierra de Sabor”. Diseñemos una trazabilidad total que certifique nuestro grano local tradicional para fabricar piensos de primera calidad. Uniendo la investigación con el valor de nuestra marca, sacaremos al sector de la agonía. Es la hora del realismo, de la tecnología y de la gestión con valentía. El cereal importa, nuestra gente importa, y defenderlos con ciencia y orgullo es defender la supervivencia de Castilla y León. La soberanía alimentaria pasa por defender nuestras producciones más importantes, generando empleo en el medio rural y garantizando nuestra alimentación, que es algo imprescindible en nuestra vida.