Lo que hoy se presenta como miedo a los inmigrantes es solo una expresión de una condición humana más profunda. Cuando la inseguridad, la incertidumbre y la división interna no se resuelven, buscan un objeto o un acontecimiento sobre el cual proyectarse.
A lo largo de la historia, y especialmente durante períodos de dificultades económicas, agitación social y polarización política, los inmigrantes han sido a menudo el centro de estas proyecciones. Sin embargo, este patrón va mucho más allá de la inmigración. Distintas sociedades han dirigido los mismos temores hacia minorías religiosas, grupos étnicos, opositores políticos o cualquier población percibida como diferente.
El «otro» como pantalla de la ansiedad colectiva
El inmigrante, el extranjero, el extraño, el «otro» se convierte en una pantalla conveniente sobre la cual se proyectan las ansiedades colectivas. Las narrativas políticas pueden explotar esta tendencia, pero no la crean; simplemente dan forma y lenguaje a un miedo que ya existe en el corazón humano. Por lo tanto, lo que llamamos xenofobia no es un mero problema de fronteras o demografía, sino el síntoma de un distanciamiento más profundo de la humanidad consigo misma.
Es por esto que cada época parece descubrir un nuevo grupo al que temer o culpar. El objetivo puede cambiar, pero el mecanismo subyacente sigue siendo el mismo. Mientras las personas sigan desconectadas de su propia naturaleza profunda, continuarán percibiendo amenazas en aquellos que parecen diferentes. La búsqueda de un enemigo externo suele funcionar como una forma de evadir un conflicto interno que no ha sido comprendido ni resuelto.
Cuando el miedo se apodera de la multitud, los inmigrantes pueden ser retratados como un peligro para el empleo, la seguridad, la cultura o la identidad nacional. Históricamente, se han dirigido narrativas similares hacia muchos otros grupos. En cada caso, problemas sociales y económicos complejos se simplifican y se proyectan sobre un blanco visible, convirtiendo a los seres humanos en símbolos de ansiedades colectivas más amplias.
El encuentro
Pregunta: Desde su punto de vista, ¿cómo se puede eliminar el racismo de la faz de la Tierra?
Respuesta: Ni la política, ni la economía, ni las leyes o enmiendas, ni ninguna organización pacifista o movimiento filantrópico, ni revolución alguna, aunque no sea violenta, podrán jamás eliminar el racismo del corazón de la humanidad.
El racismo, al igual que la guerra, es la manifestación externa de una división interna. El racismo es miedo. El miedo es la causa misma de lo que llamamos racismo. Solo cuando el miedo deje de gobernar tu ser interior, el racismo y todas las formas de xenofobia desaparecerán de la faz de la tierra.
Un día, libre de cualquier forma de hipnotismo, superstición, dependencia o identificación, te darás cuenta de que en el mundo exterior no existe el racismo en absoluto, sino solo la representación cinematográfica de tu ser interno fragmentado.
El hombre, al no conocerse a sí mismo y olvidar su verdadera naturaleza, sigue siendo un extraño para sí mismo, y el mundo y la humanidad entera se le presentan como un teatro de horrores, crueldad y guerras. La separación de los demás, de cualquier otra persona, no es más que la imagen reflejada de una grieta interior. La curación nunca puede venir de fuera, sino solo a través del retorno a una integridad perdida. El racismo es un estado del ser, al igual que lo son la paz, la guerra, el amor y la muerte.