Intentando esbozar una definición, se me ocurre, que la sombra es el reflejo del cuerpo opaco que se antepone a la luz, y proyecta oscuridad.
Se ha entendido siempre la sombra como ese lugar oscuro que no permite el paso de la iluminación, ahora bien, para que se proyecte sombra es imprescindible que exista luz sobre el objeto material.
No es la sombra mayor que la luz, sino que intenta ocultarla.
Nuestra vida es un camino que se conduce entre luces y sombras, entonces no será tanto ver cómo es el oscuro reflejo, sino la luz bajo la cual estamos observando la realidad.
En palabras del Psicólogo y Psiquiatra Suizo Carl Jung, la sombra es el conjunto de rasgos, impulsos, emociones y actitudes que el Yo consciente no reconoce como propios.
Resulta indispensable para el autoconocimiento iluminar esos rasgos que siempre pensamos que son negativos (es cierto muchas veces lo son), pero también, y esto es muy importante, ocultan talentos, emociones, sensibilidades, y fortalezas que por no encajar en las miradas de los demás quedaron relegados, y sin embargo, son, tal vez el motor que podemos necesitar para seguir adelante.
Hoy se habla mucho de la mente plena, del autoconocimiento, del comprender lo que nos rodea para entender lo que somos.
La lucha actual está por el dominio del Ego, que se ha multiplicado tras la aparición de las redes, esos quince minutos de fama que requiere nuestro Yo para ser aceptado, por quiénes, no por los demás sino por nuestro propio yo.
Salir de ese maremágnum de imágenes propias es cada vez más difícil, nos llenamos de horas de entretenimiento, de ausencia de silencio. La ansiedad es hoy la pandemia más extendida y menos resuelta de la humanidad, que ha perdido el horizonte en pos de mirar demasiado las sombras y las luces de los demás.
Decía el Papa Francisco: “No dejes que te roben la esperanza y la alegría, que te narcoticen para utilizarte como esclavo de sus intereses. Atrévete a ser más, porque tu ser importa más que cualquier cosa. No te sirve tener o aparecer. Puedes llegar a ser lo que Dios, tu Creador, sabe que eres, si reconoces que estás llamado a mucho. Invoca al Espíritu Santo y camina con confianza hacia la gran meta: la santidad. Así no serás una fotocopia. Serás plenamente tú mismo”.-
Y para ello es indispensable conocer las propias sombras, iluminar allí donde no nos reconocemos, salir un poco de la luz artificial que hemos creado, para ser iluminados por una luz más grande y verdadera para que nuestra sombra se convierta en el lugar de refugio de nuestro propio ser y el de los demás.