La Comunidad de Madrid ha puesto en marcha su operativo anual para controlar la población de la oruga procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) en una superficie de 65.000 hectáreas. El Cuerpo de Agentes Forestales ha intensificado la vigilancia en febrero y marzo, meses críticos en los que las larvas abandonan sus bolsones en las ramas para enterrarse, formando las características "procesiones" que suponen un riesgo para la salud de personas y animales.
Para este despliegue, los expertos en biodiversidad han analizado 568 rodales de pinos y mantienen un seguimiento en 14 puntos estratégicos que permiten predecir el momento exacto de la eclosión de los huevos. Según los mapas de afectación de 2026, las áreas con mayor presencia son la Sierra de Guadarrama, con especial incidencia en masas de pino resinero, y el este y sureste regional, con una afectación centrada en los ejemplares de pino carrasco.
El aumento de la población de este insecto en los últimos años se atribuye directamente a los otoños cálidos y secos, que favorecen la supervivencia de las larvas. Además del riesgo sanitario, la plaga debilita el arbolado, facilitando la aparición de otras enfermedades y aumentando la vulnerabilidad de los bosques ante los incendios.
Métodos de control biológico y natural
La Comunidad de Madrid aplica medidas respetuosas con el entorno para mantener niveles poblacionales ambientalmente equilibrados, como el fomento de la fauna útil mediante la instalación de cajas nido para aves insectívoras que actúan en otoño y refugios para murciélagos que consumen las polillas en verano y trampas de feromonas, mediante la captura de machos adultos para interrumpir el ciclo de fecundación. También, mediante un control químico mediante insecticidas y la publicación de las "curvas de vuelo" en la web institucional para planificar los trabajos.