Los colores del prisma

Encuentro Petro - Trump: diplomacia en llamas

Este martes 3 de febrero, la Casa Blanca vuelve a ser escenario donde la política se mueve entre la solemnidad y la frivolidad. Gustavo Petro y Donald Trump se encontrarán cara a cara: tigres a ratos, gaticos otras veces, cada uno jugando con sus tiempos y sus gestos. Trump, puntual, traje impecable y libreto claro para su audiencia. Petro, con la palabra como lanza y la sorpresa como método, convencido de que incluso la demora o la frase incómoda son tácticas convenientes.

Pero esta vez el telón del teatro político trae un elemento extra de dramatismo: Petro y su ministro Armando Benedetti, están incluidos en la lista de sancionados de la OFAC, y ambos llegan a Estados Unidos con un permiso especial otorgado por la administración Trump. No es un detalle menor. En diplomacia, los símbolos pesan tanto como los documentos, y una excepción dice tanto de quien la concede como de quien la recibe.

Colombia y Estados Unidos han tenido una larga relación de socios frecuentes. Del Plan Colombia a la cooperación en seguridad, del comercio a la lucha antidrogas y el vínculo ha sobrevivido a gobiernos de todos los colores, incluso tras la pérdida de Panamá por un fajo de dólares en 1903. Sin embargo, pocas veces la relación había estado cargada de narrativa personal y tensiones políticas internas.

Trump no llega al encuentro en calma doméstica. En su país hay vario incendios que él mismo ayudó a prender. Operativos migratorios federales en Minneapolis y otras ciudades, derivaron en muertes de civiles estadounidenses a manos de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), desatando protestas masivas, huelgas generales y demandas contra las políticas migratorias.

Minnesota se convirtió en símbolo de una crisis social más amplia: muertes de ciudadanos, marchas multitudinarias, negocios cerrados en solidaridad y una presión que no distingue ideologías. Las críticas no provienen solo de la calle y los sindicatos. Expresidentes como Barack Obama y Bill Clinton han salido a defender valores democráticos y a cuestionar los hechos violentos del ICE, calificándolos como tragedias que exigen responsabilidad institucional.

En Colombia, Petro tampoco navega en aguas tranquilas. Enfrenta desgaste político, cuestionamientos por su estilo de gobierno y decisiones controvertidas. La Corte Constitucional frenó decretos expedidos en emergencia económica, recordándole que el presidencialismo también tiene límites. En paralelo, el discurso sobre una eventual constituyente enciende a sus seguidores y alarma a sus contradictores en época electoral, y se suman declaraciones fuera de tono que desviaron el debate público.

Los temas formales en la cita Petro-Trump están en la agenda de asuntos urgentes: narcotráfico, seguridad, comercio, migración, energía, grupos armados y la delicada relación con Venezuela. Pero el subtexto es otro. Aquí también se habla de imagen, fuerza y narrativa, de cómo se construye poder y legitimidad desde extremos opuestos que, paradójicamente, terminan tocándose en locuacidad y megalomanía.

Trump domina el arte de decir hoy una cosa y mañana otra, presentando ambas como verdades estratégicas. Petro, a su manera, también navega entre giros discursivos y apuestas arriesgadas. Ambos entienden que, en política, la coherencia a veces compite con la eficacia narrativa. Por eso el encuentro tiene algo de duelo y algo de danza: rugidos para la tribuna, ronroneos para la diplomacia; tigres frente a las cámaras, gaticos en el salón privado.

La incógnita sigue abierta: Justo un mes después de la invasión de Estados Unidos a Venezuela para sacar del poder a Nicolás Maduro y su esposa, esta reunión adquiere una dimensión especial. ¿será este encuentro un pulso de egos o el reflejo de dos líderes que necesitan legitimación en tiempos inciertos? ¿O representará un paso real en el envío de mensajes hacia la región? Porque en política, como en la selva, el rugido a veces es advertencia… y otras, solo eco. Opiniones al correo jorsanvar@yahoo.com