Abrir la mente y el corazón

Hogar de niños huérfanos: Don de María

Cuando los días empiezan muy temprano, parecen más largos. Quizá sea por la intensidad con la que se viven. En nuestro caso, también por ese torbellino de emociones que nos acompaña a cada paso: momentos de alegría, de reflexión, y, a veces, de profunda tristeza.

Sigue siendo lunes cuando nos dirigimos a un hogar de niños huérfanos gestionado por hermanas de la congregación de la Madre Teresa de Calcuta, en la colonia Monterrey de Tegucigalpa. Las monjas nos reciben con la calidez y la sencillez que las caracteriza y nos invitan a pasar.

En esta residencia viven una docena de niños de entre un mes y ocho años de edad. El más pequeño apenas acaba de llegar al mundo, y el que le sigue en edad tiene tan solo dos meses de vida.

Además, en el hogar viven niños, con diferentes grados de discapacidad: trastornos del espectro autista o dificultades motoras. Realidades complejas que requieren atención constante, paciencia infinita y mucho amor cada día. Las hermanas nos relatan algunas de las historias de vida de los niños. Al escucharlas nuestras mentes se llenan de preguntas: ¿Cuánto sufrimiento hay detrás de cada historia?

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Sin embargo, lo que transmiten estos niños no es sufrimiento, sino cariño. Nos reciben con abrazos, sonrisas y unas ganas inmensas de jugar. Pasamos varias horas compartiendo con ellos y dejándonos contagiar por su energía. Cuando llega el momento de despedirnos, les prometemos que volveremos a visitarlos.

Y las promesas, especialmente las que se hacen a los niños, hay que cumplirlas.

Dos días después regresamos. Esta vez, además de compartir tiempo con ellos, desarrollamos una actividad de sensibilización en salud, concretamente en salud bucodental. Llevamos cepillos de dientes, material educativo y los instrumentos necesarios para realizar una valoración básica del estado de salud oral de los niños.

A través del juego, los dibujos y distintas dinámicas, intentamos despertar su curiosidad por la higiene oral reforzando hábitos saludables. Porque de eso trata también este viaje: de hacer voluntariado, pero dentro del marco de un proyecto que permita a estas cinco estudiantes de Odontología de la Universidad Alfonso X el Sabio poner en práctica los conocimientos adquiridos durante años de formación académica.

Realizamos las revisiones, y detectamos varios casos que requieren atención odontológica especializada, por lo que procedemos a derivarlos para su tratamiento.

Al finalizar la jornada, nos despedimos dejando una nueva promesa: regresar antes de volver a España. Sabemos que la cumpliremos. Pero también somos conscientes de que llegará un momento en que este viaje terminará y ya no podremos volver a verlos. Pensar en ello nos entristece enormemente.

Por ahora preferimos quedarnos con el presente. Con cada abrazo recibido. Con cada sonrisa compartida, acompañando y escuchando.

Y para quienes tenemos fé, también con una oración rezar, para que cada uno de estos pequeños encuentre pronto un hogar definitivo, una familia que les brinde amor.

Les dejo una imagen de estas generosas y solidarias estudiantes, que este verano decidieron dejar de lado sus vacaciones para dedicarse a ayudar. Una imagen que permite asomarse, a una pequeña muestra del trabajo que estamos realizando.

Seguimos.