Lo de Cataluña, desde hace siglos, es como la película El golpe de Robert Redford y Paul Newman, una gran cortina de humo con un único fin: sacarle los cuartos a un incauto, es decir, a España. Sin pretender analizar las causas y la solución del “conflicto catalán”, su sinopsis sería ésta: hace muchos siglos, unos pobladores venidos de más allá de los Pirineos cuando Carlomagno dominaba en Europa y los musulmanes estaban en plena expansión por Europa, se instalaron en el noreste de la histórica Hispania, y siendo nuevos ocupantes de una tierra para ellos “extranjera” denominada Marca Hispánica, fueron imponiendo sus exclusivos intereses económicos y de poder, primero solo en el territorio ocupado y posteriormente incluso en toda la península, y trataron de sacar (y han sacado) provecho de esa situación y de sus vecinos “extranjeros” con los que sienten que solo les unen lazos de interés comercial... Y así seguimos varios siglos después. Así, lo de Cataluña es un “conflicto” cuyo origen, iniciativa y sostenimiento en el tiempo es algo puramente catalán, ya que jamás, los que han mandado allí han querido mezclarse con el resto de pueblos peninsulares: siempre se han visto (y nos han visto) como extraños. Siendo que el territorio que históricamente conforma Cataluña está integrado e incluido geográficamente en lo que siempre ha sido Hispania, y que con el otro vecino del norte existían malas comunicaciones, hostilidad y, de hecho, se quería romper con su dependencia política de lo franco, no les quedaba otra opción a esos nuevos pobladores peninsulares que la de convivir y comerciar con sus vecinos hispanos: viajando, residiendo e invirtiendo en Hispania como hispanos pero sin formar parte de ella, y aquí es cuando es bueno comentar que los portugueses fueron más honestos siendo parte del Reino de León. Siendo asqueroso el proceder de los líderes catalanes respecto a su relación con España y los españoles desde el siglo XIII, ¿cómo hemos actuado el resto de habitantes de la península, que consideramos ese territorio parte de España, con respecto a ellos, conociendo su modo de proceder hacia nosotros? Pues mal: con la concesión, sin pedir nada a cambio, de privilegios y competencias. ¿Y qué resultado hemos obtenido? Ninguno. Todo ha sido un fracaso...
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