Es realmente patético que un ministro del Gobierno de España diga esas cosas tan sorprendentes y tan tristes refiriéndose al Senado de España. Ha dicho que lo que allí dijeron varios senadores es como si oyera llover. Y también ha dicho que lo que escuchó por un oído le entra y por el otro le sale. Porque no sabe o no desea saber que el Senado de España también representa el Poder Legislativo, y anteayer se ha hablado con mucha claridad; pero al todavía ministro le da exactamente lo mismo lo que allí se diga. Le trae sin cuidado... Es patético que el ministro de trasportes dé tan poca importancia a las cámaras legislativas del Estado Español. Y es realmente lamentable que Óscar Puente crea que está en posesión de la verdad cuando solamente ha dicho, en sus múltiples declaraciones, medias verdades, medias mentiras y mentiras completas. No sabemos calificarlo con precisión. Porque siempre que interviene no dice la verdad sin paliativos.
El todavía ministro Óscar Puente sigue los mandatos de su jefe de filas que ha asegurado siempre que va a terminar esta legislatura, y de momento lo está consiguiendo mediante la cesión de todo lo que piden los separatistas vascos y catalanes. Lo está consiguiendo con embustes y bulos que dejan en el camino el prestigio de un país que ya ha perdido su credibilidad. Los trenes actuales representan el termómetro que calibra la marcha de un país que frena y ralentiza su velocidad de crucero.
El ministro Óscar Puente dice y dice cada día una cosa diferente. Porque seguramente le parece que todo esto y las consecuencias dramáticas que ha tenido todo esto está más que justificado con lo que improvisa cada vez que nos miente. Le pedimos encarecidamente que, de una vez por todas, deje de hablar de este asunto espinoso para todos los afectados a causa del dramático accidente y también para el resto de españoles.
La verdad de las verdades es que Óscar Puente no tiene más remedio que dimitir y dejar que alguien coordine el ministerio con criterio y seriedad. El ministro Puente ya ha perdido los papeles. Pero 46 españoles ya han perdido algo que ya nunca podrán recuperar.