A Volapié

El lenguaje como herramienta de progreso

La prosperidad de un pueblo depende de muchos factores, siendo uno de ellos su universo cultural, lo que significa que la lengua juega un papel fundamental. No todos los idiomas son igual de valiosos económicamente puesto que si manejamos correctamente el inglés, el español, o el chino, progresaremos más que si hablamos el swahili, el corso, el vascuence o el catalán.

Cualitativamente todas son valiosas para la comunidad que las habla y es natural que se estudien y hablen. Sin embargo, si queremos que un pueblo prospere es necesario que hable también un idioma cuantitativamente superior. 

La enorme diferencia cuantitativa entre los que hablan inglés o español y los que por ejemplo hablan catalán es enorme, lo que se traduce en una notable desigualdad en el tamaño del universo cultural de ambos grupos. Es por esto por lo que el rango de oportunidades, económicas y de otro tipo, es mucho menor para el que habla únicamente catalán.

Los pueblos indígenas desplazados en Norteamérica, Hispanoamérica, Australia y Nueva Zelanda que se negaron a aprender inglés o español son culturalmente y económicamente mucho más pobres y atrasados de lo que serían si hablaran ambas lenguas.

Los políticos y los líderes de comunidades numéricamente menores que defienden la exclusión de un idioma principal para centrarse en la promoción exclusiva de una lengua o un dialecto minoritario hacen un flaco favor a aquellos a los que dicen defender.

Ningún idioma, por modesta que sea la comunidad que lo habla, debería perderse, siempre que la gente en libertad quiera seguir usándolo, aunque nunca a costa de excluir un idioma hablado por cientos de millones de personas.

La política lingüística de exclusión del español que se aplica en Cataluña es tremendamente empobrecedora a largo plazo, especialmente para las nuevas generaciones. Es bueno defender tanto la cultura como los idiomas regionales, pero esto no debe hacerse a costa de borrar del mapa un idioma hablado por cientos de millones de personas.

Si yo fuera catalanista, hablaría tanto catalán como español, además de inglés, y desde luego me opondría totalmente a la exclusión del español pues esto es poner las bases de una Cataluña más pobre, tanto culturalmente como económicamente. 

El que ama a Cataluña, o a Córcega, y es inteligente, además del catalán o el corso, habla el español o el francés.

Cuidémonos de los políticos que instrumentalizan a los idiomas para levantar muros, ellos suelen morir ricos y los que les votan generalmente pobres.