Recientes noticias vinculan a periodistas de un reconocido canal de la televisión colombiana, con el acoso a colegas vinculadas al medio informativo, y permitió evidenciar algo que se habla en voz baja desde hace mucho tiempo.
La notoriedad del hecho me llevo al texto “Perspectivas del acoso sexual en el ámbito laboral” de la jurista Marisol Niño Vargas, quien en juicioso examen plantea una visión psicológica, el enfoque sociocultural y relevante del acoso sexual en diferentes legislaciones, la perspectiva constitucional, legal, y pronunciamientos jurisprudenciales.
La dinámica del acosador a la víctima surge de comportamientos abusivos, expresiones inapropiadas de contenido lascivo y humillante en el contexto laboral, que vulneran los principios de libertad y dignidad que gozan de protección constitucional.
Socioculturalmente, el tema refleja una realidad que se convierte muchas veces en drama psicológico los comportamientos sistemáticos, negativos, abusivos, perturbadores, ya verbales o físicos, destinados a intimidar, humillar, hostigar, degradar, unos hechos que se presentan en el trabajo y llegan a crear un ambiente hostil en quien lo afronta.
El acoso sexual presenta diferentes facetas, ya en forma directa, escalonada o concomitante frente a distintas expresiones que persiguen el mismo propósito. Lleva implícito un componente de búsqueda y la obtención de un fin que disfraza la atracción de un cortejo, con las uñas astutas que rasgan la dignidad de la víctima.
Anteriormente, los incidentes de acoso sexual en el ambiente laboral se minimizaban y justificaban por el rol masculino, el planteamiento de una conducta patológica, o como un reflejo de inmadurez. Desde esa perspectiva el sufrimiento silencioso de las víctimas, generalmente mujeres, obedecía a la falta de apoyo ante la queja, inexistencia o insuficiencia de protocolos, inacción de jefes y autoridades, actitud de compañeros que se mantenían a la evasiva o cavilando razones de justificación del mismo hecho, por lo tanto la víctima quedaba desprotegida del acto abusivo.
De acuerdo a la Organización Internacional del Trabajo (OIT) el acoso sicológico representa la cifra alarmante del 7% en el ámbito laboral en el mundo, y son muchas las mujeres que se enfrentan a tales comportamientos a través de llamadas, notas, manifestaciones lujuriosas, presión directa para mantener contacto sexual o para obtener citas fuera del trabajo, tocamientos y comentarios sexuales que perjudican el entorno emocional, eventualmente la salud mental, hasta afectar incluso la estabilidad laboral de la afectada.
Generalmente las estadísticas del acoso sexual no obedecen a la realidad de los hechos. Las cifras ocultas sumadas a las aparentes, dimensionan las estadísticas reales del acoso. Los casos denunciados o materia de quejas son cifras aparentes, porque oficialmente se reportan pocas situaciones de acoso sexual laboral, unas veces por desinformación de la normatividad por parte de la víctima, por miedo a no ser aceptada su versión, pero especialmente ante las posibles represalias. Otras veces, por la incertidumbre ante la falta de confidencialidad, o que no prospere la queja o denuncia.
No se puede permitir y menos tolerar ese hecho: el único responsable del acoso es quien lo realiza…