Socialismo y corrupción

Algo está podrido en las cúpulas socialistas de Hispanoamérica y más allá. Muchos de los que en abril visitaron Barcelona en la llamada "Cumbre en Defensa de la Democracia" aparecen (anfitrión incluido) salpicados por actos ilícitos de gran magnitud.

​En nuestra Madre Patria, Ábalos, Koldo y Zapatero emanan fluidos que salpican al presidente del Gobierno español.

En México, la trama narco de Sinaloa compromete gravemente a Morena, el partido oficialista, y parece haber paralizado a la primera mandataria, hasta ahora empecinada más en encubrir que en descubrir la verdad sobre Rocha Moya y nueve dirigentes más del socialismo de ese país. ​En Venezuela, la heredera de Maduro intenta, con poco éxito, mostrarse como la cara amigable de la narcodictadura mientras tiembla al ritmo del affaire Zapatero y Plus Ultra.

Tiene pendiente el caso de las valijas de Barajas y la protección de Pedro Sánchez; tuvo que entregar a Alex Saab y, mientras ruega por su silencio y el del Pollo Carvajal, prepara la traición a Diosdado Cabello.
​Mientras tanto en Cuba, la casa matriz del proyecto parido en el Foro de San Pablo, las horas finales del castrismo están cercanas. Una congresista norteamericana trumpista, María Elvira Salazar, le ha augurado a Raúl Castro, a su hijo y a su nieto un final como el de Maduro o el de Khamenei.