Libros visibles

la instrumentalización de un organismo cultural con fines políticos y la influencia de la política en la comercialización de la literatura

Se viven tiempos en los que la política, las ideologías, ejercen una influencia importante en el desarrollo de la vida cultural de España. La confrontación de ideas políticas no se produce en aras del respeto de la producción artística, en el caso que nos ocupa, de la literatura libre, sino que se premia lo coincidente con la corriente dominante y se obstaculiza la difusión de los libros «disidentes», por denominarlos de algún modo. Un claro ejemplo es la controvertida labor de Luis García Montero como director del Instituto Cervantes desde el año 2018. El poeta, crítico literario y ensayista granadino no es discutido por la calidad contrastada en el ejercicio de su trayectoria literaria, a diferencia del modo en el que lleva el mando del prestigioso Instituto Cervantes, creando polémicas continuas por un sesgo ideológico muy marcado que influye en la independencia que la cultura debería mostrar en determinadas instancias.

A tenor de lo expuesto, el proyecto Visibilidad, el gran reto, de Notting Hill Cultural, compuesto por una veintena de escritores de diversos géneros literarios, quiere conocer la opinión de la poeta madrileña, Margarita Campos, que en el año 2025 ha publicado Espejo Canalla, un libro muy cuidado en fondo y forma, que ha impactado en el sector hace pocos meses con una gran acogida de los lectores. Preguntamos a Margarita: ¿Qué influencia tiene la política en el mundo cultural actual?

—Vemos desde hace ya algún tiempo una influencia del poder político sobre la cultura, que de manera menos disimulada influye de forma fehaciente sobre los escritores y la difusión de las obras. Si el artista es de «la cuerda», en este caso el autor de una obra escrita, quizá tenga éxito y la difusión de los libros sea todo lo amplia que las necesidades comerciales de las editoriales requieran; pero pobre del escritor de pensamiento diferente. Si es disidente, si no «salta con la cuerda de la tendencia política imperante», será castigado con el ostracismo más absoluto y tendrá que estar justificándose por siempre jamás. 

Es igual si lo que se escribe es novela, poesía o ensayo. El autor no solo tiene que conseguir un gran texto, una buena editorial que le respete, que apoye la libertad de las ideas expuestas. La obra tiene que llegar al lector, eso por supuesto, pero además tiene que caer bien a la vertiente política de turno. Si no, no tendrá capacidad mediática, recibirá el bloqueo de la indiferencia, será ninguneado el trabajo abocado al ostracismo. Dura vida la del escritor que quiere llegar al gran público si no es aceptado por las grandes cadenas ni por las corrientes de opinión. Eso hace que buenas obras se pierdan en el silencio, solo el esfuerzo individual e independiente en ferias y sectores donde se ofrecen directamente al lector, cara a cara, hablando, convenciendo, llamando la atención de los transeúntes libro en mano, es el método de hacer conocido un buen texto y que el «boca a boca» lo haga triunfar. Los escritores independientes se han convertido, no solo en autores si no, en grandes expertos en marketing, publicidad y redes sociales.

Ojalá esta situación cambie, y la literatura tenga valor solo por lo que aporta, no por caer bien a una corriente política determinada…  y eso llegue a poder ser visto.