Tiempo de pensar

Groenlandia: por qué vuelve a estar en el centro del debate internacional

Cuando Donald Trump declaró recientemente su deseo de que Estados Unidos comprara Groenlandia, muchas personas lo interpretaron como una provocación o una excentricidad más. Sin embargo, el interés por la isla no es nuevo ni responde a un impulso personal: forma parte de una lógica geopolítica que se remonta a la Segunda Guerra Mundial.

En 1940, la ocupación alemana de Dinamarca dejó a Groenlandia aislada. Para evitar que el territorio fuera utilizado por la Alemania nazi, Estados Unidos asumió su defensa y estableció bases militares. Desde entonces, la isla se convirtió en un punto clave para el control del Atlántico Norte y, más tarde, del Ártico.

Finalizada la guerra, esa importancia no desapareció. En 1946, el presidente Harry Truman ofreció comprar Groenlandia a Dinamarca. La propuesta fue rechazada, pero dio lugar a una estrecha cooperación militar. Durante la Guerra Fría, la base aérea de Thule se integró en el sistema de alerta temprana frente a la Unión Soviética, consolidando el valor estratégico de la isla. En los mapas, Groenlandia seguía siendo danesa; en términos de seguridad, era esencial para Estados Unidos.

Paralelamente, Dinamarca impulsó profundas transformaciones sociales en Groenlandia con el objetivo de integrar y modernizar el territorio. Muchas de estas políticas fueron vividas por la población inuit como decisiones tomadas sin suficiente consideración por su lengua, su cultura y sus prioridades. Este proceso alimentó un sentimiento persistente de discriminación que aún hoy forma parte del debate social en la isla.

Uno de los episodios más sensibles ocurrió entre las décadas de 1960 y 1970, cuando se implantaron dispositivos intrauterinos (DIU) a numerosas mujeres inuit, muchas de ellas adolescentes. El objetivo de estas medidas era reducir la tasa de natalidad como parte de programas de planificación social. El problema central fue la falta de consentimiento plenamente informado: las explicaciones médicas se realizaban en danés, una lengua que muchas mujeres no comprendían, por lo que no siempre sabían que se trataba de un método anticonceptivo ni cuáles serían sus efectos.

Hoy, Groenlandia vuelve a atraer la atención internacional. El deshielo del Ártico abre nuevas rutas marítimas y facilita el acceso a recursos estratégicos. China ha mostrado interés en la región dentro de su llamada Nueva Ruta de la Seda, lo que genera preocupación en Washington y entre sus aliados. En este contexto, Mark Rutte, secretario general de la OTAN, ha respaldado públicamente la preocupación estratégica de Estados Unidos por Groenlandia y el Ártico, subrayando que no se trata de un deseo caprichoso ni estrafalario, sino de una cuestión de seguridad compartida. Así, más allá de la polémica, Groenlandia muestra cómo ciertas preocupaciones reaparecen con el tiempo, adaptándose a nuevos escenarios, pero manteniendo una misma lógica de fondo.