Hincar el diente

Santa Apolonia

Y mientras ardía en la hoguera, gritó a los cuatro vientos… “Invocad mi nombre cuando les duelan los dientes, y yo intercederé ante Dios para aliviar vuestros males”.

Y así es como, un día como hoy, un 9 de febrero del 249, hace 1.775 años para ser exactos,  Apolonia, una mujer virgen y de edad avanzada, murió en la hoguera, defendiendo  ferozmente su Fe en el Cristianismo. 

 

La historia transcurre en Alejandría durante el reinado del Emperador “Filipo el árabe” (aproximadamente 244 – 249 d.C.) fué una época en la que se persiguió salvajemente el cristianismo. Concretamente durante las festividades para conmemorar el milenio de la fundación de Roma, se llevaron a cabo multitud de  atrocidades y torturas contra los cristianos.   

Apolonia era una mujer con una educación exquisita, muy culta, con una gran dote intelectual,  ingente lectora y asidua a la gran biblioteca de Alejandría. Su monumental  facilidad de palabra, la convirtió en una magnífica predicadora de la Fe Cristiana y llegó a formar parte de la Jerarquía Católica.

Fue golpeada con saña por los soldados romanos, torturada arrancándole cada uno de sus dientes y rompiéndole  sus maxilares. Ella se negó a blasfemar contra Jesucristo, y por petición propia, se arrojó ella misma a la hoguera, en sinónimo de rebeldía y Fe en el Cristianismo. Una vez dentro de la hoguera, cuenta la leyenda que exclamó que invocaran su nombre cuando tuvieran alguna dolencia dental.

Como cualquier otro relato, presenta una parte de fantasía para tener entretenido al lector. Es de dudosa credibilidad que Apolonia vomitando sangre a borbotones y con el añadido del ruido estruendoso de la vieja madera y leños ardiendo, pudiera oírse de una manera nítida que la mencionaran para curar sus dolencias, cuando lo único que podía hacer es balbucear de dolor, pero el cuento siempre queda más bonito cuando existe un personaje heróico de su propia vida desdichada.

Cincuenta años más tarde fue canonizada, convirtiéndose en Santa Apolonia, considerada la Patrona de los cirujanos dentistas, y en consecuencia, de los odontólogos. A partir de ese momento, se popularizó que cuando alguien padeciera un dolor de muelas murmurara “Santa Apolonia, Santa Apolonia” y ese dolor se disipaba.

Su iconografía suele ser representada con una mujer, con dientes en una bandeja, unas tenazas, o ambas, y al ser mártir también suele aparecer con la palma del martirio en la mano, que es un atributo que se da en las primeras representaciones de santos y mártires de la Iglesia.

En casi un quindenio dedicándome a esta profesión, cuando algún paciente acude a mi consulta con dolor de muelas, y le ruego encarecidamente que se encomiende a Santa Apolonia, porque ella mediará con Dios y aliviará sus males… me miran “literalmente” como miran las vacas al tren, y la creyente paso a ser yo, que tengo que rezar tres Padres Nuestros y dos Aves María para poder sacar ese cordal sin que me vaya la vida en ello.

Y concluyo este artículo y por ende mi actuación con un versículo de la Epístola de San Pablo a los Hebreos XI:I “Es pues la fe el fundamento ó firme persuasión de las cosas que se esperan, y un convencimiento de las cosas que no se ven”.
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