Ojo de agua

La invisible maravilla

La edición cibernética de la Revista Ekuóreo es una de las pioneras de la difusión de los cuentos más breves en lengua castellana, en Colombia y el mundo. Es una publicación impulsada por Guillermo Bustamante Zamudio, Harold Kremer, Henry Ficher. Durante décadas estos quijotes han editado antologías del cuento breve con máximo de seis o siete palabras, una sola línea, un párrafo, hasta el prodigio de una sola palabra. No están solos en Iengua castellana en esta pasión de escribir tan breve que el título sea ya el cuento mismo. Mi amigo escritor boricua Luis López Nieves lidera en lengua castellana la más gigantesca arca  de Noé  de los cuentos de todos los tiempos en su virtual Ciudad Seva. Allí aparece ese tesoro del escritor chino del año 368 antes de Cristo: Zhuangzi y su cuento de solo dos líneas “Sueño de la mariposa”:  “Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu”. En la Antología de la Literatura Fantástica de Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo, figura “El gesto de la muerte” de Jean Cocteau: “Un joven jardinero persa dice a su príncipe: -¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahán. El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta: -Esta mañana ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza? -No fue un gesto de amenaza -le responde- sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahán esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahán”.  Ítalo Calvino soñó publicar un libro con más de doscientos cuentos que no pasaran de una sola línea. Ese deseo lo cumplió el japonés Yasunari Kawabata, Premio Nobel de Literatura 1968. Leí su libro excepcional “Historias de la palma de la mano”  que reúne ciento cuarenta y seis cuentos brevísimos, escritos entre 1921 y 1972. Cada historia  “cabe en la palma de una mano”, dice su autor. Fluyen con la magia de la espontaneidad. Algunas “fueron irracionalmente construidas”. En su conjunto, revelan “el espíritu poético de mi juventud”, precisa Kawabata. 

He seguido los pasos del escritor argentino Raúl Brasca, quien ha compilado más de una docena de antologías de microficciones. Recuerdo “Dos veces bueno”, unas de ellas, y la que consagró a los fantasmas, en la que me invitó a participar. En esa antología me impactó el minimalismo de dejar casi la página en blanco, como en el cuento El fantasma de Guillermo Samperio, que no tiene ninguna palabra, porque el fantasma se ocultó  en la página en blanco. Ya en lengua castellana desafiaron El Dinosaurio de Augusto Monterroso, considerado un clásico de los más breves. Pero Samperio batió récords. El  fantasma flotó en la página en blanco y se ocultó en  el título.  

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