Una de las cosas más bonitas de un voluntariado internacional es poder vivir, aunque sea por un tiempo, inmerso en otra cultura.
Así como también regalarse momentos para disfrutar. No todo es trabajo. Es importante conectarse con el lugar al que uno se traslada: con su cultura, su historia, sus colores, sus paisajes y, sobre todo, con las personas que lo habitan.
Y creo que, esté donde esté, uno siempre debe hacerse un espacio para esos momentos de pausa y de disfrute.
Estos días, mientras seguimos trabajando en los proyectos de voluntariado y nos vamos empapando poco a poco de la vida en Honduras, también hemos encontrado tiempo para reunirnos frente a una pantalla y disfrutar de las semifinales de la Copa del Mundo.
ACOES es una fundación que trabaja en Honduras, pero que también tiene sede en España, por lo que la mayoría de los voluntarios internacionales son españoles. Así, junto a mis estudiantes, viví un apasionante España-Francia. Después llegó el turno de mi querida Argentina, que disputó su semifinal frente a Inglaterra.
Y ahora se acerca la gran final, en la que mi país de nacimiento y mi país de adopción se encontrarán frente a frente en una cancha de fútbol.
En estos días he escuchado a los directores técnicos de ambos equipos y quiero destacar algo que quizá pasa desapercibido: la manera en que hablan de sus jugadores, pero también del rival. La admiración mutua, el respeto y el reconocimiento del trabajo del otro. Compañeros de profesión que, por unas horas, se convierten en rivales, sin dejar de valorar lo que cada uno aporta.
No sabemos aún quién levantará la copa del mundo, pero sí que será un partido emocionante, de esos que se disfrutan y se sufren a partes iguales.
Y junto a las voluntarias de la Universidad Alfonso X El Sabio lo veremos aquí, en Honduras, rodeada de más de treinta cooperantes españoles, de los locales hondureños (que alientan casi en partes iguales por ambos equipos) y siendo apenas dos argentinas.
Porque al final, el deporte tiene esa capacidad maravillosa de reunir en un mismo lugar a personas de distintos países, historias y acentos. Durante noventa minutos defendemos colores diferentes, discutimos jugadas y celebramos goles distintos. Pero cuando el partido termina, seguimos compartiendo la misma mesa, los mismos proyectos y la misma ilusión de construir un mundo un poco mejor.
Que nunca olvidemos que lo más valioso no es aquello que nos separa, sino todo lo que somos capaces de compartir.
Y que gane el mejor.