Una voz chirriante, desde unos altavoces mal templados, con fondo de ruidos y de audición dificultosa, clamaba algo parecido a esto: “Se comunica a los señores pasajeros de Cercanías que por obras en las líneas C-3, C-7 y C-8, entre los días 17 y 21 de julio podrán producirse retrasos inesperados”.
Pero no era ese el problema que me acuciaba. En la estación de Pitis, esperando el tren para ir a El Escorial a comer con amiguetes, otra milonga nos asaetaba cada 30 segundos: “Se comunica a los señores viajeros que los trenes con destino Cercedilla y El Escorial, de las líneas C8 y C8a llevan un retraso mínimo de 20 minutos”.
El tren debería haber pasado por Pitis hacia El Escorial a las 12:12 pero la vía por la que debería llegar estaba ocupada por otro tren, este en dirección a Alcalá de Henares, es decir, en sentido contrario. Con las dos vías laterales condenadas por un tren muerto y un mercancías de kilómetro y medio, por la única vía posible se juntaban trenes de todas direcciones, ora hacia Madrid, ora hacia El Escorial.
Se anunciaba uno y llegaba otro. Los vigilantes no sabían, ni contestaban. La mamá con dos niños y las dos amigas latinas miraban desesperadas los paneles. A la media hora llego el suyo (a Villalba) que no el mío, que se hizo de rogar otro buen rato.
La vuelta fue peor. Sonaban los clásicos avisos de “Pi/pi/pi” para arrancar, en El Escorial, pero el tren avanzaba diez centímetros y paraba en seco. “Siempre hay alguien que quiere entrar cuando ya no se puede” - pensaba yo, optimista por naturaleza- Pero en seguida otro “Pi/pi/pi/” y otro frenazo en seco. A la quinta o la sexta, el maquinista nos informa: “Este tren no está para viajar; bájense y vendrá otro a recogerles”.
“¡Fuera de la línea, fuera de la línea amarilla” bramaba una empleada de RENFE cuando los usuarios, ya desembarcados y una hora más tarde, se acercaban al borde del andén. “¿No ven que tienen que bajar los viajeros que vienen?!Fuera de la línea!”. Y llegó otro tren. Si megafonía no dejó de torturarnos: “Se comunica a los señores viajeros que…” No menos de treinta veces entre mañana y tarde.
Hubo un tiempo, el de Ruiz Gallardón en la Comunidad, en que si el tren paraba en Pitis y tu ibas a El Escorial, no tenías que mirar el reloj: eran las 12:12. Y con música clásica en el vagón. Pero eso se acabó. España va a peor y el caos se adueña de todo. Todos los servicios públicos son bazofia, carreteras, trenes, Seguridad Social, Sanidad… hay que echar a este gobierno abyecto y regenerar el país de arriba abajo. Pero de arriba abajo, todo ¿Cómo hemos podido llegar a donde estamos, entre insultos, robos y la desatención más absoluta?