La convivencia es muy dura, complicada, difícil, casi imposible a veces por más inmenso que sea el amor, del que incluso, se vuelve la asesina.
Una pareja idílica, compenetrada, poseedora de secretos íntimos, de andanzas matutinas y vespertinas, de tesoros ocultos, de amores y festejos extramatrimoniales, de poder y gloria y más y más, ahora, por el sencillo hecho de convivir a tope, se encuentra en peligro afectivo.
No por haber sido descubierta en alguno de sus interminables y supuestamente rentables trapicheos, no por haberse ido de la lengua en chivatazos, no por los celos que su relación estrechísima pudo despertar en sus legítimas parientas.
¡¡¡No y mil veces no!!! es la convivencia intima la que va horadando los cimientos de la relación Abalos&Koldo.
A pesar de compartir calabozo y calabazas de sus antaño amantes compañeros, a pesar de hacer prácticamente “la cucharita” en el camastro carcelario por el ataque del frio que les muerde en el cuerpo y en el alma, a pesar de no tener puerta en el “pipi room” y no poder ausentarse presencialmente ni siquiera en tan especiales momentos, a pesar de pasarse la jornada entera mirándose a los ojos (la alternativa es mirar a la pared, al WC, o a los barrotes), a pesar de todo, el “maridaje” de afectos y confidencias entre ellos se deteriora a marchas forzadas.
Y es que no en vano el olfato, el más poderoso de los sentidos, juega malísimas pasadas.
Resulta invisible, aunque lo domina todo. Puede trasladarnos a lugares ignotos, remontarnos al futuro que imaginamos, o hacernos retroceder y rememorar tiempos pasados, o sumirnos en la desesperación.
De hecho, dicen los expertos que cuando tenemos que elegir nuestra fragancia preferida, siempre nos inclinaremos por aquella que nos recuerde la infancia o la adolescencia, el lugar cerca del mar donde vivimos, o el de los verdes campos donde pasábamos el verano, o el de las montañas por las que paseábamos, y que, al contrario, un olor desagradable nos puede llevar a la desesperación del antes y el después.
¡Así que oh dolor!, la dura realidad de sus olfatos se eleva en su caso como una insalvable muralla de Ávila entre ellos, y ni Santa teresa puede obrar el milagro de la superación de sus insalvables diferencias, las de ¡manda huevos! que diría Trillo ante esta unión forzosa, aunque en el caso de la noble ciudad castellana seria ¡Manda yemas de la santa” …! riquísimas por cierto como deben ser ambos, presuntamente, riquísimos gracias a las obras y demás chistorritas y lechuguitas y soles y moneditas en la huchita,
Ábalos fuma como una chimenea y Koldo aborrece la nube de humo nicotínico de su compi de calabozo y su olor a sala de fiestas trasnochada y sus ronquidos de elefante.
Y dentro de la mala o buena uva, Ábalos quería ver a la Pedroche en el momento de las mismas y Koldo a Chenoa, que finalmente se llevo el gato al agua en audiencia incluida la de ambos, con un 34% de cuota y 4.993.000 de espectadores en su emisión completa.
Así las cosas, el que fuera colaborador intimo del todo poderoso ministro” fumeta”, roncador y maloliente, limpio como un querubín gordo y grandote, ha solicitado que le cambien de celda por favorcito, porque se les agota el amor de tanto usarlo, o de tanto ponerse orejeras, o de ocultar el “no te aguanto” en las ganas impetuosas de mandarse a paseo (cosa imposible de ejecutar en Soto del Real).
En la incógnita de si lo lograran o no este año 26, ambos soportan sus desventuras sin tirar demasiado de la manta, ya que se acerca según los meteorólogos una nueva filomena y sin abrigo poco pueden ofrecer para protegerse del enemigo (que cada quien lo entienda como quiera).
En tanto, el Numero Uno disfruta de sus largas vacaciones en Andorra sin sentir ninguna compasión por esta pareja de desgraciados sufridores.
Y no porque sea un sociópata como aseguran que lo es, sino porque en VERDAD no los conoce de nada (ni a ellos ni a la verdad)