Antes de que llegara Donald Trump a la Casa Blanca, en su segundo período presidencial, el mundo parecía que se movía hacia una política multilateral, donde el hemisferio, hastiado de invasiones y guerras, parecía dirigirse hacia una política democrática e incluyente.
Desde el año de 1945, cuando terminó la Segunda Guerra, los países se unieron alrededor de las Naciones Unidas, que propendía por la independencia y autonomía de los pueblos, y el respeto de su soberanía.
Estados Unidos, justamente, fue uno de los principales países que impulsó la creación de este organismo multilateral, por el bien de la humanidad.
Hoy, a ochenta años de la creación de las Naciones Unidas, los Estados Unidos, a través de su presidente Donald Trump, le da una patada a este organismo internacional, apoyando el genocidio en Gaza, y declarándole la guerra a Irán, junto a su aliado, Benjamín Netanyahu, de Israel.
Lo que en ochenta años se comenzó a construir, Trump y Netanyahu lo destruyeron en dos años.
Desde el invierno de 2025, Donald Trump comenzó a mostrar sus garras, como un gobernante que no cree en el Estado de Derecho, y piensa resolver los conflictos del mundo, a través de amenazas, imposiciones arancelarias, invasiones y guerra.
Las intenciones de anexar Canadá a Estados Unidos, invadir militarmente a Venezuela, sin la previa autorización del Congreso, y amenazar con invadir a Groenlandia, Cuba y México, son pruebas fehacientes de su espíritu dictatorial y expansionista.
La persecución a los inmigrantes en Estados Unidos, y la militarización por parte del ICE, en las principales ciudades, han convertido en un caos el país del norte.
El exterminio del pueblo de Palestina y la guerra contra Irán, son una muestra vergonzosa de la política expansionista que ejercen los Estados Unidos e Israel, en el Medio Oriente.
Frente a esta situación, que pone en riesgo la paz mundial, es necesario que los países del mundo reaccionen de una manera activa.
Estamos enfrentados a una amenaza mundial.
La guerra de Estados Unidos contra Irán lleva unas cinco semanas. El país persa, que se ha preparado desde hace décadas para una posibleguerra, le ha asestado contundentes golpes a Estados Unidos, y han bombardeado las ciudades de Jerusalén y Tel Aviv, invadiendo, por primera vez, el territorio de Israel.
Ante esta situación, es urgente que la guerra pare. Para que esto ocurra, es necesario que el pueblo estadounidense se movilice, como ya lo está haciendo, y se pronuncien el Congreso, y el partido Demócrata, frente a la política belicista de Donald Trump.
España ha sido el país valiente de Europa, que desde el comienzo de esta guerra injusta, alzó la voz de protesta, diciendo: “¡No a la guerra!”.
El mundo debe condenar las tropelías que viene haciendo este leviatán de múltiples cabezas, y gritar, como hoy lo hace España: “¡No a la guerra!”.